La migración llena la obra de Héctor Zamora

De manera implícita, Héctor Zamora (Ciudad de México, 1974) puso el dedo en la llaga sobre la crisis migratoria en Europa. En la semana que Italia y Malta cerraron sus fronteras para negarse a recibir el barco Aquarius con 629 migrantes, el artista mexicano inauguró la exposición Orden y progreso en el Museo Viborg Kunsthal en la ciudad de Viborg, Dinamarca, en la que hace un comentario puntual sobre los inmigrantes al destruir barcos de pesca a golpe de machete y hacha con ayuda de trabajadores
ilegales.

La instalación Orden y progreso tiene origen en el año 2012 en Perú, y si bien su propuesta inicial es una crítica a las leyes de pesca que afecta la producción local, el barco se ha convertido en un símbolo universal para referir a problemas paralelos como la migración. Así ocurrió cuando se presentó el performance en el Palais de Tokyo en París en 2016 y el año pasado en el Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología en Lisboa, donde la obra remite a los refugiados que llegan en embarcaciones huyendo de la guerra y el hambre de sus países.

En Dinamarca, donde Zamora presenta su primera exposición individual en esta ciudad, la pieza hizo eco en los cientos de personas originarias, sobre todo, de África que buscan asilo en los países que, paradójicamente, fueron sus colonizadores. Y en este caso, resuena más la crisis migratoria porque el gobierno de Dinamarca fue de los primeros en reforzar sus fronteras en respuesta al racismo de la extrema derecha que dirige el gobierno.

En los países nórdicos hay una crisis fuerte de la escalada de la extrema derecha en el gobierno y cada vez más fuerte el racismo y una posición de inconformidad hacia el migrante, en ese sentido la pesca tal vez no les haga tanto sentido en la pieza, pero algo que para ellos fue muy fuerte y directo fue la cuestión sobre la migración, un tema que se debate constantemente”, puntualiza en entrevista.

La obra, en su versión original, consiste en una serie de barcos de gran tamaño que un grupo de hombres destruyen a puros golpes. Por espacio y presupuesto, en Viborg se presenta el video de la acción que ocurrió en Lisboa en 2017 donde 30 trabajadores africanos destruyeron siete barcos de gran tamaño. Se acompaña de una pieza sonora que resultó de la acción en vivo y se exhibe la embarcación Sra do Cabo, recogido del puerto Sesimbra, Portugal, como un esqueleto que yace en la planta baja del museo.

Alrededor de estas obras centrales se despliegan videos de cinco performances más que hacen una lectura retrospectiva del trabajo de quien participó en la Bienal de Mercosur en Porto Alegre, en abril pasado. Se proyecta Enjambres de dirigibles, que presentó en 2009 en la Bienal de Venecia; El abuso de la historia, de Brasil en 2014, que consistió en arrojar de los balcones del exHospital Matarazzo 300 plantas que luego se dejaron crecer; también Ruptura, de 2016, en la que 150 páginas de libros negros sólo con la palabra ruptura fueron lazados por el mismo número de personas desde el Centro Cultural del Banco de Brasil.

Le sigue Inconsistencia material, una coreografía de albañiles que se lanzan ladrillos como en las construcciones urbanas, y la obra más nueva, Capa canal,que presentó en la última edición de la Bienal Mercosur donde un grupo de jóvenes fabricaron 700 tejas de barro hechas sobre sus piernas.

Estas piezas que se juntan en video dan un panorama de mi práctica y cómo reacciono y qué herramientas utilizo en mi trabajo en formas muy simples, no utilizo grandes barroquismos, sino pocos elementos, siempre con una cuestión humana fuerte, el cuerpo mismo como productor y se ve cómo esas piezas evolucionan de la acción performática para de pronto tener una cuestión más pragmática en una escultura y una pieza que consigue llevar la energía del performance al objeto”, detalla quien prepara su participación en la Bienal de Shangái.

DE LA ACCIÓN AL OBJETO

La transición del performance al arte objeto es más notoria en Orden y progreso, precisamente por ser una acción que requiere de mucha logística para producirse; entonces Zamora optó por presentar elementos de la narrativa que evoquen la misma reflexión en el espectador. Así el video se convierte en su principal herramienta como un testimonio, y recurre a piezas que son parte del proceso creativo, como un barco.

Es interesante cómo la pieza va tomando otras connotaciones que tienen resonancia en países donde he presentado la obra, y de ahí se abren otras posibles lecturas. Siempre es difícil repetir la pieza porque se piensa si realmente el trabajo va a tener una nueva vida y una especie de crecimiento o evolución, y en estos dos casos donde Orden y progreso, que se presentó en Paris y Lisboa, funcionó muy bien. Esta pieza ya no es un performance, se vuelve más una escultura y lleva una serie de cargas adicionales en cuanto a ser un producto de arte”.

Consciente de sus proyectos no tendrán siempre el formato performance, ha echado mano de sus propias maquetas para referir a acciones que ocurren una sola vez. Lo hizo, por ejemplo, en la retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey el año pasado, donde reconstruyó a escala su propios bocetos. Así quien ha expuesto en  el Museo Guggenheim de Nueva York, el Museo de Arte Moderno de París y el Museo Zeppelin de Alemania apuesta por la permanencia de sus acciones en vivo.

Desde 2012 he estado realizando una nueva investigación a partir de la creación de obras que incluyen una acción, gente que participa y al final estas personas se vuelven una parte fundamental de la obra. Cada vez estamos más alejados de la realidad con lo que sucede en el mundo, cada vez es más abstracto lo que sucede, se aleja más de la realidad y este tipo de acciones para mí han sido una manera de reincorporar mi trabajo dentro de un espacio que no quede tan abstracto, sino se vuelva más concreto para el público”.

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