Estudiantes bloquean facultades en Francia contra los planes de Macron

En la constelación de protestas sociales, cada vez más audibles, que afronta el presidente Emmanuel Macron no podían faltar los estudiantes, foco histórico de la contestación en Francia. Una decena de facultades llevan días bloqueadas por todo el país en protesta contra la nueva ley que modifica los procedimientos de acceso a la universidad. Un episodio de violencia en Montpellier a finales de marzo ha llevado a la imputación del decano de la facultad de derecho y de un profesor.

Las imágenes de la noche del 22 al 23 de marzo en un anfiteatro de la facultad de derecho de Montpellier han resucitado el fantasma de los choques, habituales en las aulas de los años setenta, entre estudiantes y grupúsculos de extrema derecha. Y, como dice Le Monde, pueden actuar como “catalizador” de un movimiento por ahora limitado a unos pocos centros educativos. El movimiento refleja un escepticismo con las reformas del presidente en varios sectores sociales. Además de los ferroviarios, funcionarios, jubilados y personal de Air France protestan en la llamada primavera social. Los estudiantes han organizado movilizaciones en ciudades como Toulouse, Nancy, Rouen y Burdeos, además de Montpellier y París.

Varios guardias de una empresa privada de seguridad custodiaban el viernes, último día lectivo antes del largo fin de semana de Pascua, la entrada del edificio de la calle Tolbiac de la Universidad Panteón-Sorbona, en París, donde decenas de estudiantes permanecían encerrados desde el lunes anterior. Los guardias impedían la entrada de periodistas y de nuevos estudiantes. “Fac en huelga. Ocupada y bloqueada”, se leía en una sábana colgada de la verja que protege la entrada del edificio de 22 pisos, ejemplo de la arquitectura moderna de los años setenta.

Un estudiante en traje y corbata daba explicaciones frente a la entrada. “El proyecto de ley instaura la selección en la universidad. Nos movilizamos contra esto , pero también contra el desmantelamiento del servicio público”, dijo el estudiante de tercero de historia, Edgar Le Bras, de 20 años. “Se trata de construir un movimiento y una correlación de fuerzas”, añadió. “Sé que algunos estudiantes no aprecian lo que estamos haciendo y nos dicen: ‘No sois serios, no nos dejáis continuar nuestros estudios’. A lo que nosotros respondemos: ‘Cuando eres universitario eres el primer afectado por la reforma universitaria’. ¿Quién no es serio? ¿El que se interesa por los movimientos políticos de su época? ¿O el que va a sus clases y permite que el sistema público se hunda?” “Este no es representativo”, avisó otro estudiante, detrás de la verja, tras la conversación. “¡Lleva corbata!”

“Hago un llamamiento a los ocupantes: salvemos el semestre, es su responsabilidad. Les cedo un lugar de debate permanente donde podrán debatir de todo lo que quieran, en el respeto y la dignidad”, había dicho unas horas antes a la cadena France Culture George Haddad, presidente de la Universidad Panteón-Sorbona. “Pero respetad también el 99% de estudiantes de la universidad que quieren tener su diploma, y que lo necesitan”. La ministra de Educación Superior, Frédérique Vidal, ha pedido evitar la violencia y que los exámenes puedan celebrarse en condiciones.

La movilización estudiantil, que está lejos de ser mayoritaria, coincide con el aniversario de la revuelta de 1968, que precisamente tuvo en el movimiento estudiantil su epicentro. Desde esa fecha, toda protesta en Francia se ha medido con la del mayo del 68. “Es la imagen de una movilización estudiantil que funcionó”, dice Le Bras, que nació treinta años después. También se asocia mayo del 68, y los años posteriores, con la violencia entre estudiantes de extrema izquierda y extrema derecha.

En las imágenes de Montpellier, difundidas por varios medios de comunicación, pueden verse hombres encapuchados y con palos irrumpiendo en el anfiteatro de derecho y golpeando a los estudiantes. El decano, Philippe Pétel, y un profesor, Jean-Luc Coronel de Boissezon, fueron inculpados el jueves por “complicidad en una intrusión” y por “complicidad en una intrusión y violencias reincidentes”. A Pétel, que ha dimitido del cargo, se le acusa de permitir la entrada de los encapuchados para desalojar a los estudiantes. Algunos testimonios, citados por la agencia France Presse, aseguran que Coronel de Boissezon pudo haber participado en los actos de violencia.

El País

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