El pueblo del sol

Los aztecas eran llamados “el pueblo del sol” porque este era el astro que más veneraban. Para las culturas antiguas de México el Sol jugó un papel fundamental en la concepción del Mundo.

Los astrónomos prehispánicos alcanzaron gran maestría en la observación solar y por fortuna aún subsisten testimonios de este culto, movido por un sentimiento religioso.

Cosmovisión del Sol

De acuerdo a la concepción mesoamericana del Cosmos, el Universo está constituido, en parte, por varios niveles superiores o cielos, uno de los cuales está ocupado precisamente por el Sol, este es el llamado Ilhuícatl Tonatíuh (o cielo del Sol) donde realiza su movimiento diurno, asociado a Huizilopochtli.La cosmogonía náhuatl establece que los movimientos del Sol determinaron las características de las grandes edades del mundo o soles; así, en cada una de ellas, existieron diferentes deidades que se transformaron en el Sol mismo.

Después de cuatro edades de diferente duración, el quinto Sol, que es en el que vivimos, tiene como nombre también nahui ollín (cuatro movimiento).

Tal nombre indica que el Sol se encuentra en movimiento gracias al sacrificio de los patrones , sin embargo, también señala que el fin del mundo vendrá con terremotos y hambre.

Nahui ollín era por lo tanto, otro nombre asignado al Sol, su jeroglífico formado por dos aspas, enmarca el rostro de Tonatíuh (el que va calentando, alumbrando) en la Piedra del Sol. Algunos autores consideran que este jeroglífico representa gráficamente el curso aparente del Sol durante un año (es decir, señalando las posiciones extremas del Sol en los solsticios).La arquitectura en el Pueblo del Sol
Por supuesto que la regularidad y la notoriedad de su movimiento aparente, hizo del Sol el objeto celeste más observado en Mesoamérica. De hecho existen en las fuentes históricas del siglo XVI con algunas referencias a la utilización de observaciones solares para usos calendáricos y arquitectónicos.

Como ejemplo, era usado como guía para registrar la sombra proyectada cuando el Sol se encuentra en el horizonte “contaba el año del equinoccio por marzo, cuando el Sol hacía derecha la sombra y luego se sentía que el Sol subía, contaban el primer día…”

Por otro lado el franciscano Motolinia, afirma que la fiesta llamada Tlacaxipehualiztli (desollamiento de hombres) se realizaba cuando el Sol “caía en medio de Uclilobos (Templo de Huitzilopochtli en Tenochtitlán), que era equinoccio…”.

Esto demuestra el uso de estructuras arquitectónicas (en este caso el Templo Mayor) para registrar un fenómeno astronómico. La importancia de esta práctica también queda comprobada en los informes de Motolinia, que debido a un pequeño desalineamiento del Templo Mayor, respecto al evento equinoccial, el emperador Moctezuma I mandó derribarlo y reconstruirlo orientado correctamente.

Cuando al observar un ilhuicatlamatini (astrólogo mexica) el movimiento solar día a día, pronto pudo percatarse de que existían varios puntos en el horizonte que indicaban posiciones particulares del Sol en el momento de su salida y de su puesta.

Así, por cada horizonte (oriente/occidente), se tenían dos puntos solsticiales en los que el Sol aparentaba detenerse; el punto medio de la trayectoria entre ambos solsticios, llamado punto equinoccial, porque corresponde a una igual duración de la noche y del día.

Finalmente se tendría el punto asociado al día en que el Sol alcanza el cénit, lo que sucede en Mesoamérica dos veces al año.

Arquitectura de Tenochtitlán, el pueblo del sol

El momento del contacto del disco solar con el horizonte está plasmado estupendamente en el Códice Telleriano-Remensis, Tlalchitonatíuh (Sol sobre la Tierra), aparece en el momento en el que empezará a ser devorado por el Monstruo de la Tierra, es el crepúsculo, el ocaso del Sol. A partir de este momento, en el transcurso de dos minutos, el disco solar desaparecerá bajo el horizonte.

Al otro día en el oriente, el ilhuicatlamatini saludaría a Tonatíuh diciendo:“ha salido el Sol, el que hace el calor, el niño precioso, águila que asciende, ¿cómo seguirá su camino?, ¿cómo haré el día?…”. Aquí la identificación del Sol como el águila (cuauhtli) la que también daba, junto con el ocelotl, nombre a una orden guerrera de élite, que tenía al Sol como patrón.

 

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