El ‘Juego de Pelota’ no está muerto: así se ve, se juega y se vive en México

Solo dos golpes a la pelota y la cadera ya me pide detenerme para que le dé masajes por los contundentes golpes. Una pelota puede llegar a pesar hasta cinco kilogramos, pero a la que yo le he (mal) asestado apenas un par de golpes pesa apenas dos kilos y medio, y es en realidad la que se usa en los juegos de pelota con participantes mujeres.

El estándar en juegos con hombres sube a los tres kilos y medio.

Pero, como todo, hay una técnica para pegarle. Primero, encontrar en uno el hueso de la cadera más prominente al lateral. Luego, si usted pudo hacer lo que a mí me pareció una colosal tarea, forme cuatro dedos al sur del hueso. Esa es la región con la que uno debe pegarle a la pelota para conseguir el mejor impacto, evitar las peores lesiones, y conseguir que la pelota fluya en su movimiento.

Porque la pelota, como quienes juegan, todos tienen un papel a desempeñar en la cosmovisión de nuestros ancestros precolombinos. El juego de pelota es la representación del cosmos, y mientras que los ulankes (jugadores) son los astros, la pelota representa el sol, y como tal nunca debe detenerse. Los ulankes, también en constante movimiento, jamás deben tocarse, hacerlo representaría un fenómeno gravísimo, una explosión monumental que pondría a prueba a la naturaleza misma y podría desencadenar en la muerte del sol, y por tanto de la vida.

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Giovanni Navarro ha aprendido de esto paulatinamente. Su primer contacto fue más o menos como el mío, pero a dos años y medio de aquel primer acercamiento con el juego de pelota, le dedica gran parte de su tiempo a practicarlo en ceremonias prehispánicas, y por ratos, como instructor en la nueva cancha ubicada en el Faro Oriente Azcapotzalco.

“Cuando comienzas a conocer un deporte nuevo y sientes que ya lo tienes dominado, no lo tienes dominado”

Un buen día, un amigo le dijo que practicaran juego de pelota y Giovanni gustoso aceptó, sin saber que la recompensa sería una serie de moretones “de todos los colores posibles” según cuenta. También se ha llevado tres lesiones de mayor magnitud, dos en la misma rodilla, y una más en la cadera, todo por no tener la técnica adecuada para pegarle a la pelota.

Pero si de ‘Ulama’ (la disciplina de juego de pelota que él juega) se trata, todos podemos aprender de acuerdo a Giovanni. Mi cadera no está muy segura.

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Comenzar a practicar es encontrar la técnica, aprender los movimientos, y preparar al cuerpo para recibir los golpes.

Empezando con ‘Ulama de antebrazo’, en el que solo se utilizan los brazos para consagrar el movimiento fluido de la pelota, siete meses le bastaron para llegar a la modalidad de juego de pelota más conocida en México, el ‘Ulama de cadera’. Similar a nuestros ancestros, aquello consiste en hacer ir y venir la pelota solo con los golpes de aquella zona difícil de encontar para los novatos que les he platicado, y con la que, según atestiguan mis ojos, se puede hacer maravillas.

He visto a Giovanni golpear aquella pelota de hule a ras de suelo, en los aires, e incluso levantarla a no menos de un metro por encima de su cabeza. El truco, según he alcanzado a notar, es comenzar a pensar con la cadera, y elucubrar -de manera muy ágil- cómo hacer que la cadera de uno llegue a donde la pelota estará.

Y aquí es donde el juego de pelota sirve para autoconocerse. El sol, representado en la pelota, ayudaba a los ancestros a hacerlo, no solo de manera física, sino también mental y espiritual. Los juegos no eran a menudo, pues requería de una ardua preparación. Jugar ‘Ulama’ era la forma de representar la cosmovisión de nuestros ancestros mexicas, aunque, según se sabe, su importancia es tal que prácticamente toda cultura mesoamericana importante le practicaba.

La cancha y la pelota

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Cuando escribí sobre la apertura oficial de la cancha de juego de pelota en el Faro de Oriente Azcapotzalco, no habría imaginado que todo esto fuera tan complejo, ni tan especial. Para empezar, el recinto está hecho como réplica de la cancha de juego de pelota que está en Chichén Itzá, con la particularidad que esta, al no pertenecer a una zona arqueológica, puede ser usada realmente para jugar.

Sus medidas: 32 por 12 metros, suficientes para que dos equipos nutridos de hasta seis personas practiquen el ‘Ulama de cadera’ o cualquiera otra modalidad del juego.

“Comenzamos con técnicas de antebrazo y poco a poco mejorándolas, con base en dolor, te voy a ser honesto, porque las pelotas sí están duras.”

