Farsa y artificio, retrospectiva de Melanie Smith

Hacer una lectura del cuerpo de obra de Melanie Smith (Reino Unido, 1965) es encontrar un juego de constelaciones. En ellas, los fragmentos de dibujos, objetos, videos o acciones se superponen en una pintura que funciona como palimpsesto: un manuscrito del tiempo en diferentes capas sobre la modernidad en América Latina.

En mis videos hay tiempos históricos y del presente desmontados en un solo filme. El tiempo va y viene. En las pinturas se trata de la superficie. Con distintas técnicas intento suspender la superficie, también como resultado de procesos y tiempos”, define la artista que radica en México desde 1989.

Juego de constelaciones que se despliega en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) en una lectura retrospectiva de su trabajo desde la década de los 90 hasta el presente.

Con la curaduría de Tanya Barson, la muestra –la mayor exposición individual de Smith en Europa– transita en un universo de conceptos que evidencia su continuidad estética: Abstracción, Urbano, Color, Cuerpo, Arqueología, NaturalezaEscala.

La exhibición Melanie Smith. Farsa y artificio, que en 2019 se montará en los museos Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM y Amparo de Puebla, toma el título de una de las primeras obras de Smith: una instalación de múltiples pinturas colocadas una frente a otra, donde la farsa se entiende como absurdo, burla o parodia, y el artificio como engaño en una sociedad.

En suma son 120 piezas que, desde distintas perspectivas, cuestionan la modernidad contemporánea que Smith vivió en México.

Si tuviera que plantear una constante muy concreta sería la búsqueda del campo extendido de la pintura en la historia del arte y cómo le doy la vuelta a la pintura y al marco, dándole significados distintos desde una perspectiva sobre la modernidad que se construyó en América Latina”, refiere en entrevista quien representó a México en la Bienal de Venecia en 2011 y ha expuesto en museos como el Hammer de Los Ángeles, el de Arte de Lima, el MoMA o la Tate Modern.

Si bien la obra de Smith puede leerse como testigo del impacto de la modernización capitalista, de la globalización neoliberal y del hiperconsumismo en México, hay todavía rezagos de su mirada anglosajona tal vez, afirma, de manera inconsciente. Aunque prefiere ofrecer una mirada paralela, híbrida, donde haya referencias más complejas que la simple bilateralidad.

Mi entendimiento del mundo cambió totalmente al llegar a México. Es un país barroco, con una historia muy compleja. Yo venía de un entrenamiento más asociado con el minimalismo, y entendí que esas superficies no tenían sentido en México. Mi obra parte de cómo romper con perspectivas occidentales. Viví el momento de la globalización en México en los 90, lo cual me impactó bastante.

Ciertamente México ha cambiado desde su entrada en el TLC y su incorporación en el mundo más global, pero ¿qué país no ha cambiado? Las condiciones del ambiente, la inmobiliaria, la industrialización, ecología. etc., son muy globales y, desafortunadamente, la política no cambia, la violencia empeoró y los problemas de racismo y clases siguen casi iguales”.

En este contexto, Smith rechaza el llamado fracaso de la modernidad local, y más bien ve un desengaño a nivel mundial, como lo manifiesta en su obra: “Por supuesto es un fracaso, pero en el sentido más histórico creo que no hay que pensar en el fracaso de la modernidad mexicana como una modernidad separada y distinta a la modernidad occidental. Ahí es donde considero que uno es sinónimo con del otro, uno dependía del otro; la modernidad de aquí no es a pesar de la de allá”.

EXCELSIOR

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