La generación desechable: vivir rápido y morir joven

Aunque los jóvenes no nacen dentro de un grupo criminal, el hecho de la vinculación descansa en una característica de las nuevas generaciones, a la que llamamos “gratificación postergada”, que no es más que la presión que ejerce la sociedad sobre la juventud y que prolonga la incursión de los jóvenes en los canales lícitos para incorporarse al sistema productivo. Por lo anterior, las masas juveniles permanecen en un periodo de espera, principalmente los jóvenes que en cierta medida tienen una preparación académica. Aquellos que no están a la espera, son precisamente los que no estudian ni trabajan y que encuentran en la delincuencia organizada un medio para lograr sus metas, pues es ahí donde acceden a grandes sumas de dinero.

Tijuana, Mexicali, Monterrey, Saltillo, Torreón, Ciudad Juárez son sólo algunos ejemplos del involucramiento de los jóvenes dentro de las redes del crimen, de hecho los menores son el rostro más visible del ejército de personas que trabajan en las bandas criminales.

A nivel nacional no hay cifras oficiales, sin embargo, de acuerdo a especialistas, la manera en como son reclutados varía de acuerdo a la zona del país, al igual que los sueldos y las edades.

En las ciudades fronterizas las pandillas son el principal semillero de los grupos de sicarios y además de la venta al menudeo de droga: Monterrey, Ciudad Juárez, Tijuana, Mexicali, Torreón y Saltillo, son sólo un ejemplo de cómo los niños y jóvenes han caído en la telaraña del narco.

En estados como Veracruz, Tabasco y Campeche existe una cifra oficial, pero según expertos en el tema de violencia, activistas y organismos dedicados a trabajar con jóvenes, las formas de reclutamiento, edades, zonas y sueldos son variables. En algunas entidades como Morelos y Guerrero los menores son utilizados como matones a suelo o bien como “matarifes” (término empleado a las personas dedicadas a matar y destazar animales en los rastros) que se encargan de mutilar a los enemigos.

Los datos de la Redim no son nada halagadores en la medida en que estiman que más de mil niños, niñas y adolescentes han perdido impunemente la vida en los últimos años en el combate contra los cárteles, aun cuando las cifras proporcionadas por las instancias oficiales aportan datos incompletos. El informe del Departamento de Defensa de los Derechos de los Menores advierte que unos 30 mil niños y niñas cooperan con los grupos criminales.

La realidad es que los pandilleros obtienen no sólo bienes y dinero, sino que en sus barrios de origen experimentan una sensación de grandeza, de respeto social, un poder basado en el miedo que infunden a los demás en medio de la impunidad: dejan de ser los chavos marginados del barrio. Esto asegura su lealtad y para los grupos criminales valen su peso en oro cuando pasan a ser un eslabón efectivo, presto y desechable en la cadena de elementos que conforman los ejércitos del crimen organizado.

 

CIENCIA UANL

Foto tomada de internet

 

 

nyo

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