La huella que dejó “El Pozolero” en Tijuana

Tijuana, Baja California.- Hace poco más de ocho años fue el día en que “El Pozolero” por fin se enfrentó a la justicia.

Santiago Meza López, un albañil de apariencia pacífica era quien se dedicaba a deshacerse de los cuerpos de los enemigos del Cártel de los Arellano Félix.

A cambio de 600 dólares semanales, Santiago Meza disolvía los cadáveres en sosa cáustica.

Con ayuda de “El Pozolero”, la plaza de Tijuana fue controlada durante muchos años por la familia Arellano Félix.

Su receta nunca fallaba: en una tina de 200 litros vertía dos costales de soda cáustica y 100 litros de agua, posteriormente echaba los cuerpos despedazados.

Luego lo ponía al fuego, donde lo dejaba hervir durante ocho horas, asegurando así la desintegración casi completa del cuerpo.

Los restos que no se deshacían, dientes, uñas y pedazos de huesos, los bañaba en gasolina en un terreno baldío y los quemaba. Lo que quedaba era enterrado.

“El Pozolero” realizó esta práctica durante nueve años, donde, según su propia declaración, disolvió más de 300 cuerpos.

Sin embargo, algunas estimaciones señalan que fueron 650, bajo las órdenes de Teodoro García Simental alias “El Teo”, miembro del Cártel de los Arellano Félix, quien después decidió separarse.

Irma, la esposa de Santiago Meza, sabía a lo que se dedicaba su marido, y así lo compartió en una entrevista con la revista Proceso.

“Yo prefiero mi trabajo a que ustedes se mueran de hambre”, le decía “El Pozolero”.

Dos años después de su captura, en 2011, fueron descubiertas las narcofosas donde Santiago Meza
enterraba los restos que no podía disolver. Se trataba de “La Gallera”, en el Ejido Maclovio Rojas.

Durante meses de búsqueda, fueron localizados entre 14 mil y 15 mil restos humanos en distintas fosas del ejido ubicado en la periferia de la ciudad.

Pese a esto, las fosas fueron selladas: no se podían identificar los cuerpos.

Padres de personas desaparecidas comenzaron entonces un proyecto para continuar con la búsqueda de sus seres queridos.

UN GRAN HALLAZGO

El esfuerzo de los desesperados padres obtuvo sus frutos: en agosto de este año se encontraron siete mil fragmentos humanos y aproximadamente dos mil dientes.

El hallazgo se realizó tras la declaración de uno de los sicarios de “El Teo”, quien dijo a las autoridades
que siguieran buscando en la zona contigua a “La Gallera”.

En el lugar había tres fosas de alrededor de un metro cada una, en cuyo interior estaban los fragmentos
humanos, algunos sin disolver, y los dientes.

Los restos encontrados fueron trasladados a la Ciudad de México, donde están siendo analizados por
autoridades para cotejarlos con pruebas de ADN de familiares de desaparecidos y darles una identidad en la medida de lo posible.

“Nunca imaginamos que en el lado norte de ese terreno existiera lo que encontramos hace nueve días. Pasaron casi cinco años y hemos estado continuamente encontrando fosas en ese lugar”, comentó a Infobae Fernando Ocegueda Flores, presidente de la asociación Unidos por los Desaparecidos en Baja California.

“Es un lugar de mucho dolor. Nada más imaginar todo lo que pasó ahí”, señaló.

La premura por identificar los cuerpos es mayor, pues los miembros de la asociación quieren seguir con las excavaciones en el terreno; por esta razón, Ocegueda acudió a la capital del país para pedir a los funcionarios de la Fiscalía Federal que los análisis se realicen con rapidez.

Ocegueda tiene la esperanza de hacer muchos hallazgos más, pues asegura que las tres fosas encontradas estaban en un radio de un metro cuadrado y dos metros de profundidad, mientras que el terreno mide 50 metros cuadrados.

“¿Se imagina la magnitud de lo que vamos a encontrar? Nos faltan 49 metros de explorar”, añadió.

LA BÚSQUEDA CONTINÚA

El experto en seguridad del Colegio de la Frontera Norte, Jorge María Ramos, indicó a Infobae que lo que escondía el terreno de “La Gallera” pudo pasar desapercibido por el gran tamaño de Tijuana, además de que las autoridades estaban corrompidas por los grupos criminales.

“Es una zona que está en la periferia y no es visible, y el punto nodal nos lleva a la pregunta de dónde estaban las autoridades gubernamentales. Cuando menos un 30 por ciento de esos cuerpos ha sido reclamado por alguna asociación que ha estado al pendiente de ese tipo de casos. No hay investigación, no hay seguimiento, hay impunidad y son hechos preocupantes”, dijo.

Ramos explicó que los grupos criminales y traficantes de migrantes prefieren operar en Tijuana porque solo una garita por la que cruzan 300 vehículos por hora los separa de Estados Unidos.

Actualmente, “La Gallera” está cubierta de cientos de fotos de personas desaparecidas; en el piso y en las paredes semiconstruidas, los padres pegaron las fotos de sus hijos.

“Mi hijo pudiera haber quedado en este lugar y por eso lo hacemos, por amor, por recuperar la memoria de quienes pudieron haber sido disueltos en este lugar”, expuso Ocegueda, quien desde 2007 busca a su hijo.

Mientras tanto, “El Pozolero” aún no ha sido sentenciado.

En sus declaraciones afirma que él solo recibía los cuerpos sin vida por parte de personas que llegaban en camionetas y acompañados de escoltas tipo patrullas.

Aseguró también que quienes llevaban los cadáveres los depositaban en los contenedores, y él solo se encargaba de preparar la sustancia, vigilarla y enterraba los restos.

ElDebate

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