Eréndira y la resistencia Purépecha a los Españoles | La Opinión de Poza Rica

Eréndira y la resistencia Purépecha a los Españoles

La princesa Eréndira fue una integrante de la nobleza P’urhépecha que vivió entre 1503 y 1529, en la época en que los españoles llegaron a Michoacán. Tenía 16 ó 17 años cuando los españoles invadieron México. Fue hija del cazonci purépecha, Tangáxoan Tzíntzicha, quien se rindió ante los españoles tras la caída del Estado mexica en 1521. Su nombre purépecha Erendirha significa «Mañana risueña».

La biografía de la princesa Eréndira y su papel como heroína aparece por primera vez en el libro de Eduardo Ruiz Michoacán, Paisajes, Tradiciones y Leyendas (1891), y está basada supuestamente en una tradición michoacana. Es posible que contenga pasajes que no necesariamente hayan sido reales.

De acuerdo con ella, Eréndira fue la líder de la resistencia purépecha contra los españoles. Eréndira aparece en el mural pintado por Juan O’Gorman en la biblioteca pública Gertrudis Bocanegra de Pátzcuaro. El cineasta Juan Mora Catlett llevó en 2007 esta historia a la pantalla, en la película Eréndira Ikikunari (la Indomable). A continuación leeremos la narración de los hechos por Antonio Esquivel Rivera, es un poco larga, pero te prometo no te vas a arrepentír.

«El esplendor económico y social del imperio purépecha, bajo el reinado del venerable rey Ziguangua, se manifestaba en la vida apacible y tranquila de sus habitantes. Entre los consejeros, del viejo monarca, destacaba Timas, respetable por sus opiniones y sugerencias que fortalecían las decisiones de los nobles ancianos en beneficio de todo del reino.

Timas tenía una hija llamada Eréndira quien irradiaba la belleza de sus dieciocho años y particularmente su sonrisa que la distinguía de todas las demás doncellas y que en mucho le ganaban la admiración y cariño haciendo que en sus ojos negros se anidara también la alegría del sol purépecha.

Entre los jóvenes admiradores de la princesa estaba Nahuma, capitán general del ejército michoacano, cuyos pensamientos se diluían en el viento y en las aguas del lago, en las siluetas de las montañas, acompañados siempre de la imagen del bello rostro de Eréndira. La vitalidad del viejo rey Ziguangua se consumió y como sucesor es nombrado su hijo Timzincha. Timas continuó orientando con su sabiduría al nuevo monarca y Nahuma siguió al frente de los jóvenes guerreros.

Princesa

En los horizontes, a pesar de la vida tranquila, se esparcen preocupantes noticias que hablan de bárbaros invasores, enviados por dioses sedientos de venganza, que arrasan con sus lenguas de fuego el esplendor de las casas de sus ancestros. Las canciones, cerca del lago, se escuchan tristes, mientras los guerreros en silencio aprestaban sus corazones para la lucha, inspirados en el orgullo de ser una raza invencible. El corazón de Eréndira se entristece al imaginar que las cristalinas y frescas aguas que sentía en sus manos pudieran teñirse de la sangre de sus hermanos y que el viento alegre de los árboles fueran lamentos y gritos de dolor de los niños y las doncellas o que el fuego renovador fueran crepitantes burlas de dioses lejanos y desconocidos.

Las palabras que venían de lontananza llenaban de zozobra los corazones de los guerreros. La luna salía temerosa y su reflejo en el lago encontraba la firme mirada de Eréndira llena de deseo de perpetuar en las nubes y en cielo la libertad de la tierra que la vio nacer. Los invasores se acercaban y su presencia no deseada se adhería en los pétalos de las flores, en las lúgubres sombras de los bosques y en el agua cristalina de los arroyos. En la sonrisa de la altiva princesa se observaba una imperceptible mueca de odio que también se incrustaba en las palabras que dirigía al venerable Timas: Padre mío: raíz de mi sangre no permitas que la debilidad y el temor detengan el vuelo del espíritu guerrero de nuestras águilas. Que nuestros hombres no dobleguen su deseo de defender estas tierras para que nuestros hijos vivan en el eterno jardín de felicidad que nuestros dioses prometieron. Que la mano que detendrá al enemigo no sea débil y nunca haya deseo de estrechar esas manos que se han lavado con la sangre de nuestros hermanos. El viejo Timas miraba a la doncella, se sentía orgulloso de ella y al hablarle buscaba que sus palabras le trasmitieran la tranquilidad necesaria ante los temores que invadían a todos:

Debemos ser pacientes hija mía, esperemos el mensaje de nuestros enviados que están en las fronteras de nuestro imperio. Deseamos que los invasores detengan sus ansias de destrucción. Debemos proteger a nuestros descendientes y pedir a nuestras divinidades que logren perpetuar los cantos floridos de paz y esperanza. Eréndira, haciendo eco de las palabras del noble Timas, se dirigía a las mujeres y niños orientándolos para protegerse de las posibles agresiones y peligros a los que habría que enfrentarse y ayudarse en los momentos más críticos de la lucha. En el corazón de Nahuma, al dirigirse hacía Taximaroa, repercutían las palabras de Eréndira; su ilusión por unirse con la princesa estaba atada a la libertad misma que pudiera mantenerse en el viento y tierras del imperio. La voz de su amada se había convertido en esencia de la tierra misma, recordándole las promesas de amor en cada flor que encontraba en el camino, en el vuelo del águila o en el espejo de alguna laguna:

