Entre la fe y la guerra

El ocaso de las tribus originales del norte de México inicia desde la llegada de los europeos. Los invasores del mundo chichimeca llegaron con dos mensajes muy claros para las tribus originales: la cruz y la espada.

Como todo proceso, la colonización del norte fue difícil y lenta, pues los europeos tenían que estar alertas a los sorpresivos ataques de los indios. En las acometidas, los naturales se llevaban ganado, mujeres y niños para luego incendiar los asentamientos.

Los encuentros entre los europeos y los nativos quedaron plasmados en la roca como representaciones de acciones de guerra, secuestros de personas y caballos, cruces evangelizadoras, hasta partes de guerra. Este proceso de dominio bien se puede simplificar de la siguiente manera: esclavización, asimilación y extermino.

Algunos expedicionarios, como el acaudalado portugués Luis Carvajal y de la Cueva, tuvieron una amplia trayectoria como vendedores de esclavos negros e indios.3 El territorio de Coahuila y Nuevo León se convirtió en proveedor de esclavos para las minas de Zacatecas y en otros casos hacia lugares distantes como las Islas del Caribe. (3)

Uno de esos encuentros entre los naturales y los europeos quedó impreso en una pared en el municipio de Mina, Nuevo León, y se encuentra muy cerca de la población de Espinazo. Ahí, justo en la orilla del cauce seco de un arroyo, se encuentra un caballo pintado en tonalidades rojas, al lado de otras pinturas rupestres. La pintura en color rojo, que se pude remontar a inicios del siglo XVII, retrata las imágenes de un caballo sin jinete, el motivo fue elaborado utilizando las mismas técnicas de elaboración del arte rupestre en la zona.

Otro trazo que tiene relación con el caballo se encuentra en los límites de La Azufrosa, en Ramos Arizpe, y el ejido El Milagro, en García, Nuevo León. El petroglifo detalla de una manera muy precisa la escena del robo de un caballo por parte de un grupo de indios; cabe mencionar que este petroglifo pudo pormenorizar un encuentro sucedido hacia el siglo XVII. En el petroglifo se puede ver a los naturales utilizando arcos y flechas en actitud hostil y se percibe a simple vista la perspectiva de movimiento de la escena.

La cruz es sin duda el símbolo más recurrente de la influencia del cristianismo en el arte rupestre. Una imagen muy común en los sitios con arte rupestre es el motivo de la cruz cristiana, y por el estilo ajeno a la mayoría de los trazos intuimos que se trata de una especie de exorcismo para santificar estos lugares y alejar a los demonios adjudicados a las creencias religiosas.

Una prueba de lo anterior la encontramos en Paredón, Coahuila, en una enorme roca, al lado de lo que pensamos se trata de un conteo. Es un sitio de altura considerable, el grabado podía ser visto desde lo alto, en lo que se supone era el camino más importante que comunicaba a la zona de Paredón con la antigua ciudad de Monterrey.

Los misioneros fueron pieza clave en la expansión del dominio español en el noreste de la Nueva España: en algunos sitios se puede ver a detalle cómo ocurrió el contacto. Los misioneros que incursionaron en Nuevo León, Coahuila y Texas fueron franciscanos de los colegios de Santa Cruz de Querétaro y de Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas. (5)

Muchos de los primeros pobladores europeos del noreste de México eran portugueses judíos recién convertidos al cristianismo, en cambio, numerosos misioneros eran de origen vasco. Prueba del origen de los predicadores puede ser visto en la Cruz Vasca, mejor conocida como Lauburu, que se encuentra grabada en el sitio “San Felipe”, en Ramos Arizpe, Coahuila. En una de las grandes piedras se percibe a simple vista a detalle la “Cruz Vasca”, además de dos palomas que simbolizan el Espíritu Santo y una fachada de un templo católico.

 

CIENCIA UANL

 

 

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