De Aztlán al Valle de México, la historia de la fundación de Tenochtitlan, la ciudad que flotante

La Ciudad de México está repleta de leyendas y un ejemplo claro de esto es la fundación de Tenochtitlán, el 18 de julio de 1325, según códice de Mendoza.

Los habitantes de un lugar llamado Aztlán, luego conocidos como los mexicas, fueron ordenados por su dios guía, Huitzilopochtli, para que abandonaran esas tierras y comenzaran a peregrinar hasta encontrar la señal que él les había prometido: un águila posada sobre un nopal. Esa imagen sería el indicador de que habían llegado al sitio en donde debían fundar una nueva ciudad y un imperio como ninguno conocido hasta el momento.

Tenochtitlan

Tenochtitlan

Caminaron durante años y se convirtieron en un pueblo errante hasta que, un día, al llegar a los límites del lago de Texcoco (región dominada por el señorío de Azcapotzalco), vieron la señal que tanto esperaban justo en un islote en medio del lago. Aquella águila majestuosa extendía sus alas como lo había prometido Huitzilopochtli, de un nopal que nacía del corazón de Copil, el sobrino del dios que había osado retarlo.

Las características del lugar fueron fundamentales para su supervivencia, ya que su aislamiento natural les ofreció ventajas militares y económicas. El agua y las tierras les proporcionaron grandes beneficios también.

Al cabo de un tiempo, Tenochtitlan se convirtió en una de las ciudades más importantes de su época, y fue la cabeza de un poderoso imperio que dominó gran parte de Mesoamérica.

La ciudad creció tanto que llegó a tener más de dos mil habitantes por kilómetro cuadrado y abarcó aproximadamente tres kilómetros cuadrados.

Dentro de la ciudad se construyeron más de setenta templos y edificaciones, la mayoría de ellos sobre el lago. Alrededor de toda la ciudad se crearon grandes calzadas, avenidas y canales.

Pero como toda leyenda, hay quienes afirman que la historia de la fundación de esta gran urbe es un tanto lejana a la realidad, y que los mexicas, al convertirse en un imperio poderoso y dominante, cambiaron las versiones a su conveniencia para resaltar su orgullo. Sin embargo, si lo pensamos bien, las versiones oficiales de la historia siempre las escriben los vencedores, y por ahora nos encontramos ante la última de las versiones la cual fue escrita por los españoles…

Es muy posible que nunca sepamos qué fue lo que verdaderamente pasó o si esta es la historia real. Lo cierto es que la leyenda en torno a la fundación de la Gran Tenochtitlán es uno de los factores que le da cierta identidad a México como nación. Una muestra clara de esto es que el escudo nacional es la representación de la profecía de Huitzilopochtli y el regalo que dio a sus hijos, el pueblo del sol.

Cuando camines por la actual CDMX, recuerda que bajo tus pies y por tus venas se encuentra un pasado glorioso del que ahora puedes presumir y portar con orgullo.

Tenochtitlan

TÚÚL

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