Líderes europeos acuerdan decepcionante reforma del euro

El francés Emmanuel Macron es el gran perdedor de la cumbre europea. Alemania e Italia salvan la cara con un acuerdo migratorio de mínimos, pero Macron vuelve hacia París con los bolsillos prácticamente vacíos en la agenda que supuestamente más le interesaba antes de acceder al Elíseo: la reforma del euro. Los Veintiocho acordaron ayer una espléndida patada hacia adelante, el tradicional vuelva usted mañana con el que la canciller alemana Angela Merkel obsequia a los socios de la moneda única desde hace un lustro. Macron ha intentado vender que el rey no está desnudo, pero no sonaba precisamente ilusionado: “Sabemos solucionar problemas cuando estamos al borde del precipicio, en medio del drama, pero cuesta más cuando no hay problemas en el horizonte”, ha dicho ante la prensa. El presidente español, Pedro Sánchez, ha ido más al grano: “La reforma es insuficiente”.

El euro está incompleto. Necesita imperiosamente una unión bancaria digna de ese nombre, un presupuesto anticrisis federal y un activo libre de riesgo, los denominados eurobonos, para que la próxima crisis no vuelva a amenazar con llevárselo por delante. Pero nadie es capaz de ponerle el cascabel al gato: hace un lustro que Alemania viene exigiendo ajustes y reducción de riesgos —palos— con la promesa de futuras zanahorias; con alguna forma de compartir riesgos.

Berlín y los sospechosos habituales (un grupo de países acreedores incluso más duros que Alemania, capitaneados por Holanda) han conseguido aguar incluso las propuestas del eje francoalemán. Lo único que de veras sale adelante en la cumbre es el respaldo fiscal del fondo de resolución de bancos, para evitar que haya una sacudida financiera cuando las autoridades bancarias deciden cerrar una entidad. Es más que probable que ese fondo no se utilice jamás de los jamases: antes de usar ese dinero hay que aplicar un corte de pelo del 8% a los activos del banco en cuestión, algo muy difícil de sacar adelante políticamente.

En todo lo demás, Europa sigue especializándose en la patada hacia adelante. En las conclusiones de la cumbre figura un plan para reforzar el mecanismo de rescate (Mede). Aparece también un plan para un plan que permita poner en marcha el fondo de garantía de depósitos común. Y un plan para un plan para un plan relacionado con el presupuesto anticrisis de la eurozona, que ni siquiera aparece explícitamente mencionado pese a que era una de las medidas estrellas de Macron y a pesar de que había un plan muy detallado en la propuesta francoalemana aprobada hace tres semanas.

La cumbre se queda incluso por debajo de las últimas —y tímidas— propuestas españolas, del anterior Gobeirno, que proponían un calendario claro para el fondo de garantía de depósitos. Y, por supuesto, muy por debajo de la propuesta francoalemana y de las ideas que ha lanzado la Comisión Europea. Los líderes simplemente acuerdan “trabajar en una hoja de ruta para empezar las negociaciones políticas del fondo de garantía de depósitos”, según el trabalenguas en el que se han convertido las conclusiones de la eurocumbre.

Como en el asunto migratorio, Italia ha amagado este viernes con vetar las citadas conclusiones, pero no ha conseguido con eso más que mejoras muy, muy limitadas en el enjuague lingüistico utilizado para intentar vestir el pacto. Los líderes dejan muy abierta la transformación del mecanismo de rescate (Mede) en un Fondo Monetario Europeo, y ni siquiera mencionan el presupuesto anticrisis más que de forma indirecta, con una referencia a la carta que envió hace unos días el presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, al presidente Donald Tusk. Holanda capitanea un grupo de 12 países que se opone fieramente a cualquier opción de presupuesto anticrisis, pese a que Berlín y París lanzaron hace unos días la idea de un seguro de desempleo europeo. “La eurocumbre volverá a estos asuntos en diciembre de 2018”.

Los británicos llaman a esa estrategia del avestruz kick de can down the road; literalmente, dejar el problema para más adelante. Un vuelva usted mañana en toda regla. La traducción francesa no está clara, pero Macron ya empieza a saber cómo se las gastan Merkel y los suyos.

El País

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