Crónicas españolas cuentan que en Tenochtitlan había un Zoológico

Existen registros de zoológicos desde las épocas de las civilizaciones china y egipcia, estos sitios adquirieron su popularidad a partir de las colecciones privadas de animales exóticos que poseían los reyes. Quizá por esta razón, se reconoce que el primer zoológico del mundo fue la menagérie royal de Versailles –la real casa de fieras de Versailles– (1664) para Luis XIV.

Sin embargo, mucho antes de esta que esta casa de fieras tuviera lugar, estuvo el Totocalli –que en náhuatl quiere decir “casa de animales”– o el zoológico de Moctezuma. De acuerdo con los registros, este sitio existió durante el posclásico mesoamericano, durante el gobierno del huey tlatoani de la ciudad mexica de Tenochtitlán, Moctezuma Xocoyotzin –o Moctezuma II–,

Los registros españoles explican que el palacio del tlatoani poseía, “además de grandes y cuidados parques y un jardín botánico, una notable colección faunística”. Estaba ubicado al sudoeste del centro ceremonial, en el extremo opuesto al Templo Mayor; es decir, actualmente en donde se encuentra el Templo de San Francisco de Asís o Templo de Madero, entre avenida Francisco I. Madero, 16 de septiembre, Gante y Eje Central Lázaro Cárdenas.

Muchas especies eran traídas de tierras lejanas, aún se debate si algunas especies eran utilizadas para sacrificios.

Actualmente se sabe que el lugar tenía a su disposición 600 hombres, de los cuales 300 atendían exclusivamente a las “fieras” y los otros 300, a las aves –sin contar, además, a los numerosos “veterinarios” de la época–. Inclusive había quienes se encargaban de mantener gusanos, roedores, venados, gallinas y pavos, sólo para ser utilizados como alimento de las especies carnívoras.

El zoológico de Moctezuma contaba con colecciones en específico: los acuarios, la colección de fieras, de aves rapaces, de otras aves y reptilario.

Los acuarios poseían 20 estanques, de los cuales 10 estaban destinados a las especies de agua salada, y los otros 10 para las de agua dulce. En ellos también se mantenían aves acuáticas, como las garzas, patos, ibis y flamencos.

La colección de fieras, por otro lado, estaba destinado únicamente para albergar a grandes mamíferos carnívoros; tales como jaguares, pumas, linces, lobos, coyotes, zorros, osos, ocelotes, felinos medianos, pecaríes y bisontes.

La colección de aves rapaces mantenían desde grandes águilas hasta pequeños halcones. Este sector tenía una parte techada y con piso de cerámica, y otra parte al aire libre con un enmallado de madera. Mientras que en la colección de otras aves, destacaban los loros, guacamayos, pájaros pequeños y coloridos, quetzales y gallinas.

La colección del reptilario contenía a las especies más aborrecidas por el Viejo Continente. Entre ellas la serpiente, por lo que causó sorpresa que ahí se mantuvieran en cautividad numerosas especies y que hasta las reproducieran. Algunos de los recintos tenían forma de tinajas o cántaros grandes, destacando las víboras de cascabel, boas, cocodrilos, sapos y ranas.

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