El mensajero que traicionó a Cuauhtemoc y evitó la derrota de los españoles

Cuando Cuauhtemoc se entregó a Cortés en Tenochtitlan, ya todo estaba perdido, la gente moría de hambre y la enfermedad se extendía como una plaga nunca antes vista por lo que la caída de la gran capital mexica era inminente.

Una vez que Cortés tomó el control de la ciudad, se dirigió al sur para someter mas ciudades, pero la fatiga y el desconocimiento del terreno eran cada vez mayores y los españoles comenzaron a desesperarse, es así como en las selvas del sur, Cuauhtemoc vió una oportunidad que decidió tomar:

cuauhtemoc

Estas palabras de Cuauhtemoc dirigidas al señor chontal de Izankanak   Pax Bolón, allá en Tuzkahá, cuando envío a sus mensajeros para dar aviso sobre la llegada de los homres blancos y fueron recogidas por la versión maya:

“Señor Ahau (rey), estos españoles vendrán tiempo que nos den mucho trabajo y nos hagan mucho mal y que matarán a nuestros pueblos. Yo soy de parecer que los matemos, que yo traigo mucha gente y vosotros sois muchos”.

Pero Pax Bolón evadió aquella proposición contestando a Cuauhtemoc:

“Veréme en ello, dejadlo ahora, que trataremos en ello”

El Ahau de Izankanak era un corazón vacilante y cobarde; primero había rehuido presentarse a Cortés, había simulado haber muerto unos días antes; pero informado Cortés por otro cacique maya, requirió al hijo de Pax Bolón para que le llevara a éste. El documento chontal, por su puesto calla esta simulación y presenta a Pax Bolón aceptando el veredicto de la tribuo que le ordena no presentarse a los blancos. Finalmente llegó con su séquito ante el conquistador de los Culúa o mexicanos y se entregó en paz…

Cortés es explícito en relación a la conjura. La traición de los señores le fue comuincada por Costemexi:

“Habían hablado muchas veces y dado cuenta de ello a este Mexicalcingo (Costemexi), diciendo cómo estaban desposeídos de sus tierras y señoríos y los mandaban los españoles, y que serían bien que buscanse algún remedio para que las tornasen a señorear y a poseer, y que hablando en ello muchas veces en este camino les había parecido que era buen remedio tener manera como me matasen a mí y a los que conmigo iban, y después de apellidando la gente de aquellas partes, hasta matar a Cristóbal de Olid y la gente que con él estaba, y enviar a sus mensajeros a la ciudad de Tenochtitlan para que matasen a todos los españoles que en ella habían quedado, porque les parecía que lo podían hacer muy ligeramente , siendo así que todos los que quedaban aquí eran de los que habían venido nuevamente, que no sabían las cosas de la guerra, y que acabando de hacer ellos lo que pensaban irían apellidando juntando consigo toda la tierra por todas las villas y lugares donde hubiese españoles, hasta los matar y acabar todos, y que hecho esto pondrían en todos los puertos de la mar recias guarniciones de gente para que ningún navío que viniese se les espacapase, de manera que no pudiesen volver de nuevo a Castilla; y así serían señores como antes lo eran…”

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Todas las fuentes históricas (Cortés, Ixtlilxochitl, Chimalpahin, Anales de Tlatelolco, etc.) recuerdan el nombre del denunciante, el mexicalcinca Coztemexi; pero en tanto que las fuentas indígenas mexica (Anales de Tlatelolco) y texcocana (Ixtlilxochitl) niegan la existencia de una conspiración, el testimonio español (Cortés y Bernal Díaz), la aceptan como plenamente probada.

El tercer testimonio, ajeno a conquistadores y vencidos, el de los mayas chontales, ha venido a sumarse a las pruebas de la existencia de las pláticas de los principes mexicanos destinadas a destruír el poderío español, acabando con el jefe militar.

En consecuencia, Cortés actuó con rapidez, en forma sigilosa, se aprehendió a los señores y sumariamente tomó información de ellos, condenando a muerte a Cuauhtemoc y a Tetlepanquetzaltzin, aunque otras fuentes añanden a Coanacochtzin de Texococo.

Las fuentes españolas, añaden que Cuauhtemoc fue sometido a un interrogatorio, y que despuès de confesar, fue sentenciado a muerte por Cortés. Bernal Díaz dice que el soberano de México reconoció haber asistido a las pláticas, pero no haber partido de él éstas; sin embargo el señor de Tacuba, Tetlepanquetzaltzin, más explícito, añadió que Cuauhtemoc y él habían dicho:

“…que mas valía morir de una vez que morir cada día en el camino viendo la gran hambre que pasaban los macehuales (labriegos o gente del pueblo) y parientes”

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TÚÚL

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