Cuatro civilizaciones prehispánicas que practicaron la deformación craneal

La técnica de la “deformación craneal artificial” o “modelado intencional del cráneo” consiste en la compresión o constricción del neurocráneo en los recién nacidos durante sus primeros meses de vida, cuando las fontanelas o suturas de los huesos que lo componen no han cerrado todavía, alterando permanentemente su presumible configuración natural. Éste desarrollo artificial se consigue mediante masajes, dispositivos rígidos, moldes, vendajes o bandas de presión. Desde el punto de vista de la estética del resultado, los estudios realizados por Manríquez et al (2006), y que se basan en su morfología geometría, pudieran ser considerados dos tipos fundamentales de formateados, los erectos y los oblicuos, siendo sus subdivisiones afectas al área/s y ángulo/s de presión del utillaje sobre el neurocráneo con respecto al eje cráneo-caudal. En el caso de los erectos, la constricción se haría bien sobre el plano coronal bien sobre el axial en un ángulo aprox. de 180 grados, mientras que en los oblicuos, y siempre sobre tales planos, sería inferior a 90 °. Posteriormente, y siguiendo las consideraciones de Dembo e Imbelloni, 1938 y Fürst, 1933, en función de la rigidez del útil de compresión, podemos acuñar los términos “tabular” y “circular”, según la solución visual del proceso tenga formas cuasi planas o bien redondeadas.

Dentro de la posibles explicaciones sobre el origen de tales usos y el simbolismo que representan, éstas vendrían definidas por una primera serie de consideraciones aplicables al general ámbito humano, mientras que otras deberán, en exclusividad, relacionarse con un contexto cultural determinado y todas, a su vez, ubicarlas y relacionarlas con un momento temporal dado. nos hemos acercado al concepto de “símbolo” y su significado. El símbolo constituye una general modalidad de comunicación y como tal, ésta adscrita a un lenguaje, a un conjunto signos visuales, que deberá ser interpretado para acceder a su mensaje, constituyendo un método que los seres humanos compartimos básicamente con el resto de los seres vivos. Evidentemente, y en función de la encefalización de la especie, éste conjunto de signos serán mas extensos y comunicarán una mayor cantidad de estados o sucesos vitales; siendo la capacidad de abstracción de ideas o la proyección mental de situaciones al futuro, el progresivo hito diferenciador entre las especies con un nivel de encefalización mas elevado.

De hecho, la única singularidad que diferencia al “homo” dentro de las especies animales mas encefalizadas, es la utilización de herramientas para plasmar esos símbolos, constituyendo su esencial ventaja evolutiva. Apuntado lo anterior y sin ir mas lejos en su desarrollo – Aunque como reseña de su importancia decir que en Europa hasta bien entrado el siglo XIX, la inmensa mayoría de la población no sabía ni leer ni escribir –, el modelado intencional del cráneo es una vertiente mas de esa intención de comunicación y que intenta plasmar un hecho diferencial, como ya hemos sugerido al principio, por lo que nuestra labor en éste caso sería intentar dilucidar su origen.

TÚÚL

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