Huehuecóyotl, el Dios tramposo

Como Tambor Viejo, fue el dios tramposo, de la música, el baile, la canción, la narración y la alegría. Los mexicas le asociaron con la buena suerte y el relato histórico. Acertadamente se le consideró el patrón de la sexualidad desenfrenada; símbolo de la astucia, la sabiduría y el pragmatismo.

Los códices y la tradición oral nos cuentan que Coyote Viejo dio el fuego a los hombres, fungió como intermediario entre este mundo y el más allá, curó por medio de los sueños enfermedades tales como la artritis; y adquirió la fama de seductor capaz de incrementar la potencia sexual de los humanos y, por ende, poseedor de la capacidad de cambiar de género a su gusto, a más de poder transformarse en cualquier animal u hombre. Huehuecóyotl formó parte de los patrones mexicas y fue numen de Tezcatlipoca, Señor del Cielo y de la Tierra.

La leyenda nos refiere que Huehuetéotl estaba casado con Temazcalteci, la patrona de los temascales, y tenía como amante a Xochiquetzal, que aparte de ser la patrona del amor, lo era de la sexualidad, las prostitutas y las jóvenes.

Se trata de un señor dual, en él se representan el bien y el mal, la juventud y la vejez, lo masculino y lo femenino.

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