La masacre de 72 migrantes en San Fernando, impune ocho años después

Tamaulipas.- Con una misa recordaron ocho años de la matanza de 72 migrantes centroamericanos en una bodega del rancho “El Huizache”, donde tanto familiares como personal de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y sacerdotes exigieron justicia, además de explicar que no hay perdón para la gente que cometido tal atrocidad.

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El memorial se desarrolló en el rancho ubicado a 20 kilómetros del libramiento, donde sacerdotes y familiares de los occisos acudieron a colocar una cruz.

RECUENTO DEL HECHO

Son las siete de la mañana del 24 de agosto de 2010 y después de recorrer 22 kilómetros, un ecuatoriano sangrando y mal herido llega hasta un retén del ejército en la carretera 101 de Tamaulipas, en la frontera entre México y Estados Unidos. Se arrastra hasta el primer soldado que encuentra y dice: “Soy Luis Freddy Lala Pomavilla, de 18 años, inmigrante ecuatoriano rumbo a los Estados Unidos. Hombres armados nos secuestraron. Los mataron a todos”.

Sin embargo, ocho años después, no hay ni un sólo condenado.

La bestialidad de la matanza y la tranquilidad con la que se ejecutó dejó estupefacta la región y una expresión corrió de boca en boca y de albergue en albergue entre los migrantes de toda la región: “México está cabrón”.

Los veteranos de la ruta, desde sacerdotes a organizaciones no gubernamentales lo habían advertido hace tiempo: México es una gigantesca fosa común para los migrantes centroamericanos que atraviesan el país en dirección a Estados Unidos.

 

Entrada a San Fernando, en el Estado de Tamaulipas, donde el Ejército encontró el martes los cadáveres.
Entrada a San Fernando, en el Estado de Tamaulipas, donde el Ejército encontró aquel martes los cadáveres. EFE

El drama para toda la familia y 70 migrantes más había comenzado tres días antes, a sólo unos kilómetros de la ansiada frontera con EEUU. Todos ellos viajaban hacinados en dos camiones que fueron secuestrados por ocho tipos en el municipio de San Fernando, Tamaulipas, y conducidos hasta un alejado rancho con una nave. Les obligaron a bajar, les ataron las manos y al día siguiente, les dieron dos opciones: trabajar para Los Zetas o la muerte. Según el informe judicial, sólo uno aceptó el empleo.

Al resto le vendaron los ojos y los fueron ejecutando, uno a uno, con disparos en la espalda y la cabeza después de multitud de golpes. Los cadáveres pasaron 24 horas a la intemperie bajo el sol de agosto de Tamaulipas hasta que uno de los dos supervivientes gracias a que simuló su muerte, dio el aviso.

Las investigaciones atribuyen a Los Zetas la masacre. Por aquel entonces el joven cartel, separado del Cartel del Golfo, controlaba desde Tamaulipas a Guatemala y su presentación en sociedad era sembrar el terror a base de matanzas. Con el paso de los meses se supo que la de San Fernando no fue una masacre aislada, sino el episodio más conocido de una larga lista de desapariciones que hoy continúan. En los ocho meses posteriores se descubrieron 196 cadáveres más enterrados en 47 fosas clandestinas solo en ese municipio de Tamaulipas.

“Lo peor de todo es que no hemos aprendido nada y ocho años después, la zona de San Fernando, es un territorio de terror. Los migrantes que llegan hasta aquí se regresan ante lo que ven y lo que viven: unos son secuestrados, otros escaparon…”. La corrupción y la impunidad en la policía se mantiene exactamente igual mientras que el crimen organizado opera como una empresa criminal perfecta.

 

 

 

Con información de EL PAÍS Y EL SOL DE MÉXICO.

NLX

 

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