La insuperable dulzura de la caña de azúcar

Originaria del sudeste asiático, al parecer de Papúa Nueva Guinea de donde los árabes la difundieron hasta Europa, la caña de azúcar (Saccharum officinarum L.) pertenece a la familia botánica de las Poáceas. Se caracteriza por su forma, un tallo recto y cilíndrico dividido en cañutos.

Antes de su llegada a Europa, el azúcar fue ocupada por los árabes, quienes la consideraban medicina, y no como un producto culinario; por su alto precio sólo las clases altas podían disfrutarla.

Siglos más tarde, la caña llegó a América de mano de los españoles quienes la transdomesticaron a la región del Caribe tras darse cuenta de que las condiciones para su cultivo eran viables. De ahí llegó a México, en 1523, donde pronto nacería una industria dulcera muy importante.

Cuando los españoles conquistaron las tierras mexicanas, con climas semejantes a los del Caribe en temperatura y humedad, se impulsaron los ingenios. El propio Hernán Cortés tuvo activa participación en la transdomesticación de la caña, que cultivó en el actual estado de Morelos desde donde se disgregó a otras partes de México.

Con ello se fueron dando postres y bebidas de gran importancia como la charanda de Michoacán que tiene denominación de origen.

El aporte nutrimental de 100 gramos de caña es de 75 kilocalorías,17.12 gramos de hidratos de carbono, 0.5 gramos de proteínas y 0.5 gramos de lípidos.

De la caña sé obtiene azúcar morena, blanca, refi­nada y mascabado. En México usualmente se compra en piloncillo (panela) o como fruta natural, la cual es muy apreciada en cañutos pelados o bien, en algunas zonas tropicales, en un refrescante jugo de caña.

En las posadas navideñas es imprescindible en el ponche y en las piñatas. Con ella también se elabora el ron y una gran cantidad de bebidas afines.

Comments

comments