El fin del carbón abre una brecha en frente europeo contra el cambio climático

El fin del uso del carbón (la principal fuente emisora de gases de efecto invernadero en el planeta) ha dividido en dos bloques a la Unión Europea: a un lado, los que tienen ya calendarios de cierre para estas centrales térmicas y piden abiertamente su fin para 2030. Al otro, los que no tienen ese calendario, entre ellos España.

Esa división se ha hecho patente este jueves en la Cumbre del Clima que se celebra en Bonn (Alemania), la llamada COP23. Reino Unido, Francia e Italia han firmado una declaración en la que apuestan por el cierre de las centrales de carbón e instan a los inversores a alejarse de esta forma de producir energía. En el escrito se apunta a que los análisis muestran que, para poder cumplir con el Acuerdo de París contra el cambio climático, se necesita terminar con el carbón antes de 2030 en los países miembros de la OCDE y antes de 2050 en el resto.

Alemania, Polonia y España se han quedado fuera de esta declaración, que firman una veintena de países. Entre los Estados europeos que se han unido también figuran Austria, Portugal, Bélgica, Finlandia y Países Bajos. Fuera de la UE destaca Canadá, que junto a Reino Unido ha sido la promotora de esta declaración. “Respetamos la soberanía de cada país”, ha señalado Miguel Arias Cañete, comisario europeo de Acción por el Clima y Energía, sobre esa declaración.

Durante las intervenciones que los mandatarios de Alemania y Francia, Angela Merkel y Emmanuel Macron, realizaron el miércoles en la cumbre, el asunto del carbón flotaba en el ambiente. Ambos se refirieron directa o indirectamente a este combustible fósil. Macron, para sacar pecho sobre el calendario que tiene: cerrar las centrales de carbón en 2022. Merkel, para reconocer implícitamente que su alta dependencia de esta fuente (alrededor del 40% de la electricidad en su país procede del carbón) le llevará a incumplir los objetivos de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero que tiene Alemania fijados para 2020.

Pero hubo más, porque el presidente francés no se limitó a resaltar sus políticas nacionales: propuso fijar un precio a la tonelada de dióxido de carbono que emiten las centrales de combustibles fósiles, entre ellas las de carbón. Su propuesta es de 30 euros, frente a los alrededor de siete que marca ahora el mercado europeo de derechos de emisiones. Un precio tan alto conduciría al cierre del carbón, ya que estas térmicas dejarían de ser rentables.

Esta propuesta molestó a algunos representantes de la Comisión Europea. Los Estados miembros y Bruselas acaban de cerrar un acuerdo para reformar ese mercado europeo de derechos de emisiones, denominado ETS. Es un mercado que está tremendamente distorsionado porque los países de la UE cuentan con una asignación anual de derechos de emisión que reparten gratuitamente entre sus empresas. La reforma acordada busca, precisamente, que la retirada del mercado de una parte importante de los derechos de emisión haga que suba el precio de la tonelada de CO2.

Pero Macron obvió la reforma europea del mercado de emisiones y apostó por la vía británica. Reino Unido, ante el bajo precio del mercado ETS, fijó en 2013 un suelo propio para sus empresas: 18 libras (19,3 euros) por tonelada. ¿Resultado? “En julio de este año solo el 2%” de la electricidad en el Reino Unido vino del carbón, como ha resaltado este jueves la ministra británica de Cambio Climático, Claire Perry. Reino Unido, el país que prácticamente inventó el carbón y donde el 40% de la electricidad en 2012 procedía de este combustible fósil, se ha desenganchado en un tiempo récord.

Energía nuclear

Pero esta historia no es solo un relato de bloques de países buenos (los que apuestan por dejar el carbón) y de malos (los que no se comprometen con calendarios). Hay matices.

¿Qué tienen en común Reino Unido, Francia y Finlandia? La presencia importante de energía nuclear en sus territorios, una forma de producir electricidad que no emite CO2 , pero sí se hace a través de un combustible fósil. Quien más claramente ha hablado de este asunto este jueves ha sido el representante de Austria en la firma de la declaración, que ha abogado por incluir a la nuclear en la categoría de “renovable”, una reivindicación del lobby nuclear internacional.

Este sector recibió un enorme golpe a su credibilidad en 2011 con el accidente de Fukushima, que se produjo en el país con la tecnología nuclear más avanzada. Tras ese siniestro, Merkel decidió poner un calendario de cierre de sus nucleares. Esta decisión, colateralmente, ha hecho que Alemania tenga una gran dependencia ahora del carbón, que supone el 40% de su generación de electricidad. Y, aunque paralelamente está liderando también la implantación de renovables, de ahí que este país se resista a las políticas que le ponen fin al funcionamiento de las centrales térmicas de este tipo.

Francia, que apoya el cierre del carbón, cuenta también con una fuerte implantación de energía nuclear de la que, según sugirió Macron en su intervención en Bonn del miércoles, no se pretende desprender en el corto plazo.

Renovables

De la importancia de las renovables también habla la declaración presentada este jueves. Y del desplome de los costes de la energía solar y eólica en los últimos años, que las convierten en unas tecnologías cada vez más competitivas. “El 55% de nuestra energía será renovable en 2030”, ha resaltado el ministro italiano de Medio Ambiente, Gian Luca Galletti.

En la misma línea, la ministra de Canadá, Catherine McKenna, ha recordado que los mercados y el mundo se mueven en una dirección: “El carbón nunca volverá”. 

El País

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