Gorillaz arma tremendo fiestón

CIUDAD DE MÉXICO.

Afuera de los Kong Studios manda Damon Albarn. Lo entiendan o no, Noodle, 2-D, Russell y Ace lo ven desde el mundo virtual. Y tienen la perspectiva que los hace odiar más a su creador: 21 mil 565 personas adorándolo por cada canción creada en ese sitio y cargando una bandera tricolor como si fuera la mismísima de Reino Unido.

Fue la última noche de Gorillaz. No habrá más The Now Now Tour. Y seguro ninguno de ellos se arrepentirá de haber tomado tal decisión. ¡Venir dos veces a un mismo país, qué locura!

Tranz. Una vuelta por lo más nuevo. Mientras Damon cantaba, Ace desquitó el sueldo. Le están pagando para suplir a Murdoc, quien estuvo en prisión durante la quinta fase y no estaba haciendo nada. Así que el líder de la Banda Gangrena se enfrentó a un público más perverso que el de Saltadilla, del universo donde Bombón, Bellota y Burbuja, las Chicas Superpoderosas, siempre le arruinan los planes.

Pero esta gente pudo fumar mariguana si lo quería, tomar chelas y meterse lo que pudieran. Ace deshizo las cuatro cuerdas; Damon hacía humedecer cualquier parte del cuerpo de los que lo cargaron una y otra vez en la valla, como un hombrecito disfrazado de 2-D en la primera fila, que parecía llorar cada que el inglés se acercaba.

Tomorrow Comes Today, la primera vuelta a hace 18 años. La melódica la anunció y la raza la hizo suya. En la pantalla aparecieron los cuatro muchachones reflejados en su primera fase hasta llegar al arrancón infinito frente a un alce que les destrozó el coche, se trataba de 19/2000.

Muchas personas reunidas volvieron a su propia fase; quizá secundaria o preparatoria. Los celulares fueron prueba del poder de la nostalgia.

Desde Blur —el otro grupo del vocalista— hasta Gorillaz, el español de Damon nunca se ausenta. Ha venido de vacaciones, a tocar, a ver lucha libre, a pasear por las trajineras sin sus muchachos, así que el “los amo México” es más honesto.

La atmósfera en zona de pista vale lo que costó. En teoría los más fanáticos a todo lo que Damon hace. Así que recibir su sudor, la saliva de cada grito o su mirada era el premio. Más tenerlo cerca para cursilear en On Melancholy Hill.

Arriba, en gradas, se vislumbraba ambiente. Lástima de las butacas. Más cuando De La Soul se subió con su black power a cantar Superfast Jellyfish. Todos hubieran querido estar abajo o arrancar la butaca para sacar el lado malandro.

Ni se diga en Andromeda, tremendo fiestón. Lástima de día. No sólo 2-D andaba en su debraye del otro lado de la realidad, en cancha medio mundo perdió la cordura. Se fumó lo que pudo hasta hartar a una señora que llevó a sus chavos. Fue a acusar, pero en noche de Gorillaz lo ilegal era lo políticamente correcto.

Ni en Ciudad de México ni en Kong Studios las reglas son bien vistas. Por algo los cuatro chavos y Damon son amigos de personas como Snoop, Jack Black, Bruce Willis…ninguno ejemplo de moral. Pero eso es lo que Gorillaz ama, la inmoralidad, así que entre más maldad hubiera, mejor se ponía Stylo y Dirty Harry.

Hasta que Albarn se hartó de 2-D. El cantante de la mirada nublada, objeto de castración de Murdoc, salió al Palacio. Adoptó el cuerpo de su jefe a través de una máscara y ¡vaya desmadre que se armó con Feel Good Inc., De la Soul, Albarn y el flacucho peliazul se ganaron a todo mundo.

Mexicanos, de verdad tienen un espíritu gigante”, dijo el británico.

El grito de Gorillaz era el eco que rebotaba en el domo. Hacía pocos días que Graham Coxon, la otra mente maestra de Blur, junto a Albarn, había salido a cantar Song 2. La gente esperaba que hubiera una sorpresa así, pero no fue el caso. Vino un bajón de buena vibra con Plastic Beach, chance para descansar y aventarse un cierre todavía con Kids with Guns y Clint Eastwood.

Además de que Noodle, la misteriosa japonesa niña punk de los Gorillaz parecía asomarse para dominar a su maestro.

Pero eso sólo lo iban a saber los que se quedaron hasta el final, pues después de las 23:00 se venían 30 minutos de cierre espectacular. No pudo haber cerrojazo sin recordar a Ibrahim Ferrer, el hombre de Buenavista Social Club que llevó a Gorillaz a explorar el son cubano y toda la música caribeña. Latin Simone (¿Qué pasa contigo?) fue el tributo.

2-D regresó al escenario con Kids With Guns y sólo para ayudar a presentar a Jamie Hewlett, el dibujante y creador de los cuatro personajes. Hasta que sonó Clint Eastwood. Un sello de la casa y que avisó, como en el Vive Latino, que todo estaba por acabar. Una reverencia de Albarn a los capitalinos. Aplauso automático. Más palabras del inglés para la hospitalidad y la locura del mexicano. Reconocimiento a los diez músicos que hacen realidad un sueño de dos y el broche de oro.

Don’t Get Lost in Heaven para mandar a todos a dormir a las 23:30 horas.

Excelsior

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