Grupo de países europeos proponen crear centro de asilo fuera de la UE

Europa busca nuevas fórmulas para expulsar a los migrantes con órdenes de deportación pendientes. El primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, ha desvelado este miércoles que un grupo de socios comunitarios estudia abrir un centro de asilo en un país situado en el continente, pero fuera de la UE, sin especificar cuál. Austria y Holanda están, además de Dinamarca, entre los Estados involucrados en conversaciones al respecto. Citada entre las precursoras del plan, Alemania ha rehusado por ahora confirmar su adhesión al mismo.

El propósito es que la instalación sirva para alojar a los demandantes de asilo rechazados, uno de los mayores dolores de cabeza de los Estados miembros. En 2015 la UE solo logró deportar a un 36% de ellos, y desde entonces apenas se han tomado medidas efectivas para agilizar las salidas. Detrás de ese dato está la falta de cooperación de los países a los que deben retornar los migrantes —en algunos casos, poco interesados en su regreso por los beneficios de recibir remesas— y las dificultades suscitadas por la falta de documentación de los migrantes a devolver.

La iniciativa plantea numerosas incógnitas. Se desconoce cuántos migrantes podría acoger, qué cantidad se abonaría al Estado donde se construiría el centro de asilo, y si se baraja ya una lista de posibles emplazamientos. Rasmussen ha rechazado profundizar en estos interrogantes, y se ha limitado a poner como requisito que el lugar “no debe ser particularmente atractivo” para los traficantes de seres humanos. “Soy optimista. Por las discusiones que he mantenido con otros líderes europeos espero que seamos capaces de dar un primer paso este año”, ha añadido.

Las eventuales trabas legales también asoman como un posible obstáculo a la propuesta. Un Estado puede aceptar construir en su territorio el centro a cambio de una suma millonaria, con lo que la alternativa sería viable sobre el papel, pero si los implicados lo denuncian ante los tribunales, está por ver si la justicia avalaría su traslado a un país en el que no han recalado previamente.

Austria, que tiene a la extrema derecha como socio menor del Gobierno liderado por el democristiano Sebastian Kurz, ha mostrado desde Bruselas su total respaldo al proyecto. “Hace tiempo sugerimos que tendría sentido ofrecer protección fuera de la Unión Europea”, ha afirmado el canciller. Además, ha dicho que el mismo se encuentra en una fase “avanzada”. A su lado en la comparecencia, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, no ha expresado ningún reparo contra la idea. Y ha defendido la autonomía de los Estados para decidir en este ámbito. “La lucha contra la inmigración ilegal es un asunto europeo, pero también nacional”, aseguró.

El protagonismo de Austria en la agenda migratoria será creciente en los meses venideros. Viena tomará las riendas de la presidencia rotatoria de la UE a partir de julio, y Kurz ya ha anticipado que “la protección de las fronteras exteriores” será una de las cuestiones prioritarias de la misma. Para conseguirlo pretende reforzar el papel de Frontex, la agencia de fronteras comunitaria.

La Unión Europea ha convertido las expulsiones de extranjeros en bandera de su política migratoria. El año pasado la Comisión instó a los socios europeos a expulsar a más de un millón de inmigrantes irregulares. Incluso recomendó detener más tiempo a los extranjeros que obstaculicen su expulsión o planearan fugarse. Hallar la fórmula ideal para tramitar con éxito la salida de los solicitantes de asilo ha sido motivo de debate en los últimos meses. En un primer momento los estados propusieron que se reclamara el asilo en oficinas de la UE repartidas por el mundo, pero esa vía no prosperó por motivos legales.

El desencuentro entre socios por cómo deben manejarse los flujos migratorios y repartir las cargas que suponen la llegada de migrantes sigue latente a la espera de la cumbre europea de finales de este mes. Los países miembros se muestran incapaces de acordar un sistema común de asilo. Y la reunión de los jefes de Estado y de Gobierno llega en medio de un ambiente caldeado: el nuevo ministro italiano del Interior, el ultraderechista Matteo Salvini, ya ha advertido de que no está dispuesto a que su país se convierta en “el campo de refugiados de la UE”, y ha lanzado una suerte de ultimátum. “O Europa nos echa una mano para devolver la seguridad a nuestro país, o elegiremos otros métodos”.

El País

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