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Las dos paredes de al menos tres metros de alto que sirven para contener el área de juego, se alzan sobre lo que fue alguna vez, un enorme tiradero de más de 7,000 metros cuadrados. Ahí se ha colocado el Faro de Oriente de Azcapotzalco, en lo que parece no solo una buena forma de redignificar espacios y reinventarlos para usarles como herrramienta de difusión cultural y rescate de nuestras raíces, sino también una metáfora hecha a la medida del juego de pelota, y el cómo su conocimiento ha reverdecido en las últimas décadas.

“Todo esto ha sido un trabajo no solo de nosotros, sino de mucha gente a lo largo de los últimos 500 años” dice Juan Zamudio, el encargado del centro cultural. Su materia de conocimiento es la danza, en especial la precolombina, pero, luego de insistirle un poco y juguetear con la pelota en la cancha, casi hasta se anima a darle su primer golpe de cadera.

Desde luego que la pelota no es una que se compre en una plaza comercial cualquiera. Hasta en su porducción se guarda una tradición de manufactura. Los encargados de salvaguardar el proceso ha sido la familia Lizárraga Covarrubias de Sinaloa, misma de la que proviene uno de los instructores del ‘Ulama’ más conocidos y populares en México de nombre José.

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Hoy en día la manufactura de las pelotas no solo le corresponde a la familia Lizárraga Covarrubias. Muchos otros han aprendido a hacer sus propias pelotas, pero, pelota que se respete, está hecha a base de hule natural del árbol de castilla, nativo por cierto del sur de México y Centroamérica.

Pesada, pero con mucho rebote, la pelota suena hueca, lo que pareciera contradecir el enorme peso que tiene, y huele como si un mini arbol viviera en su interior. En la superficie un sinfín de irregularidades se impregnan a consecuencia de los miles de rebotes sobre diversas superficies que ha tocado.

Sus precios van de los 5,000 a los 35,000 pesos cuenta Giovanni, siempre dependiendo del peso. Entre más peso, más cara es.

De juegos de pelota a juegos de pelota

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No todos los juegos de pelota son iguales. Al ser enormemente popular en las culturas mesoamericanas, su diversificación forma parte de aquello que se intenta rescatar hoy en día. El ‘Ulama de brazo‘ y ‘Ulama de cadera‘ son aquellos en los que Giovanni tiene más experiencia, e incluso hay una forma de juego que les combina.

También está el ‘Ulama de mazo‘ popular entre las culturas purépecha y teotihuacana, en donde con ayuda de un bastón se ejecutaba el ir y venir de la pelota. El bastón además de ser pesado mide aproximadamente un metro de largo.

Mientras tanto, en la modalidad zapoteca los movimientos se concretan con ayuda de un guante, uno cuya base es un guante convencional de beisballpero que está forrado con cámara de llanta vulcanizada de coche. El resultado es un monstruoso aditamento con peso de 5 kilogramos.

Azcapotzalco 2018 ofrenda en la nueva cancha de juego de pelota Teotihuacan__Ciudad de México Tiahuiii!

Publicado por Cemanyan Nepanolli en Miércoles, 21 de marzo de 2018

En el ‘Ulama de cadera’ las reglas son las siguientes: los equipos pueden conformarse por de tres a seis personas, y el objetivo es acumular más puntos. En justas deportivas los puntos se consiguen con una gran variedad de jugadas, donde la constante siempre es acorralar al equipo contrario en su zona.

Los equipos tienen un carril para moverse hacia delante y hacia atrás, de aproximadamente metro y medio de longitud. A lo largo, una raya exactamente a la mitad divide los dos territorios de cada equipo, y además, se traza otras líneas detrás de donde el equipo se posiciona. Cada vez que el equipo se vea obligado a retroceder hasta ella se pierden tres puntos.

El juego se hace en dos divisiones, de 20 minutos cada parte para hombres, y 15 minutos para mujeres.

La dualidad

José Lizárraga Cuevas cuenta que hace mucho tiempo el juego cósmico era un deporte de observación. Los sacerdotes veían los movimientos de los jugadores y les ayudaba a trazar las estrellas, los planetas, y sus trayectorias. Personificar los astros es una práctica relativamente común en casi cualquier cultura, pero no son muchas las que se basan en un juego para hacerlo.

Pero no, el juego de pelota no está necesariamente vinculado de manera inherente a los sacrificios humanos. Sin embargo, Lizárraga, entrenador de la Asociación de Juego de Pelota Measoamericana (Ajupeme) reconoce que los juegos sí podían celebrarse para decidir sobre si un pueblo habría de ir a la guerra, para decidir el destino de prisioneros de otros grupos, e incluso para poner en juego esclavos, cosechas o mujeres.

