“No sabemos si tienen ébola ¿Por qué no nos vacunan?”: taxistas del Congo

MBANDAKA, República Democrática del Congo (AP) – Recargado contra su moto taxi afuera del hospital en la ciudad afectada por el más reciente brote de ébolaJean Cedric hizo un gesto con su mano, demostrando el temor por los riesgos de su trabajo.

“Recogemos a todos los que están enfermos y no tenemos idea si tienen ébola o no. ¿Por qué no nos vacunan?”, pregunto.

El mes pasado, dijo, transportó a un médico que atendió a alguien que murió de ébola.

Cedric se quedó preocupado de haber contraído el virus, que se propaga a través de fluidos corporales y pueden pasar hasta tres semanas antes de mostrar síntomas.

A pesar de su preocupación, el conductor de taxi en la ciudad de Mbandaka nunca fue con los trabajadores médicos, quienes vacunan a todos los que entran en contacto directo con una persona enferma y con gente que tuvo contacto con personas enfermas.

Tampoco fue localizado cuando empleados de salud se dieron a la tarea de rastrear a cientos de personas que pudieron haber estado en ese doble “círculo” de exposición.

Es particularmente preocupante en Mbandaka, una ciudad con más de un millón de habitantes.

Aunque sólo se han confirmado cuatro casos de ébola ahí, contener el virus ha sido más difícil en la ciudad que en las remotas áreas rurales en el noroeste en donde el brote fue declarado en mayo.

Las autoridades congoleñas confirmaron 38 casos de ébola, incluyendo 14 muertes, en el noveno brote de la fiebre hemorrágica en el país desde que se identificó el virus hace más de cuatro décadas.

Este brote es el principal ensayo para una vacuna contra el ébola que se usa por primera vez al inicio de una epidemia. Al final de la anterior crisis, que dejó miles de muertos hace unos años en África Occidental, ofreció indicios esperanzadores.

Los trabajadores médicos están entre los primeros en ser vacunados ya que trabajan en el frente y tienen mayor riesgo. Pero algunos taxistas en Mbandaka argumentan que también están al frente de la epidemia, incluso si sus probabilidades de infectarse parecen reducirse.

“Cuando la gente se enferma llaman a estos conductores para llevarlos al hospital, lo que aumenta el riesgo de transmisión del virus”, dijo a The Associated Press, Jessica Ilunga, vocera del Ministerio de Salud.

Durante una visita a Mbandaka, AP asistió a un taller dirigido por el gobierno y la Organización Mundial de la Salud para 300 de los 4.000 posibles conductores de la ciudad.

“¿Qué es el ébola?”, preguntó a los asistentes Marie-Claire Therese Fwelo de la OMS.

“Una enfermedad mala que puede matar a la gente”, respondieron.

Fwelo le dijo al grupo que vio a demasiados taxistas “morir de fiebre” durante el brote de África occidental de hace cuatro años que mató a más de 11.000 personas en Guinea, Liberia y Sierra Leona.

Los motivó a desinfectar sus motocicletas, utilizar botas en lugar de sandalias y trasladar a menos pacientes para evitar el contacto corporal.

Pero los conductores dijeron que llevar a menos personas implica ganar menos dinero y no pueden darse el lujo de perder clientes.

En lugar de reducir su clientela, Laie Ekakya, quien suele subir entre dos y cuatro personas en la parte trasera de su taxi, quiere que el gobierno les ofrezca más protección, incluido ser vacunados.

En total, más de 2.000 personas han sido vacunadas contra el ébola desde que comenzó la campaña hace dos semanas, según el Ministerio de Salud. Aunque el gobierno dice que ha trabajado para que la vacuna esté disponible para los conductores de taxi, no es parte de un plan de respuesta inmediato.

“Hay riesgos y luego hay riesgos”, dijo Jonathan Shadid, especialista en comunicación de la agencia infantil de la ONU en Congo y parte del equipo de respuesta al brote.

Dijo que su equipo enfatiza que los conductores deben hacerse responsables y acudir al hospital si consideran que han estado expuestos.

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