La leyenda azteca de la constelación del escorpión

Al principio, la pareja primordial Omecihuatl y Ometecuhtli (conjuntamente llamados Ometeotl) tuvieron 4 hijos varones, Xipetotec, Tezcatlipoca, Quetzalcoatl y Huitzilopochtli, los 4 Tezcatlipocas, los hacedores del universo que heredaron de sus padres el arte de la creación a partir de la sustancia Omeyotl, por lo que organizarón el universo en horizontal y vertical, y forjaron a las parejas de dioses que controlarían las aguas (Tlaloc y Chalchiuhtlicue), la tierra (Tlaltecuhtli y Tlalcihuatl), el fuego (Xiuhtecuhtli y Xantico) y a los muertos (Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl).

Durante los anexos de provincias tributarias al Imperio Azteca por parte del Emperador Axayacatl, existió un hombre de provincia llamado Xappan, que quería llegar a ser el favorito de los dioses, por lo que abandonó a su mujer y todos sus bienes, y decidió comenzar su vida de ermitaño en el desierto, por lo que una vez allí, permaneció día y noche entregado a la devoción sobre unas rocas. Tezcatlipoca, el señor del engaño, al verlo, decidió ponerlo a prueba y descendió hasta el para tentarle con hermosas mujeres para hacerlo bajar de las rocas donde se había instalado, pero todo fue en vano.

Por lo tanto, Tlazolteotl, la diosa de la sexualidad se interesó en aquel juego, y se presentó ante Xappan, qué al verla tan atractiva, reluciente y perfecta, Xappan quedó impactado, y en ese momento ella le habló: ¡Xappan!, estoy maravillada de tu virtud y conmovida por tus sufrimientos, ¡deseo reconfortarte!, pero ¿cómo puedo llegar hasta ti, si estás sentado sobre aquellas rocas para hablarte más cómodamente?, y el ermitaño Xappan, sin darse cuenta de la trampa que le fue tendida, bajó de las rocas y trató de ayudar a la diosa a subir a las rocas junto con él, pero al hacerlo, de inmediato la dichosa virtud de Xappan se esfumó y enseguida llegó Tezcatlipoca ante él, que a pesar de todas sus suplicas por parte de Xappan, Tezcatlipoca le cortó la cabeza, pero los dioses como penitencia, lo transformaron en un escorpión negro, quien avergonzado de su falta, Xappan se escondió enseguida debajo de unas rocas, por lo que pasaron los días y días, y Tlahuitzin, la mujer de Xappan decidió salir a buscarlo, llegando hasta donde él estaba escondido guiada por Yacacoliuhqui, el señor guía del comercio, quien se compadeció de la soledad de la mujer, pero una vez que Tlahuitzin se le acerco a las rocas, el escorpión salió y la picó, y murió, logrando que fuese convertida también en escorpión, pero ahora un escorpión rojo, y se unió con Xappán y dieron el nacimiento de escorpiones en diferentes colores.

Los aztecas denominaban Colotl, “doblado” o “curvado”, al alacrán o al escorpión, como representación del señor de los muertos, Mictlantecuhtli, y símbolo del señor del fuego Xiuhtecuhtli, debido a que su picadura produce un ardor quemante y doloroso, al fuego, y en general a todo lo caliente, solían representarlo por medio de un aguijón de alacrán humeante, como el agua ardiente, por lo que se le adoró como una constelación llamada Citlalcolotl o Colotlixayac, indicadora del momento preciso en que debía encenderse el Fuego Nuevo que se encendía cada 365 días y cada 52 años, a fin de venerar el renacimiento del Quinto Sol.

El escorpión dado a su venenosa peligrosidad y su misterio que siempre ha fascinado a los hombres, se le he tomado como una criatura de mal agüero, pero también como un ser benéfico que puede librar a los seres humanos de catástrofes y calamidades sociales y naturales. Por lo que se le consideraba como un presagio que traía la mala suerte si llegaba a meterse en las casas, o se le encontraba por casualidad o si se topaba uno con algún alacrán mientras se conversaba, se creía que se trataba como un enviado del Mictlan para augurar su pronto descenso.

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