Otras versiones apuntan haber encontrado evidencia que vincula los sacrificios con el ritual, e incluso, se basan en el libro maya más sagrado para hacer tales referencias: el Popol Vuh.

La interpretación explica que los ganadores del Juego de Pelota se harían con el honor de ser sacrificados, en una ceremonia que tiene como fin último renovar la vida misma.

Además, en tallados localizados en Chichén Itzá, se presume haber encontrado referencias a que las muertes de los ganadores serían hechas a través de su decapitación, y que los cuerpos pudieron haberse utilizado en otras ceremonias, ‘con serpientes emergiendo de ellos’.

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Otros analistas discrepan de la asociación entre decapitaciones y juegos de pelota, pues aseguran que en una lectura cuidadosa de los mitos del Popol Vuh dicha correlación no existe.

Otras referencias se han encontrado aludiendo a la posibilidad de que las cabezas se usaran como bolas para juegos, pero no queda claro si se trata de mitos que podrían estar inspirados en la práctica regular del juego, o solo parte de las metáforas al estilo en que las culturas proyectaban su cosmogonía en el juego.

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Con todo, el juego de pelota ha visto pocas buenas épocas como la actual. La difusión sigue careciendo, pero hoy en día hay 24 equipos en México y seis infantiles.

Pero no todo es el deporte. Para Juan el verdadero significado del ‘Ulama’ tiene poco que ver con el pensamiento deportivo. Y es que el deporte tiene como pensamiento original la competencia, y por tanto el ganar. El auténtico ‘Ulama’ significa reconocer la otredad, pero no como ajena, no como algo con lo que se pueda competir. Enmedio de esta macrovisión del cosmos y personificación de astros que representa, no hay espacio para ello.

Visto así, el juego de pelota es es emblema de la dualidad. Por una parte los humanos y por otro el cobijo que nos dan los astros. Por un lado la obvia preparación física, pero también la espiritualidad, aquella que llega cuando los jugadores se perciben como parte de un cosmos. Por una parte el hombre y la mujer, por otro el hombre y la fecundación de la tierra.

Las ceremonias de juego de pelota era un homenaje a la naturaleza, pero, cuando se habla de deporte, la naturaleza se deja del lado.

Giovanni, gustoso del campo deportivo, concuerda aquí también. Como parte de Cemanyan Neopalli, un equipo que recientemente quedó en segundo lugar en Ciudad de México, dice sentirse afortunado de haber quedado allí, pues en la victoria se pierde el espíritu de origen del juego. Cuando se gana o se pierde es porque hay un árbitro de por medio, y siempre hay un jugador mejor que otro.

Una visión “contaminada”

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“Nuestros juegos no son para eso” dice Juan. Venimos de una mentalidad que ha sido contaminada y que poco tiene que ver con la raíz del juego de pelota. El encargado del Faro Oriente Azcapotzalco ve la combinación de ambas modalidades, como algo necesario. “Esto ha tenido que fusionarse con lo otro” porque la manera más fácil de potenciar los alcances del ‘Umala’ son a través de su conocimiento como deporte.

Aquí no hay ‘cáscaras’, porque no hay competencia.

Por ello Giovanni y el equipo de ‘Umala’ en el que está no solo hacen exhibiciones en justas deportivas, sino como parte de ceremonias entre grupos que pretenden rescatar nuestra cosmogonía ancestral, como por ejemplo, en la transferencia de Apantlis entre Calpullis en la ciudad.

Los Calpullis eran antiguamente unidades sociales compuestas por familias emparentadas entre ellas. Hoy en día hay varios Calpullis en Ciudad de México, y cada cada fin de mes mexica, en donde los meses se componen de veintenas (salvo el último mes que tiene cinco días), se reune un Calpulli con otro para ceder el Apantli, una bandera que significa el ciclo en el que estamos. En la ceremonia no solo se cede el manto, sino que también se saluda a los cuatro vientos, y en el más reciente celebrado en el Monumento a la Revolución, el equipo Cemanyan ha hecho una exhibición de ‘Umala de cadera’.

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Los curiosos no faltaron, los extranjeros curiosos tampoco, y hasta pude ver a un par acercándose para dar sus primeros (seguro nada inocuos) golpes de cadera a la pelota. De lejos, una chica se acerca para preguntar si el juego se practica regularmente en algún lugar.

Cuando la ceremonia avanza el juego se hace cada vez más movido, y en efecto, la pelota nunca para.

XATAKA

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