“No dejaré Guatemala pese a amenaza de muerte”

Thelma Aldana (Gualán, 1955) asegura que al abandonar el cargo de fiscal general de Guatemala, el pasado 16 de mayo, ha ganado tranquilidad, pero cuesta creerlo. Sigue amenazada de muerte y un día después de dejar la función vio cómo se abría una causa para tratar de impedir su salida del país. “Creo que no se han dado cuenta de que no soy miedosa”, afirma esta magistrada que ha hecho de la lucha contra la corrupción —avalada por el procesamiento de dos expresidentes— una cruzada alimentada por la voluntad de mantener a toda costa su independencia: “Hay que alejar la política de la justicia. Eso es sano para una democracia”, dice en Madrid, donde este martes impartió una conferencia invitada por la Asociación de Mujeres de Guatemala (AMG).

Cuatro años al frente del Ministerio Público le han servido a Aldana para ser escogida por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo en 2017, entre otros méritos; sin embargo, este tiempo no ha sido suficiente para poner fin a la impunidad y para atajar la infiltración de estructuras criminales en la administración: “En Guatemala, la corrupción está en todos los niveles, en todos los estratos”. La exfiscal, que dice haber cumplido su objetivo de dejar la Fiscalía mejor de como se la encontró, admite asimismo la posibilidad de que se frenen los avances cosechados: “Se han dado pasos pequeños, sólidos, pero siempre hay riesgo de regresión”. Según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional (TI) publicado el año pasado, el país sigue estancado en las últimas posiciones entre las naciones de Centroamérica y Latinoamérica, solo por delante de Venezuela y Nicaragua.

“Lo he visto en muchos países. El poder judicial termina siendo la Cenicienta del Estado. Debería ser lo contrario, debería ser un poder fuerte”. En su batalla por fortalecer la fiscalía, Aldana denuncia que no ha contado con la colaboración del Gobierno liderado por Jimmy Morales: “El actual presidente de la República no ha sido un aliado de la lucha contra la corrupción”. La abogada sustenta su acusación en el intento de Morales de expulsar a Iván Velázquez, el magistrado colombiano que preside desde 2014 la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), un organismo con el apoyo de Naciones Unidas que ha sido clave para llevar ante los tribunales a políticos, empresarios o militares. “En la medida en que la política partidista nombre jueces va a haber venganza de los políticos con los jueces que procesen a funcionarios del Gobierno”.

La exfiscal, que pidió el procesamiento del hijo y el hermano del presidente de la nación el año pasado por un delito de fraude, avisa a su sucesora en el cargo, María Consuelo Porras, que la batalla contra los excesos del poder político cada vez será más dura: “Antes no estaban preparados para enfrentarse a nuestro trabajo. La diferencia ahora es que ya saben como se pueden proteger desde el sistema político. En el Congreso hay un antejuicio contra el presidente y está en standby. No lo rechazan, pero tampoco le dan trámite”.

A la espera de un cambio político
Tras haberse superado el ecuador del mandato de Morales, Aldana ve con esperanza las elecciones de 2019, que pondrán a prueba la capacidad de Guatemala de asentar una democracia sólida. “No veo otro camino para el cambio que erradicar la corrupción”, comenta la magistrada que señala a las élites del país como el enemigo a derrotar: “La vieja política debe desaparecer porque es la responsable del diseño del Estado corrupto”.

Aunque afirma que el diseño del propio sistema “pone obstáculos a la población civil”, Aldana cree que es vital que los guatemaltecos que ya entendieron que “los partidos funcionan como organizaciones criminales” adopten una actitud activa. “La sociedad debe exigir rendición de cuentas, transparencia y acceso a la información (…) La corrupción les afecta directamente. El desvío de recursos en servicios básicos como salud y educación se va a para la fortuna de personas individuales”, añade.

Mientras llega ese momento de ruptura, la exfiscal aún sigue buscando una forma de seguir siendo útil en su tierra: “Estoy segura de que no voy a ser una simple espectadora. Tengo que buscar un espacio que me permita seguir contribuyendo a la transformación del país. No voy a dejar Guatemala pese a que estoy amenazada de muerte”.

El País

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