A la alza, indicadores de homicidios dolosos

Los llamados de las autoridades del sector salud dirigidos a la población para que evite una vida sedentaria y mantenga estándares de salud estables, revelan que la preocupación gubernamental tiene que ver no solo con los altos índices de morbilidad, deterioro de la calidad de vida y elevados costos de los tratamientos de las enfermedades crónico-degenerativas, sino con un importante crecimiento derivado de este tipo de enfermedades.

Pese a que los titulares de los medios de comunicación son ocupados por las muertes violentas, estas siguen siendo la segunda causa de muerte si se comparan únicamente con los infartos, sin embargo, al sumar las 336 defunciones por insuficiencia renal, cáncer, diabetes y cirrosis hepática, la brecha se hace gigantesca contra las 71 muertes por violencia durante los primeros siete meses de 2017.

Algunos especialistas del sector salud han hecho hincapié en que la mala calidad de la alimentación, la vida sedentaria y el estrés, conocido también como el asesino silencioso, son el caldo de cultivo ideal para las llamadas enfermedades crónico-degenerativas, de ahí el interés por cambiar hábitos alimenticios, estilo de vida y atacar la tensión propia de ciudades con las características de la petrópolis.

Los altos índices de inseguridad que viven los pozarricenses han sido patentizados por las constantes olas de ejecuciones, algunas a plena luz del día y en pleno centro de la ciudad, los conflictos familiares que derivan en agresiones y, en ocasiones, arranques de ira que terminan en agresiones homicidas, mientras las autoridades enfrentan cada vez más dificultades para enfrentar la ola de criminalidad que se vive a lo largo y ancho de la ciudad.

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