Los nuevos ‘refusenik’ de Israel dicen adiós a las armas

Inbar Shaked Vardi tiene 17 años y cursa 12º grado, el último de enseñanza secundaria en Jerusalén. A comienzos de 2019 será llamada a filas. Junto a otros 62 jóvenes de todo el país en vísperas de ser reclutados ha enviado una carta al primer ministro, Benjamín Netanyahu, en la que anuncia su rechazo a cumplir el servicio militar obligatorio a causa de la ocupación de Palestina. En el Estado hebreo, donde el Ejército es la institución más valorada y el expediente militar influye en cualquier currículo, la decisión de estos chicos y chicas resulta comprometedora. “No me dan miedo las consecuencias que esto pueda tener para mi vida”, asegura Inbar, estudiante en un colegio mixto árabe y judío. “Lo que de verdad me ha costado ha sido dar el paso de hacer público mi nombre como objetora de conciencia en Israel”.

Son apenas un 1% de los 7.000 jóvenes que cada año se incorporan a las Fuerzas Armadas —ellos, 36 meses; ellas, durante 24— que mantienen la ocupación sobre territorios palestinos desde hace 50 años, que en 2006 se enfrentaron a Hezbolá en el sur de Líbano, y que en la última década han librado tres guerras con Hamás en la Franja de Gaza. En 2004, solo había cinco objetores de conciencia en Israel, y todos se encontraban en los calabozos militares.

“Aquí la objeción de conciencia es diferente. Yo soy pacifista y, si viviera en otro país con servicio militar obligatorio, tal vez objetaría por el simple rechazo a la existencia de cualquier Ejército, pero en Israel mi decisión tiene un motivo claro: la ocupación”, explica Inbar, que hace tres años fue recibida por Barack Obama en la Casa Blanca junto a un grupo de estudiantes israelíes y palestinos.

Les denominan refusenik (los que se niegan), pero también les tachan de traidores o desertores. “Sahar, mi hermana mayor, ya firmó una carta similar en 2008, fue ella la que me informó de esta iniciativa”, reconoce la objetora adolescente de Jerusalén. “En Israel somos muy pocos los que nos atrevemos a decir no a las armas”. Ahora se enfrenta a semanas o meses de calabozo militar, hasta que los jueces castrenses, que no reconocen el derecho a la objeción de conciencia de raíz política, decidan sobre su futuro.

Entre quienes han secundado la carta dirigida a Netanyahu figura Matam Helman, de 20 años, encarcelado en un penal militar por boicotear su incorporación a filas. En Israel cobró notoriedad el caso del objetor Natan Blanc, que fue finalmente declarado exento del servicio militar en 2013 después de 10 detenciones y tras seis meses de permanencia entre rejas.

Ese no es el único precio que puede tener que pagar por su rechazo al uniforme. Algunos de los conocidos y vecinos de Inbar le han retirado ya la palabra después de que el jueves se conociese su inclusión en el manifiesto de los 63 adolescentes llamados a convertirse en conscriptos.

No todos los jóvenes de cada cohorte generacional tienen que incorporarse forzosamente al Ejército. Israel admite como causas para la exención del servicio militar la incapacidad física o mental y la objeción religiosa. La población árabe con nacionalidad israelí (un 20% del censo) no está obligada a prestarlo.

El general en la reserva y actual diputado centrista Elazar Stern considera que quienes invocan el derecho a la objeción de conciencia representan “un número minúsculo y marginal, comparado con el de los jóvenes que se alistan, y que no ha crecido en los últimos años”, según sus declaraciones al portal informativo Times of Israel. El 72% de los muchachos mayores de 18 años entran en filas, mientras un 15% alegan que son estudiantes en una yeshiva (escuela rabínica) para librarse de la mili, un 7% son excluidos por causas médicas, un 3% no cumplen los requisitos “por otras razones”, y el restante 3% residen en el exterior del país. Para las chicas en edad militar, el porcentaje de cumplimiento efectivo baja al 58%, ya que un 35% de las alistadas reciben una dispensa religiosa.

El País

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