La oficina de AMLO se vuelve un foco de esperanza, y un destino para peregrinos desesperados

Enfermos, desempleados, deudores, ancianos e indígenas buscan la solución a sus problemas en la oficina del Presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, constituida los últimos meses en destino de peregrinación y foco de esperanza.

Situada en una casona de la colonia Roma, barrio fundado a principios del siglo XX, la oficina de este carismático líder izquierdista ha rebasado ya como garante del derecho constitucional de audiencia de los mexicanos a Los Pinos, la residencia oficial del Presidente en funciones.

Desde su triunfo electoral del 1 de julio, las personas llegan por oleadas ante las puertas metálicas de la casa de transición de López Obrador, que destaca por los característicos blanco y guinda del logotipo de su Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Las rejas, a través de las cuales pueden ver a López Obrador, son abiertas varias veces por día para recibir peticiones de quienes llegan a la casa cual fieles que piden favores a la Virgen de Guadalupe, curiosamente conocida la “morenita del Tepeyac” o “Virgen Morena”.

Día a día, decenas, a veces cientos, de personas hacen largas filas con solicitudes de trabajo o ayudas, esperanzadas de que el próximo Presidente resuelva sus peticiones incluso antes de que arranque su gobierno el 1 de diciembre.

Al principio, en la cresta del triunfo, el propio López Obrador les recibía sus cartas; hoy, un equipo de colaboradores firma acuses de recibo a los peticionarios.

Entre estos figuraron estos días los indígenas de Atenco, en el Estado de México, que hace más de una década impidieron la construcción de un aeropuerto en sus tierras y que ahora se manifestaron ante la residencia contra la nueva terminal aérea en desarrollo.

El equipo del mandatario electo los atendió, recibió y escuchó peticiones, entre ellas la de ser recibidos con la misma atención que el Presidente electo tuvo para encontrarse con el multimillonario mexicano Carlos Slim.

“Vengo con el licenciado porque quiero pedir justicia para mi hijo, que está detenido desde hace siete años por un delito que no cometió y fue torturado. La tortura no me la están haciendo válida”, dijo a Efe Luz Preciado Moreno, de 58 años.

“Mi hijo fue hijo de la nación desde los 19 años, fue guardia presidencial y era policía federal; era sargento segundo de la Policía Federal”, añadió.

Refirió que cuando su hijo fue detenido “lo torturaron tan feo que lo mandaron al hospital”.

“Hasta la fecha ha perdido todo: amparos y lo de la tortura. Hay pruebas de que violan sus derechos desde la detención hasta el día de hoy, acusado de delito exprés y soborno”, agregó.

María Guadalupe Vázquez Rosas, de 60 años, dijo ser vendedora en un tianguis (mercado ambulante) en los límites del distrito Gustavo A. Madero de Ciudad de México. “Soy comerciante informal y el líder del tianguis los días jueves me ha hostigado durante 20 años y me quita espacio. De seis metros que tenía ahora tengo dos. Soy una persona adulta que vive sola”, expuso a Efe.

“Vivo de ese espacio y ahora me amenaza de quitármelo si no acepto sus cuestiones irregulares que exige. No tengo otro recurso más que este (para vivir)”, abundó.

A su vez, Gilberto Vallejo, de 60 años, dijo que vino “a ver qué posibilidades hay de que a mis hijos les den un puesto, ya que hemos ayudado a la campaña promoviendo el voto, y qué bueno que ya ganamos: yo estoy también en eso y pues seguir luchando y haciendo historia”.

Acompañado por 20 personas y trasladado en camilla llegó Roberto González en busca de justicia luego de que en enero de 2017 quedó paralítico en una agresión a golpes que sigue sin ser solucionado por las autoridades del suroriental estado de Quintana Roo.

“Sería un honor que salga Obrador” y “Un niño espera justicia para su padre”, señalaban las pancartas de su familia, que se fue con la promesa de ayuda jurídica una vez que los funcionarios de López Obrador tomen su cargo en diciembre.

La conversión de esta residencia en centro de peregrinación comenzó al amanecer del 2 de julio, una vez reconocida por todos su victoria en las urnas, que celebró por todo lo alto.

Al principio fueron altares, veladoras y cirios encendidos, y al paso de los días comenzaron a llegar las personas para pedir cosas comunes como atención médica y apoyos para el campo, o extravagantes como fondos para hacer realidad proyectos científicos.

Ante el aluvión de solicitudes, el equipo de López Obrador estableció un horario de atención para los ciudadanos que se acercan a hacer sus planteamientos, que van desde pedir empleo hasta ponerse a las órdenes del Presidente electo.

Las personas que piden empleo y respaldo para gestiones y trámites son las que disponen del horario más corto, en tanto que las horas se extienden si se trata de enviarle a López Obrador cartas o invitaciones.

Los vecinos de la casona de la Roma han comenzado a habituarse a la presencia de cientos de personas que , aunque no por ello se muestran exigentes para reclamar limpieza, mediante mensajes impresos en sus entradas y los arbustos cercanos.

SINEMBARGO

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