Naia, el esqueleto más antiguo que el calcinado en el Museo de Brasil

El mundo aún llora el incendio que arrasó el Museo Nacional de Brasil, pero América tiene un respiro: los restos óseos más antiguos de la presencia del hombre en el continente siguen intactos y están en México. Se trata de Naia, la osamenta de una joven que fue localizada en 2007 en el fondo de una cueva sumergida de Quintana Roo y cuya antigüedad ha sido fechada entre 12 mil 700 y 12 mil 900 años.

Aun cuando Brasil insistió en que Luzia, el esqueleto encontrado en 1974 en Minas Gerais y que “con seguridad” acabó calcinado el 2 de septiembre pasado, era el vestigio óseo más añejo de América, con una antigüedad de 12 mil años, la pequeña Naia resiste. “Hasta hoy, Naia es el esqueleto más antiguo hallado en América y el más completo”, afirma la arqueóloga submarina Pilar Luna, integrante del Consejo Consultivo del Patrimonio Cultural Subacuático de la UNESCO.

Cuando las llamas arrasaron el patrimonio cultural mundial que se conservaba en Río de Janeiro uno de los vestigios por el que más se lloró fue por el de Luzia, al que se catalogó como el más antiguo. La especialista del INAH no pone a competir un hallazgo y otro, pero dimensiona las comparaciones entre Luzia y Naia, y afirma que el fechamiento de los restos mexicanos se ha comprobado no sólo con el polémico carbono 14, sino con otros análisis como el de ADN mitocondrial o la datación uranio-torio.

“Según entiendo, de Luzia no estaba ni todo el esqueleto ni estaba articulado; en el caso de Naia tenemos muchísimos huesos que conforman 90% del esqueleto; es una diferencia importante. Otra es que los análisis que se hacían por esas épocas han cambiado. Hoy se tiene información muy valiosa de análisis mitocondrial que en el caso de Luzia no se pudo hacer y otros tipos de análisis que, en el caso de Naia, nos permiten saber cómo vivía, qué comía”, dice Luna.

Tanto Naia como Luzia fueron halladas en cuevas, lo cual no sorprende a los especialistas: ambas pertenecían a grupos que aún eran nómadas y cazadores recolectores que encontraban en las cuevas un refugio. La diferencia es que la mexicana fue hallada en una cueva sumergida por el agua y, para rescatarla, un grupo de buzos debió sumergirse por un túnel de mil 200 metros —a una profundidad de entre 100 y 120 metros— hasta llegar a una oquedad de 72 metros de diámetro y 55 de profundidad.

Desde aquel momento en el que Naia debió acudir por agua a esa oquedad, el nivel del mar en el territorio mexicano, dice Luna, ha subido por lo menos 100 metros; así, la península de Yucatán quedó convertida en un inmenso laberinto de cuevas y cenotes subterráneos. “Naia murió al ir a buscar agua, por el tema de la falta de agua que había en la península; entró por uno de estos túneles cuando estaba seco, quizá con alguna antorcha, puede ser que se le haya apagado o simplemente se tropezó al final del túnel y cayó en la oquedad”.

Como Luzia, Naia medía alrededor de 1.5 metros, pero la mexicana era más joven: Luzia tenía unos 20 años, la edad de Naia ha sido calculada entre los 15 y los 17. El avance en los análisis permite conocer ahora más detalles: por ejemplo, Naia tenía caries provocada por su alimentación rica en frutas, raíces y algo de carne, lo que propició la presencia de “cálculos dentales” o sarro. Naia debió ser madre por lo menos una vez en su corta vida y pesaba alrededor de 48 kilogramos.

El desarrollo de sus huesos de las piernas hace suponer a los científicos que caminaba mucho, pero la esbeltez de los brazos indica que no estaba sometida a cargar cosas pesadas. “A Naia se le puso ese nombre en honor de las náyades de la mitología griega que eran las deidades de las aguas dulces y que cuando estas se secaban ellas morían; Naia nos recuerda agua dulce cuidada por las naias”, dice Luna.

A Luzia, en cambio, el nombre se lo puso su padre adoptivo, el arqueólogo brasileño Walter Neves. Inicialmente al esqueleto se le conocía como Lapa Vermelha IV. Neves fue quien teorizó la antigüedad de Luzia: en 1998 estudió la osamenta y descubrió que sus características morfológicas eran muy diferentes a las de los indios brasileños actuales y más parecidas a los rasgos de los de pueblos africanos de hoy.

De ahí surgió su modelo alternativo del poblamiento de América que sostiene que una primera corriente migratoria, con rasgos similares a los de Luzia, habría cruzado de Asia hacia América, vía el estrecho de Bering, hace unos 14 mil años; mientras que una segunda, con rasgos más asiáticos, como los de Naia, lo hizo hace 12 mil años.

Neves declaró al periódico brasileño O Globo que está devastado tras la noticia del incendio en Río de Janeiro. Aun cuando, según la misma fuente, un bombero dijo a la prensa que entre las cenizas se encontró un cráneo humano, el científico brasileño dice que es “muy remota la posibilidad” de que se trate de Luzia.

Con Naia, por el contrario, las investigaciones continúan. Tras la rigurosa recuperación del ambiente acuático, los restos se estabilizaron y se monitorearon durante cuatro años. Ahora, dice Luna, Naia se encuentra en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.

Excélsior

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