¿Es una pestilencia?

Tihuatlán, ver.- Por años, vecinos de la colonia San Juan han soportado los nauseabundos olores que emanan del canal de aguas negras, donde descargan todos los desechos líquidos que resultan de la matanza en el rastro que administran los granaderos.

Ayer al medio día, el arroyo estaba saturado de sangre y vísceras producto del sacrificio de animales. La corriente era roja, y los zopilotes se daban gran festín, lo que para decenas de familias que habitan en esa zona representa un espectáculo denigrante para la importancia del municipio, además de que el grado de contaminación es excesivo tanto para el agua, tierra y aire.

La señora Regina, vive exactamente frente al lugar más crítico del afluente, y frente a su casa es donde las aves de rapiña sobrevuelan el área o se alimentan de esa carroña.

Manifestó que vive encerrada no tanto por  el miedo a la delincuencia, sino para evitar que los fetidos olores invadan su casa, pues hasta a la hora de la comida hay que soportar esa asquerosidad.

Manifestó que ya fue al Ayuntamiento hasta en tres ocasiones, pero en todos  los casos le dijeron que nada pueden hacer, pues se trata de un drenaje particular. Pero, ¿y las sanciones establecidas en los reglamentos de Ecología, entre otras dependencias, donde quedan?.

Doña Regina invitó a todos esos funcionarios a que vayan a comer a esa zona, para ver si soportan esos hedores, y ya que nada quieren hacer al respecto.

En cuanto a los ganaderos, ya se les ha pedido que incorporen el drenaje a la red general, pero nada quieren gastar en ese sentido, y tampoco les importa la contaminación que generan.

Sin apoyo oficial, decenas de familias están indefensas ante este grave problema, y aunque algunas personas ya se acostumbraron a vivir así, muchas otras no deja de lado que esa anomalía daña severamente su salud.

POR SABINO BAUTISTA JUÁREZ

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