José Clemente Orozco y su legado

A 68 años de su muerte, que se cumplen hoy, el muralista mexicano José Clemente Orozco se mantiene vigente a través de su obra, prueba de ello es la exposición Orozco y los Teules, 1947, que se presenta hasta el 5 de noviembre en el Instituto Cultural Cabañas, ubicado en Guadalajara.

La obra que se encuentra en el Hospicio de Guadalajara está estrechamente relacionada con el discurso curatorial de la muestra y con el tema que estamos llevando, que es la narración visual de la Conquista de México. Se presentará casi toda la obra que se expuso en la Ciudad de México, explicó Dafne Cruz Porchini, curadora de la exposición.

El muralista desarrolló una serie de 60 piezas, entre pinturas y dibujos, a la que llamo Los teules, con la que mostró el enfrentamiento entre españoles e indígenas.

Con el encargo de El Colegio Nacional, del que fue miembro fundador y donde se presentó por primera vez, Orozco realizó esta serie en 1947, informó el Instituto Nacional de Bellas Artes.

José Clemente Orozco nació en Zapotlán el Grande, hoy ciudad Guzmán, Jalisco, el 23 de noviembre de 1883; a la edad de dos años se trasladó su familia a Guadalajara y cinco años después a la Ciudad de México.

Ese año (1890) ingresó a la escuela primaria anexa a la Normal de Profesores y por la noche tomaba algunas clases de dibujo en la Academia de Bellas Artes de San Carlos.

En 1897, su familia lo envió a estudiar por tres años la carrera de perito agrícola en la Escuela de Agricultura de San Jacinto, detalla El Colegio Nacional en su sitio electrónico.

Cuentan que dejó la Escuela de Agricultura para ingresar a la Nacional Preparatoria, donde permaneció por cuatro años con el propósito de estudiar Arquitectura, pero la obsesión de la pintura lo hizo dejar los estudios preparatorios y volver a la Academia de Bellas Artes, lugar en el que estudió de 1906 a 1910.

Al morir su padre tuvo que trabajar para sostener sus estudios, estuvo como dibujante de arquitectura y en el taller gráfico de El Imparcial, así como en otras publicaciones.

En 1916 presentó su primera exposición individual en la librería Biblos, la cual fue poco comprendida por la novedad de su arte.

En 1917 viajó a Estados Unidos y a su regreso pintó algunos cuadros, en especial Soldaderas, Combate y el retrato de su madre, añade la misma fuente.

En 1922 se unió a Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y otros artistas para iniciar el movimiento muralista mexicano, que tan gran predicamento internacional llegó a tener y que llenó de monumentales obras las ciudades del país.

En 1925 pintó Omnisciencia, un mural en la Casa de los Azulejos.

 

Para la Suprema Corte de Justicia de México, Orozco realizó dos murales: en 1940 y 1941, que son un compendio de las obsesiones de su vida: La justicia y Luchas proletarias y en 1948 para el Castillo de Chapultepec, Orozco llevó a cabo el que debía ser su último gran mural, como homenaje a uno de los políticos que, por sus orígenes indígenas y su talante liberal, más cerca estaban del artista: Benito Juárez.

Orozco murió en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1949 y fue sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres, honor que por primera vez en México se dio a un pintor.

 

EL HERALDO

 

 

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