Nicolás Copérnico visionario del espacio

“Detuvo el Sol y movió la Tierra”. Estas palabras inmortalizan en una estatua, en Varsovia, Polonia, al hombre que cambió la forma de ver el mundo: Nicolás Copérnico, quien hace poco más de cuatro siglos y medio publicó uno de los descubrimientos más importantes del mundo: la teoría heliocéntrica.

En su libro Sobre el movimiento de los cuerpos celestes dio un revés a la doctrina aristotélica que se enseñaba en el siglo XVI la cual indicaba que la Tierra era el centro del Universo y todo giraba a su alrededor.

Copérnico explicó que el Universo se componía de ocho esferas (o planetas) con el Sol quieto en el centro. Su distribución era: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Éstas dan vueltas infinitas alrededor del Sol y, además, rotan sobre su propio eje (dando como resultado el día y noche).

Además, habló de la existencia de una última esfera, la más lejana y grande, que estaba fija en el espacio y se componía de estrellas fijas y sin movimiento”.

Estos descubrimientos dieron paso a la Revolución científica y es el conocimiento que ahora adquirimos desde que estamos en la escuela.

Copérnico empezó a esbozar su teoría desde 1504, cuando estaba estudiando en Italia derecho canónico y varias ciencias del Renacimiento como filosofía, economía y astronomía.

Su pasión de observar las estrellas y hacerse preguntas de su comportamiento, la adquirió cuando fue aprendiz del científico Domenico Maria Novara de Ferrara, uno de los más notables astrónomos de principios del siglo XVI.

Su posición como canónigo de la Iglesia católica lo puso en una posición de ventaja cuando repartió su hipótesis (desde 1514) entre sus amigos, pues consideraban su descubrimiento de interés y no una herejía.

Aunque la aportación de Copérnico fue terminada años antes, no fue publicada sino hasta el 21 de mayo de 1523. Tres días después, el científico murió de un accidente cerebrovascular.

Excélsior

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