Danza de los voladores

Esta danza prehispánica, conocida también como danza “del Palo Volador”, es originaria de los pueblos totonacas y fue incorporada posteriormente al ceremonial tenochca. El franciscano Juan de Torquemada nos ha dejado un plástico relato de este rito y a la vez juego de destreza, el cual poco ha cambiado con el correr de los siglos:

“Entre otras maneras de regocijos que éstos indios occidentales (zona totonaca de Veracruz y Puebla) tenían para engrandecer la solemnidad de sus fiestas y solazar los ánimos de los que asistían a ellas. “La Danza de Volador” era una de las maneras”.

Consiste en dar vueltas por el aire, asidos a unos cordeles que penden de un alto y grueso madero (ahora tubo de fierro). El árbol era buscado y localizado en los montes altos de la región, una vez elegido y después de haber realizado ceremonias rituales a su alrededor se procedía a cortarlo para después trasladarlo a rastras hasta el lugar ceremonial donde nuevamente se plantaría, luego de otra ceremonia y bailes se echaban gallinas, refino y tabaco para que no tuviera hambre el palo y no fuera a comerse a los danzantes y por último se procedía a pararlo con proceder tradicional y rústico, con gran esfuerzo pero también con gran entusiasmo producto de su fe.

Esta danza cuyo esplendor y práctica ceremonial data desde antes de la conquista, se llevaba a cabo en muy solemnes fiestas indígenas, especialmente en las del año secular o fiestas de fuego nuevo, que tenían lugar cada 52 años, cuando daba comienzo un nuevo ciclo de origen totonaco.

Esta danza de rico colorido y admirable destreza estaba dedicada al dios del sol y de la lluvia. Consiste en subir a un palo de 25 a 25 mts de altura, previos bailes rituales alrededor del mismo; cinco son los danzantes que participan, cuatro voladores y un caporal, quien es el que baila parado sobre una manzana, que es así como se llama el remate del palo volador, y quien invocará desde ahí a los dioses con música de flauta y tamborcillo, para después lanzarse al vuelo y descender como aves hasta el ras de la tierra, después de dar 13 vueltas, que multiplicadas por 4 voladores dan un total de 52 que son los años que contaba su siglo.

Mensajeros del sol

La esencia de la danza del volador, es que el ritual místico y religioso es de una solemnidad y pureza como su propio ropaje: blanco y albo y por lo tanto digno mensajero del sol para la vida y la felicidad; justamente la fecundidad se inicia cuando el sol está en el centro de la tierra (zenit) y la diosa tierra lo recibe en su seno ante la presencia del dios Tláloc, dios de la lluvia; este es el momento más culminante del rito dansistico del volador porque es cuando los hombres pájaros elevan su invocación a la rosa de los vientos (4 puntos cardinales) y al realizarse la conjunción los hombres pájaros caen a la tierra, trayendo el sol, la lluvia y la vida.

Cabe aclarar, que existen diferentes versiones ó leyendas sobre el significado de “La Danza del Volador”; pudiéndose encontrar otras versiones al respecto.

La Danza de los Voladores de Papantla, tradición cultural totonaca que se viene practicando desde tiempos inmemoriales; los “hombres pájaro” que al despegar de la tierra estrechan comunicación con los cuatro puntos cardinales.

Una ceremonia religiosa de respeto y de equilibrio de los hombres para la naturaleza; ritual mágico lleno de misticismo y colorido, capaz de conquistar a cualquiera; el tiempo unido a las creencias de los practicantes y espectadores como un ejemplo de dignidad ante sus tradiciones; pilares sembrados en esa gran tierra jarocha como estandartes de pervivencia frente a los embates de un nuevo milenio.

La danza de los pájaros como ellos mismos le dicen, águila o gavilán, es practicada en estas comunidades indígenas sólo en las fiestas patronales, sin embargo, actualmente algunos grupos viajan a diferentes países para mostrarla; desde luego que este motivo deja mucho que hablar de su originalidad y contexto, valor que los indígenas siguen respetando con lealtad.

 

CRONISTAS DE PAPANTLA

 

nyo

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