Ecos del patrimonio sonoro, en una exposición en el Museo Nacional de las Culturas

La muestra ofrece un recorrido por la historia de la grabación de diversas expresiones sonoras que conforman el rico acervo de la Fonoteca del INAH. Se compone de poco más de 70 piezas, entre aparatos de grabación, fotografías, piezas sonoras y objetos etnográficos.

A través del tiempo, la tecnología del sonido se ha perfeccionado. Hoy, con aparatos tan ligeros y pequeños, es menos complicado explorar los mundos sonoros de la cultura para preservar, documentar la multiculturalidad sonora que representa México, lo que ha generado nuevas tareas, retos y responsabilidades, como la catalogación, resguardo, acceso y difusión de todos esos acervos, labor que desempeña la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), resaltó Aída Castilleja, secretaria técnica de la institución.

En la inauguración de la exposición Ecos de la cultura: etnografía y grabaciones sonoras, con sede en el Museo Nacional de las Culturas (MNC), en representación de Diego Prieto Hernández, director general del INAH, la antropóloga manifestó que hablar de la tecnología del sonido como instrumento para el estudio de la cultura, es referirse a la grabación de sonoridades que revelan la dimensión de la cultura, con sus matices, ritmos, armonías y tonalidades, tanto de la vida espiritual como de la cotidianidad y los momentos festivos de los pueblos.

Adriana Konzevik, coordinadora nacional de Difusión del INAH, destacó que en agosto de 1963, en la actual sede del MNC, antigua casa de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), durante un seminario de antropología, tuvo lugar el curso introductorio al folclore, donde impartieron cátedra, entre otros, Vicente T. Mendoza, Jerónimo Vaqueira, Raúl Hellmer, Gabriel Moedano, Arturo Warman e Irene Vázquez Valle y Thomas Stanford, cuyo resultado fue el disco titulado Testimonio musical de México, editado en 1964.

Diez años más tarde, el disco fue reeditado por el INAH. A partir de entonces, surgieron otros títulos discográficos, con lo que la institución decidió abrir una oficina de discos para más tarde crear —a principios de los años ochenta— la Fonoteca, que se ha enriquecido con donaciones de fondos compilados por estudiosos de la música tradicional y popular de México, y que hoy resguarda más de 20 mil grabaciones de distintas regiones del país.

“La Fonoteca del INAH es legataria de una tradición académica que vinculó el conocimiento histórico y antropológico con el uso de la grabación sonora. Así, la mayoría de las grabaciones que resguarda está asociada a investigaciones cuyo propósito esencial es conocer el papel de la música en los distintos contextos  culturales, y desentrañar conocimientos ancestrales y contemporáneos de pueblos, etnias y culturas, con la finalidad de preservarlos y darlos a conocer como patrimonio y memoria”, expuso.

Posterior a la inauguración de la muestra, se realizó la entrega de reconocimientos a investigadores y músicos tradicionales que participaron en el inicio de la serie Testimonio musical de México: Thomas Stanford y Antonio García de León, así como a los familiares de quienes ya fallecieron: Irene Vázquez Valle, Arturo Warman y Gabriel Moedano Navarro. También se reconoció a Inés Carrillo, de la población de Xoxocotla, Morelos, intérprete del canto náhuatl Huecanias, que Thomas Stanford grabó en 1959, cuando ella tenía 12 años de edad.

La exposición es un recorrido histórico desde los inicios de la grabación del sonido, que se concretó con la invención del fonógrafo en 1876, hasta nuestros días, integrada poco más de 70 piezas, como equipos de grabación, fotografías, piezas sonoras y objetos etnográficos.

INAH

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