Mi cuerpo entregaré si proteges la inmaculada claridad de las aguas del reino, si cuidas que el enemigo no destruya nuestras casas. Serán tuyos mis pensamientos y corazón por siempre para ver el color de nuestras flores, de nuestros jardines y campos donde habrá de crecer la semilla de libertad y amor donde nosotros podremos ver crecer felices a nuestros hijos y decirles que nunca nadie pudo mancillar nuestras tierras. Nahuma, luchemos para proteger lo que es nuestro. No muy lejos los conquistadores se organizaron para enfrentar a los invencibles tarascos. Hernán Cortés seleccionó a Cristóbal de Olid, a uno de sus mejores hombres, para enfrentarlos. Nahuma al frente del ejercito tarasco llegó al pueblo de Taximaroa, cercano a los límites del imperio; el escenario era tenso pues se percibía en el aire el deseo de defender al gran pueblo de pescadores mientras los conquistadores alentados por los triunfos que habían logrado en algunos pueblos indígenas y por la adhesión a su ejercito de otros considerables grupos conquistados que se unían más la animadversión y deseos de venganzas fratricidas, avanzaban sin temores hacía las tierras tarascas. Nahuma y sus acompañantes corroboraban con sus ojos lo que habían escuchado: armas que lanzaban fuego y muerte, gritos y miedo ante aquellos seres monstruosos que se sometían inexplicablemente al cuerpo, manos y voz del bárbaro y se convertían en un torbellino violento de destrucción. La fuerza y decisión de los españoles no encontraban obstáculo al acercarse al ejército que los esperaba y que daba señales de una espera paciente y silenciosa. Los centinelas del horizonte fueron testigos de los esfuerzos para detener a costa de la propia vida a quienes en sus manos llevaban una luz fulminante y principalmente aquellas bestias que los dispersaron e hicieron huir o debilitaron sus manos y gritos de guerra. La noticia de la derrota para quienes habían mantenido su esencia guerrera invencible llegó al rey Tzimzincha, quien buscó en sus consejeros el camino; sin evitarlo sus temores traicionaron el ideal de quienes buscaban enfrentar nuevamente, allí en el corazón tarasco a aquellos invasores que no se saciaban de la sangre derramada. El rey optó por abandonar el pueblo y refugiarse en Uruapan. Eréndira y Timas vieron tristemente la actitud del monarca y ellos, decididos buscaron reunir a gente con espíritu combativo y dispuesta a luchar por su tierra y amado pueblo. Eréndira alentaba a las mujeres y niños a refugiarse en los alrededores, lejos del peligro y a los jóvenes a confiar en la fuerza que daría la victoria sobre los invasores.

Nahuma observaba a lo lejos las acciones de su amada sin atreverse a acercarse ni a mirarle a los ojos. Su espíritu combativo estaba anclado a la derrota y en la duda de volver a enfrentar a los conquistadores o entregarse a los dioses ajenos y con ello su vida, sometiéndose a la esclavitud y odios entre hermanos de sangre. Cristóbal de Olid se acercaba al pueblo tarasco. La seguridad la manifestaba en cada paso y avance después de haber derrotado en esa primera batalla a aquel pueblo que otrora había sido invencible. La pretensión de riquezas y extender los dominios de aquellos hermosos lugares le hicieron estar frente a la capital del imperio tarasco. El grito guerrero de los michoacanos se escuchó en el eco del lago y en las pequeñas islas Cruzaron el cielo nuevamente las lanzas, piedras cargadas de furia e impotencia ante las armas superiores del invasor y de las bestias que arrollaban y ahogaban los gritos que defendían aquellos horizontes. El sol se teñía de la sangre joven. Las voces iban disminuyendo mientras aumentaba el sudor de los caballos y el olor a pólvora. En aquel escenario se fue erigiendo una nueva victoria de los españoles. En vano los escudos indígenas rechazaban los tenues rayos del sol sin poder detener la furia española y de los aliados. Nahuma escuchaba impasible a lo lejos las arengas que se escuchan debates y es cada vez más fuerte su deseo de entregarse sin oponer resistencia. La voz de su amada se pierde y decide enviar el mensaje para manifestar la sumisión al poderoso. El repliegue de aguerridos purépechas en los lejanos montes incitados por Eréndira buscando reorganizarlos y continuar en la lucha de la oportunidad a Nahuma para dócilmente inclinarse ante los españoles. La princesa tarasca ve con tristeza y amargura, a lo lejos la cobardía de su amado y el grupo que le sigue, sus lágrimas no puede contener por la traición de quien le había jurado seguirla en su lucha por preservar la libertad de su tierra amada. Los conquistadores celebraron el triunfo en el corazón del imperio tarasco. Destruyeron los símbolos que los ataban a la raíz de sus creencias de ser invencibles y de que solo su mundo se extendía hasta donde sus dioses les habían dejado mirar.

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