La antropofagia ó canibalismo de los Mexica

Más allá de la tesis que niega el canibalismo entre los Mexica (aceptado por la mayoría de los expertos), lo que enfrenta a los estudiosos a día de hoy es la causa que llevó a un pueblo como el mexica a practicar la antropofagia. En su documentado dossier, el antropólogo riojano Óscar Calavia Sánchez es partidario de que esta controversia se inició en 1977. No le falta razón, pues ese fue el año en que su colega Michael Harner hizo pública una investigación en la que afirmaba que la civilización precolombina comía carne humana para paliar la falta de animales en la región. En la misma señalaba que los Mexica interpretaban la guerra como una forma de «caza organizada» para conseguir alimentos. El experto no se detenía en este punto, sino que, siempre según sus palabras. esta práctica se vio favorecida debido a que en el Nuevo Mundo era imposible domesticar animales para su posterior ingesta, algo que sí sucedió en la vieja Europa y que permitió a los occidentales abandonar el canibalismo y empezar a verlo como un tabú.

Finalmente, Harris afirmó también en su libro «Bueno para comer» que el canibalismo era utilizado como una recompensa para alentar a los guerreros a pelear. Un manjar que solo se podía obtener combatiendo y que, por tanto, obligaba a quien quería degustarlo a enfrentarse al enemigo. Como era de esperar, la investigación causó gran controversia, fue criticada por el mundo académico y continúa siendo atacada por expertos como Manuel Moros Peña. Este desmonta a Harris señalando en su principal obra («Historia natural del canibalismo. Un sorprendente recorrido por la antropofagia desde la antigüedad hasta nuestros días») la ingente cantidad de animales que tenían los Mexica a su disposición en el amplio territorio. Aunque es cierto que no poseían rumiantes ni ganado porcino y sus principales animales domésticos eran el pavo y el perro, los Mexica cazaban y consumían gran variedad de especies animales salvajes», destaca Moros en su libro.

Entre las mismas, enumera algunas como el ciervo, el tapir, el jabalí, la zarigüeya, el armadillo, el conejo y otras tantas más. ¿Por qué no alimentarse de ellas? Se pregunta el autor.

La polémica

Moros también afirma en su libro que sería absurdo utilizar la carne de un hombre adulto como fuente principal de proteínas para una tribu, pues ofrecía alimento para apenas 215 personas. «Obviamente esta cantidad era algo inútil para los 250.000 habitantes de Tenochtitlán y muchísimo más para los 2.000.000 de habitantes del Valle de México. Máxime teniendo en cuenta que solo se devoraban brazos y piernas», explica en la mencionada obra. Otro tanto opina Calavia, quien critica también a Harner al señalar que, en las mismas fuentes en las que se basó, se explica cómo los Mexica dejaban decenas de cadáveres descomponiéndose en los campos de batalla. Algo absurdo si lo que pretendían era no desperdiciar proteínas. También se ha posicionado en contra de Harner el demógrafo Sherburne Cook, quien considera en sus libros que el canibalismo tenía la finalidad real de evitar que la población mexica se disparase. Este experto llegó a cifrar en un 25% la cantidad de personas que eran ingeridas por sus semejantes. Un número que, según afirma, habría engrosado en demasía una civilización escasa de alimentos. Sin embargo, Moros carga también contra él en su obra: «Para controlar el crecimiento demográfico, lo ideal es sacrificar doncellas y, sin embargo, la mayor parte de los prisioneros [ajusticiados] eran hombres». Según sus palabras, tampoco es demasiado lógico que –si únicamente se les asesinaba para controlar el crecimiento demográfico- se les mantuviera con vida varias jornadas antes de acabar con ellos.

Los Españoles y su contacto con el sacrificio

Por otro lado, Fray Diego Durán (1537-1588) señala en «Historia de las Indias de Nueva España y islas de tierra firme» que los sacerdotes mexicas creían que, mediante sus rituales, convertían a la víctima en un dios reencarnado. No solo eso, sino que consideraban que todo aquel que ingiriera aquella carne después de llevar a cabo sus oraciones se vería imbuido de un poder celestial. «La tenían verdaderamente por carne consagrada y bendita, y la comían con tanta reverencia y con tantas ceremonias y melindres como si fuera alguna cosa celestial», añade. Las últimas opciones, explicadas también por Moros, son las más aceptadas a día de hoy. La primera de ellas es la que señala que la antropofagia se llevaba a cabo como una forma de venerar a las deidades: «Los dioses obraban para el bien o para el mal. Por ello, era necesario hacerles ofrendas que no provocaran su ira». La segunda es la posibilidad de que el canibalismo fuera una forma de rendir pleitesía a los dioses para poder tener más hijos: «Contemplado desde el punto de vista mágico-religioso que presidía la vida de los aztecas, sus sacrificios humanos y su canibalismo pueden considerarse ritos de fertilidad muy elaborados basados en los principios de la magia simpatética». La aventura caníbal de Cortés tiene su origen en 1518, año en que el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, puso a este conquistador (entonces un mero terrateniente local) al mando de una armada de 11 navíos y 600 hombres. Dejando a un lado las diferencias entre ambos (las cuales provocaron varios enfrentamientos posteriores en el Nuevo Mundo), Cortés partió hacia México con el objetivo de hacer valer las creencias de Su Majestad Carlos I. «El día 10 de febrero del año 1519 salió Hernán Cortes de la Habana con 11 buques. […] Dirijiéronse a la isla de Cozumel, donde llegaron felizmente: desembarcaron, y Cortés pasó revista general de sus fuerzas», explica Gil Gelpi y Ferro en su obra «Estudio sobre la América». Posteriormente, y tras varias idas y venidas a lo largo de la costa, la expedición arribó a Tabasco (al sur del país). Fue en esta zona donde, según explica el propio Michael Harner en su artículo «Bases ecológicas del sacrificio azteca», los españoles tuvieron su primer contacto con el canibalismo local. Todo ello, después de haber vencido varias veces a los nativos.

Los Españoles y el canibalismo

El conquistador Andrés de Tapia (1498-1561) así lo confirma en su obra «La conquista de Tenochtitlán»: «[Los nuestros] hallaron alguna gente con quien pelearon, e trajeron ciertos indios; e llegados al real dijeron cómo ellos se andaban juntando para nos dar batalla e pelear a todo su poder para nos matar e comernos». Parece que al español le llamó la atención esta amenaza, pues en las siguientes líneas de su escrito vuelve a hacer referencia a ella: «Alguna gente que andaba de guerra entre unas acequias e rías decien a los nuestros que dende a tres días sería junta toda la tierra e nos comieren». Fue un lúgubre preludio de la verdad que les esperaba al adentrarse más en el Imperio azteca. Después de varios combates, Cortés reembarcó con sus hombres y se dirigió hacia el norte bordeando la costa. Recorridos unas decenas de kilómetros, volvió a tierra y fundó la ciudad de Veracruz (llamada así, según Francisco López de Gómara, debido a que entraron en la región el «viernes de la Cruz»). Desde allí envió a uno de sus lugartenientes, Pedro de Alvarado (1485,1541), a reconocer el terreno.

Tuul

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