Un “cura rebelde” da El Grito en La Curva

Con relación a la veracidad o no de lo que se dice de Los Niños Héroes, cito a Jorge Luis Borges, quien dijo: “La historia no solamente es lo que pasó, sino lo que creemos que pasó y sobre todo, lo que hubiéramos querido que pasara”. Así que si es historia, leyenda o mito ¿qué importa?; si pasó o no tal y como se narra carece de importancia, lo más significativo es el valor simbólico que representa y que a nosotros nos haga seres humanos buenos, bondadosos, valientes, defendiendo lo que es común para todos.

En Cerro Azul, esta fecha del 13 de Septiembre se conmemoraba muy en privado, en el 11o. Regimiento de Caballería Motorizado, hasta 1987, cuando se iniciaron los trabajos para la construcción del monumento a “Los Niños Héroes”, que se ubica en el bulevar Heroico Colegio Militar, frente al Casino Petrolero, en la colonia El Cuatro. Era el comandante del Regimiento el entonces coronel -que después llegó a general- Arturo Cardona Pérez. El 13 de Septiembre de ese año se iniciaron las conmemoraciones en ese punto como hasta la fecha, monumento el cual puede observar erigido a la memoria de los cadetes o no, pero que murieron en esa fecha de la intervención norteamericana, como murieron muchos más que sí estaban registrados en la matrícula de aspirantes a militares, pero que la historia omite sus nombres.

¿Los historiadores y maestros hemos sido cómplices de narrar una historia falsa? No, si se aclara que es la historia oficial, pero como seres capaces y muy propios de su intelecto, pueden consultar otras fuentes literarias. Además, la respuesta ya la dio José Luis Borges.

Hay que destacar que desde que surgió Cerro Azul siempre se ha tenido ese amor a la tierra en que nos tocó nacer y vivir, no importando que este pueblo haya surgido de manera cosmopolita, con varios habitantes de toda la República Mexicana y del extranjero; el espíritu de hermandad que compartimos comúnmente han sido los lazos de unión al tener la misma historia, esa que nos han narrado a través de los años, que se hizo más oficial cuando se publicaron los libros de texto gratuitos en el gobierno del presidente Adolfo López Mateos, en que la historia fue encasillada en lo tradicional, tal y como se había venido contando de generación en generación, convirtiéndose en una verdad absoluta.

Es por eso que desde los primeros años en que ya se había instituido la primera colonia popular y habiendo logrado la primera primaria estatal “Lauro Aguirre” -en 1932- se iniciaron los actos cívicos, tal vez no con desfiles, pero sí con actos muy propios. Más adelante fueron surgiendo más escuelas y más colonias, así como mayor número de habitantes, por lo que se tuvo la idea de conmemorar las fechas cívicas, principalmente la que nos narran hechos históricos que hicieron de este país independiente.

Allá por los años 50 se iniciaron los actos populares de celebración de “El Grito de Independencia”, pero se hacía frente al edificio de madera del Sindicato de la Sección No. 13 del STPRM, después ya en el edificio nuevo, estrenado en el año de 1960. ¿Por qué no acá en la colonia La Curva donde estaba la agencia municipal y a un costado la parroquia “San Pascual Bailón”? Bueno, la estructura del inmueble no se prestaba para que se efectuarán tales actos, ya que era una casa de madera (camilla) y además, en ese entonces, los agentes municipales los ponía el secretario general de la Sección No. 13 en turno, por lo que se hacía lo que esta autoridad sindical ordenaba y como desde un principio se han dado rivalidades entre La Curva y el Campo 1o. de Mayo, pues se tenía que realzar la presencia de aquella parte de Cerro Azul, pues incluso se pensó llevarse los poderes civiles municipales hacia allá, solo que el pueblo jamás lo permitió, pues su origen es en La Curva y se ha respetado, no tanto que exista una ley que así lo dicte, sino que “las costumbres se hacen leyes”, aunque éstas no estén escritas.

Eran los meses de julio y agosto de 1962, cuando algunos habitantes de Cerro Azul, azuzando al cura del pueblo, Monseñor José Cabezas Martínez, defienden la idea de que El Grito de Independencia se celebrara en el recinto oficial, que ya estaba en construcción con un edificio de material de concreto (lo que ahora son Tesorería y Registro Civil del actual palacio municipal), por lo que animaron al cura para que como párroco del pueblo -que era comunidad de Tepetzintla-, diera El Grito de Independencia en la parroquia. Un tanto animado pero vacilante, el sacerdote meditaba este ofrecimiento de su grey católica. A escasos días para llegar al día 15 de Septiembre, aceptó y conminó a su feligresía a que invitaran al pueblo a reunirse frente a la iglesia -la única que había-; mientras tanto los preparativos oficiales se realizaban en la Sección No. 13, que sin embargo supieron de las intenciones del “cura rebelde”, conminándolo a que desistiera de su decisión tomada, que él seguramente les contestó que esos eran solo rumores, pues él se debía a la obediencia del Obispo y que no podía realizar actos como el que se comentaba.

Total que se confiaron hasta llegada la fecha y por la noche se fueron concentrando frente al parque, que ya existía, habiendo en el un kiosco, cuando de sorpresa salió el cura con su atuendo sacerdotal -sotana color negra-, con la bandera en la mano, allá en lo alto del campanario -que no era como ahora lo conocemos, que en lugar de torres solo tenían tres arcos y el de en medio era el más alto, donde pendía la campana mayor y a los lados los dos arcos de menor tamaño, donde pendían las campanas mediana y menor. Desde esa altura el cura tomó el lazo de la campana mayor y con la otra mano la bandera mexicana e inició su arenga a “pecho abierto” ¡Viva Miguel Hidalgo y Costilla!, ¡Viva Doña Josefa Ortiz de Domínguez! ¡Viva José María Morelos y Pavón!, ¡Viva Ignacio Allende! y así vitoreó a los Bravo, Abasolo, Matamoros, Aldama, para terminar con ¡Viva la Virgen de Guadalupe! para después decir ¡Viva México! e inmediatamente empezó a tocar la campana mayor, la que aún ahí se encuentra, que si hablara, abalara el relato contado por el mismo sacerdote a quien esto escribe.

Por FÉLIX OVANDO HERNÁNDEZ
Cronista de Cerro Azul

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