El jaguar y el origen de los Mexicanos

En nuestra mitología el jaguar es un dios fuerte, inteligente y poderoso; encarna la belleza y la ferocidad, los dos polos opuestos. Es el padre que da origen al cruzarse con una mujer a nuestras razas mesoamericanas. El dios jaguar está vivo. Los ritos lo hacen resurgir del ámbito cosmogónico y del inframundo. Salen en Oaxaca, en los valles, la sierra o la costa; en Chiapas, en la selva lacandona, en los Altos o en el Soconusco.

Las máscaras que los personifican son magníficas piezas, la mayoría talladas en madera, policromadas con incrustaciones de dientes, piel, cerdas o espejos, según el estilo estético tradicional de la región. Otras representaciones son las estatuas en cerámica de Amatenango, Chiapas; las recamadas de chaquira de los huicholes de la Sierra del Nayar; los pintados o los bordados en textiles. Pero, donde más se enseñorea este dios jaguar es en el actual estado de Guerrero.

Aparecen en Chichihualco, en las misteriosas danzas que ahí se realizan. Son de admirar la máscara laqueada de Olinalá, los cascos tallados magistralmente en Teloloapan -donde están plasmados varios personajes, como en el teatro griego- y no se diga las danzas del jaguar de Chilapa. El jaguar, el bien y el mal, por ejemplo, son representados por un solo actor.

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