Los Chapulines, comida ancestral

Los chapulines, son unos pequeños insectos que podemos encontrar en los campos de la zona centro y sureste de México, su nombre proviene del Náhuatl y significa “insecto que brinca como pelota de hule”. Su consumo es una tradición prehispánica que aún se conserva en los estados de Oaxaca y Morelos principalmente.Los podemos encontrar en Oaxaca, Estado de México, Guerrero, Michoacán, Morelos y Puebla.

El consumo de insectos en nuestra sociedad data desde la época prehispánica.

Uno de estos manjares son los chapulines, y aunque a muchas personas les causen repulsión, lo cierto es que estos animalitos son muy nutritivos, pues contienen altos niveles de proteínas, son ricos en calcio, aminoácidos y presentan una valiosa fuente de vitaminas del complejo B.

Pero esto no lo es todo, te sorprenderán estas 6 curiosidades sobre comer chapulines:

1. Para los habitantes de las ciudades comerlos es igual a un platillo de lujo, que se encuentra solo en restaurantes especializados.

2. Aquel que desee deleitarse con un kilo de chapulines, debe estar dispuesto a pagar más de 200 pesos. Sin embargo, en los mercados de casi todo el país, aún podemos encontrar a precios muy accesibles, que varían entre 20 y 50 pesos.

3. Alumnos del IPN crearon una botana con harina de estos insectos, de la cual 100 gramos eran suficientes para reemplazar la misma cantidad de proteínas de un bistec.

4. De acuerdo con estudios realizados por la UNAM, en México se pueden producir hasta 350 mil toneladas al año de chapulines, lo cual podría alimentar a 9 millones de personas en situación vulnerable.

5. Con solo 80 gramos de chapulines se obtienen 40 gramos de proteína, las cuales también se pueden obtener de 250 gramos de res, por lo que aportan entre 50 y 80% más de estos nutrientes que la carne de res, pollo o cerdo.

6. Los chapulines producen mayor cantidad de energía que el trigo, e incluso, se digieren con facilidad pues del 62.93% de proteína que contienen, el 89.63% es digestible.

Los que se venden en Oaxaca, por ejemplo, son criados de forma especial en terrenos de alfalfa, y es bien sabido tanto por vendedores como por consumidores que los más pequeños son los de sabor más delicado, mientras que los más grandes suelen ser más baratos e ideales para servirlos en tacos o prepararlos en guisados.

Tradionalmente se hierven en agua con sal para cocinarlos. Ya cocidos se tuestan o fríen y se les añade sal y limón, aunque pueden encontrarse también al mojo de ajo, al ajillo, acompañados con guacamole o con una salsa de chile pasilla.

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