CUAUHPILLI: El guerrero águila

Con la obtención del grado de ocelopilli se otorgaba al mismo tiempo la calidad de aspirante cuauhpilli. Así como el principe jaguar era la representación del ser que es ya dueño de sí mismo y que se halla al servicio de sus semejantes, el principe águila simbolizaba la conquista dela más elevada de las aspiraciones humanas: la superación del nivel ordinario de conciencia y la obtención de una alta espiritualidad. No existían —y no podía ser de otra forma— reglas fijas para el logro de tan alto objetivo.

Aùn cuando los principales esfuerzos de la orden estaban dirigidos a prestar a sus miembros la máxima ayuda posible, alentándolos en su empeño y proporcionándoles los valiosos conocimientos de que era depositaría, la realización interior que se requería para llegar a ser un cuauhpilli era resultado de un esfuerzo puramente personal, alcanzable a través de muy diferentes caminos que cada aspirante debía escoger y recorrer por sí mismo, hasta lograr, merced a una larga ascesis purificadora, una supremacía espiritual a tal grado evidente, que llevase a la orden a reconocer en él a un ser que había logrado realizar el ideal contenido en el más venerable de los símbolos náhuatl: el águila —expresión del espíritu— había triunfado sobre la materia.

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