La leyenda de Huascarán y Huandoy | La Opinión de Poza Rica

La leyenda de Huascarán y Huandoy

Versión uno: 

En el reino de la sierra de los Andes, en el valle del Callejón de Huaylas, vivían los dioses. El dios supremo, Inti, el sol, tenía una hija llamada Huandoy. Huandoy era tan bella como una tierna y fresca orquídea. Su padre pensaba casarla para toda la eternidad con un dios de similar belleza y virtudes. Pero en el corazón del valle, en el poblado de los Yungas, vivía un gentil y valiente príncipe mortal, llamado Huascarán, que se enamoró profundamente de la hermosa Huandoy. Ella correspondía al amor del príncipe y se encontraban a escondidas. Huascarán y Huandoy eran felices y sentían una gran pasión y ternura el uno por el otro.

Cuando el dios padre se enteró de los amores entre su hija y Huascarán, le suplicó a esta que le dejase, ya que vivir con un príncipe mortal no era conveniente para una diosa. Pero la pasión de los jóvenes era superior a las súplicas del padre, a sus consejos y sermones. Tan grande fue la rabia que sintió el dios supremo, Inti, ante la fuerza del amor de su hija con un mortal, que maldijo esta relación y les condenó hasta la eternidad a vivir separados. Les convirtió en dos grandes montañas de granito y las cubrió de nieve perpetua para calmar su ardiente pasión. En medio de las dos montañas situó un valle estrecho y profundo para que estuviesen totalmente aislados. En su furia, el dios padre Inti elevó las montañas a una altura majestuosa, con el fin de que los príncipes se pudiesen ver pero nunca más se llegasen a tocar. Los enamorados lloran su dolor, funden gota a gota la nieve que les cubre y sus lloros de amor se unen en un lago de color azul turquesa para toda la eternidad.

Versión dos:

En un tiempo antiguo, se cuenta que una poderosa tribu se asentaba en las faldas de la cordillera en la sierra peruana, esta era gobernada por un cacique benévolo. Este cacique deseaba que su hermosa hija Huandi se casara con un monarca del reino vecino, pensando en el futuro de su pueblo pero la princesa ya mantenía amores secretos con Huáscar, uno de los más apuestos soldados de la guardia. Una noche de tantas otras, la princesa como siempre fue a encontrarse con su amado, pero fue descubierta por uno de los servidores del jefe, que dio parte de este. Furioso  el monarca, ordenó que fuera llevada ante él

– Te prohíbo que ames a este hombre. Nunca más volverás a verlo

– le dijo.

Sin embargo los dos jóvenes decidieron salvar su amor y se fugaron. Pero esto no duro mucho ya que pocos días después fueron aprehendidos y llevados ante la presencia del cacique, quien lleno de ira dicto el castigo.

– ¡Átenlos a la cumbre más alta!

– Exclamó

– No merecen mi perdón.

La princesa y su amado fueron atados frente a frente, en unas rocas que se encontraban en las cumbres más altas. Donde solo se encontraba la inclemencia del silencio, el frío y la nieve. El sufrimiento y la situación les hizo llorar y así derramaron lágrimas en abundancia. Pero un día, el dios de los Huaylas se compadeció de ellos y los convirtió en dos soberbios nevados, que se levantaron desafiantes por encimas de las cordilleras. La bella princesa Huandi quedó transformada en el Huandoy. Y el apuesto joven, en el Huascarán, sus lágrimas dieron origen a numerosos torrentes que formaron hermosas lagunas, como la de Llanganuco, que se extiende a los pies de la cumbre más alta del Perú. Y allí permanecerán siempre, como un eterno símbolo de un amor imposible.

TÚÚL

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