El mundo Linux se tambalea ante un nuevo código de conducta que plantea el fin de la meritocracia

La que se ha montado en el mundo Linux. Cuando Linus Torvalds se disculpaba hace unos días por su forma de tratar a los desarrolladores estos últimos años no imaginaba que esas declaraciones detonarían una situación que para algunos podría amenazar el futuro de diversos proyectos Open Source, Linux incluido.

Todo ha partido de un pequeño grupo de programadores, que han impulsado un nuevo Código de Conducta (CoC). Dicho documento dejaría atrás el tradicional modelo de meritocracia en el que se ha basado el desarrollo Open Source durante años. Para algunos desarrolladores eso supone una amenaza a los pilares de este proyecto, y ha surgido una amenaza aún más llamativa: que ciertos desarrolladores “revoquen” sus contribuciones al kernel Linux.

Un nuevo código de conducta lo podría cambiar todo

Tras anunciar sus intenciones en la lista de correo del kernel Linux, Torvalds y otros seis desarrolladores dieron su bendición a un nuevo Código de Conducta que se añadió a la documentación del proyecto con un “commit” más.

Hasta ese momento, los desarrolladores trabajaban bajo el llamado ‘Code of Conflict‘ que precisamente se adoptó en 2015 tras las demandas de un comportamiento más civilizado entre los líderes del proyecto y la comunidad. Si alguien se sentía atacado o maltratado, podía tratar el asunto con el TAB (Technical Advisory Board), que a su vez depende de la Linux Foundation.

Para este organismo —paraguas económico para el desarrollo de Linux—, aquel documento ayudaba a solucionar algunos de los problemas que habían surgido y que afectaban tanto al trato con la comunidad de desarrolladores como a su diversidad. Aquello no fue suficiente para desarrolladoras como Sage Sharp, que abandonó el desarrollo de Linux y se quejó abiertamente por los problemas de comunicación y maltrato que seguían existiendo en esa comunidad.

Como explican en Motherboard, el nuevo Código de Conducta precisamente trata de resolver esas cuestiones y da ejemplos específicos de comportamientos inaceptables tanto en las listas de correo como en reuniones y eventos alrededor de Linux y el open Source, como el uso de “lenguaje o imágenes sexuales”, así como comentarios insultantes o trolling.

El documento es en realidad una adaptación del llamado Contributor Covenant, un documento creado por la desarrolladora Coraline Ada Ehmke en 2014 y que se ha adoptado en más de 40.000 proyectos Open Source. A pesar de ello, algunos han visto esa iniciativa como un ataque de los llamados “guerreros de la justicia social” (Social Justice Warriors, SJW) y eso provocó las iras de ciertos desarrolladores, que acabaron planteando esa nueva amenaza de retirar sus aportaciones revocando las licencias de su código.

La amenaza está en una GPLv2 que permite revocar la licencia

Como veníamos comentando, algunos programadores ven ese nuevo Código de Conducta como un ataque a ese modelo meritocrático —la gente debe ser juzgada por su capacidad, no por sus creencias— y muchos creen que ese “descanso” que Linus Torvalds anunció que se tomaría para reflexionar sobre su actitud con la comunidad de desarrolladores ha sido aprovechado por algunos de ellos para traicionar el espíritu de Linux.

Quienes defienden el modelo tradicional amenazan con revocar la licencia de sus contribuciones al kernel, algo que se puede hacer en el código licenciado con la GPLv2. Esta licencia no contaba con cláusula alguna que especificara una potencial “retirada de la licencia”.

Las implicaciones de esto son enormes: un desarrollador podría “retratactarse” de sus contribuciones al kernel: podrían mantener el código actual, sí, pero tendrían que mantenerlo ellos sin poder consultar el código actualizado por el desarrollador que lo mantiene a partir de ese momento. Como explicaba un comentarista en el artículo de Lulz que explica el desarrollo de los acontecimientos,

El kernel de Linux está licenciado bajo GPL Versión 2. Bajo circunstancias normales lo que esta licencia implica es que el código puede ser copiado y distribuido libremente (y también que el código debe estar disponible con distribuciones binarias, pero eso no es importante aquí). Lo que se vuelve confuso es que quienquiera que haya escrito el código sigue siendo el propietario de los derechos de autor del código con el que contribuyó. Algunos proyectos bajo la GPL como Emacs tienen una política inteligente en la que los mantenedores no aceptan tu código a menos que también entregues el control completo de los derechos de autor. Dado que eres el propietario de los derechos de autor y sólo estás otorgando licencias bajo la GPL, técnicamente puedes eliminar esa licencia en cualquier momento.

Eso no ocurre con la licencia GPLv3 con la que se corrige esa opción de “rescindir” la licencia del código, pero muchos componentes del kernel hacen uso de GPLv2, incluido el propio kernel Linux.

Para esos críticos de la nueva propuesta en el Código de Conducta, el problema está en que de una meritocracia se pasaría a un “espacio seguro” en el que ya no importan los méritos y capacidades de los desarrolladores, sino el hecho de ser “inclusivos” para dar cabida a una amplia diversidad de colaboradores.

Mark Kern, diseñador de videojuegos explicaba cómo esto puede llevar a efectos muy nocivos: de repente el código que se añade a Linux podría no incluirse porque sea bueno, sino porque así hay diversidad y una representación equilibrada de colaboraciones de todo tipo de personas al código base de Linux. “La calidad es secundaria“, concluía en su hilo de protesta en Twitter.

Algunos abogan por esa muerte de la meritocracia: el pasado mes de mayo la propia Ehmke lanzaba el llamado Post-Meritocracy Project, cuyo manifiesto trataba de ofrecer una crítica razonada sobre esta filosofía en la que según Ehmke “el mérito nunca tiene una definición clara; más bien parece una forma de reconocimiento, una confirmación de que ‘esta persona es valiosa en la medida en que es como yo'”.

¿Está Linux en peligro?

Todas estas amenazas han sido valoradas por personalidades como Eric Raymond, que sí afirmaba que la propuesta tenía opciones de acabar planteando problemas reales al futuro de Linux.

Sin embargo otros expertos no coinciden con Raymond. Jonathan Corbet, fundador de LWN.net, un conocido medio en el que se habla de la actualidad de Linux, afirmaba que “la GPL es una licencia que como muchas otras incluye condiciones de cancelación. ‘He cambiado de opinión’ no está entre esas condiciones”, explicaba, destacando que el caos que provocaría el hecho de que los desarrolladores pudieran revocar sus licencias sería enorme.

De hecho, añade Corbet, “ningún desarrollador se hecho algo parecido, y todos los que están hablando de rescindir licencias en las listas de correo son gente que está fuera de la comunidad de desarrolladores del kernel”. Aún ocurriendo algo así, indicaba, es probable que otros pudieran reemplazar ese código para solucionar el problema.

No sabemos qué ocurrirá finalmente, pero lo cierto es que el mundo Linux está más convulso que nunca, y las implicaciones de cualquier cambio radical en la marcha del proyecto podrían ser enormes.

Puede que este sistema operativo no haya cuajado nunca en entornos de escritorio, pero Linux es la base de Android y buena parte del segmento de los servidores, centros de datos y supercomputadores en todo el mundo aprovecha este desarrollo para su funcionamiento. Así pues, habrá que estar muy atentos.

 

Xataka

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