Con Lula en prisión, el voto de su región es una incógnita

GARANHUNS, Brasil (AP) — Para muchos en su ciudad natal, Luiz Inácio Lula da Silva es un héroe que sacó a millones de personas de la pobreza y merece ser elegido para liderar Brasil una vez más este año. Pero hasta el momento, nadie ha colocado carteles ni pancartas para promocionarlo en Garanhuns, una urbe de casi 140.000 habitantes en una región que será clave en la elección del nuevo presidente.

La entrada en prisión del exmandatario, y su posible descalificación en la carrera presidencial, dejó una gran incógnita política sobre Brasil, especialmente en el complicado noreste, que fue crucial en el triunfo del Partido de los Trabajadores de Lula en las últimas cuatro elecciones presidenciales. Sus 38 millones de electores suponen casi una cuarta parte del total del país.

Muchos dijeron que aún no están preparados para votar a alguien que no sea Lula.

Lula será el primer preso elegido presidente”, señaló el agricultor Jorge Rodrigues de Melo, que fue vecino del expresidente en su infancia. “Creo que la policía lo sacará de la cárcel para su toma de posesión”.

El despunte económico durante los gobiernos de Lula (2003-2010), que permitió el aumento del salario mínimo y varios programas de bienestar social, ayudó a Melo a ganar un dinero extra suficiente para permitirse un tercer caballo y mejores sombreros para protegerse del abrasador sol de la región.

Pese a que la ley brasileña impide que Lula se presente ya que su condena de corrupción fue ratificada en una apelación, tanto el expresidente como su partido insisten en que hay vías para que entre en la boleta. Mientras pintadas, carteles y pancartas piden su liberación en varias ciudades, otros lo describen como un ladrón que debe seguir en prisión, un síntoma de la profunda división del país.

En un puñado de cartas escritas desde la cárcel, Lula reiteró sus planes para presentarse a las elecciones, en parte porque no hacerlo sería equivalente a reconocer su culpa, y él ha negado repetidamente haber cometido delito alguno.

Aunque muchos seguidores incondicionales podrían no votar por nadie si Lula no está entre los aspirantes, otros se muestran abiertos a respaldar a quien él elija. Sin embargo, hay quienes, molestos tras años de escándalos de corrupción que salpicaron al dirigente, dijeron que están dispuestos a mirar en otra dirección, aunque no saben hacia dónde.

Natalia Oliveira, que se declara “apolítica” aunque sigue adorando al expresidente, señaló que la gente como ella se siente perdida.

“Nos sentimos como huérfanos”, dijo en su bar en Brasilia Teimosa, un vecindario de la ciudad de Recife que pasó de ser una favela peligrosa a un moderno barrio costero durante el segundo mandato de Lula. “¿A quién votaremos? Esto es muy triste, pero es la situación en la que estamos”.

Una encuesta realizada por el instituto Datafolha en abril, después de la entrada en prisión de Lula, mostró que tiene una ventaja de casi dos contra uno a nivel nacional sobre su rival más cercano, el congresista conservador Jair Bolsonaro. En el noreste, sin embargo, obtendría alrededor del 50% de los votos mientras sus rivales se quedarían en un solo dígito.

La huella de Lula en el noreste de Brasil podría ser imposible de borrar.

Entre el año en que asumió el poder en la mayor nación de Latinoamérica y 2013, el último antes del colapso económico bajo el mando de su sucesora, Dilma Rousseff, la economía del noreste creció a una media del 4,1% anual frente al 3,3% nacional, según datos del banco central.

Los programas sociales y el fuerte crecimiento económico ayudaron a cambiar la realidad cotidiana de millones de personas: cuando Lula salió elegido, 21,4 millones de habitantes de la región nororiental vivían por debajo del umbral de la pobreza frente a los 9,6 millones de 2012.

Los orígenes humildes del expresidente y su carisma le ayudaron a identificarse con los votantes de la zona. La familia de Lula se mudó de Garanhuns al estado suroccidental de Sao Paulo, el corazón industrial de la nación, cuando él tenía 7 años. Ya de adulto, emergió como líder de un sindicato metalúrgico y llegó a la presidencia en su cuarta campaña.

Esta trayectoria es el motivo por el que el 21% de los brasileños encuestados por Datafolha en abril dijeron que no votarán si el exlíder no está en la boleta, aunque el sufragio es obligatorio en país. El mismo sondeo concluyó que dos tercios de sus partidarios respaldarían a quién él apoye.

En este grupo hay incluso conservadores como Livio Chaves, dueño de una gasolinera y criador de cabras en Sertania, una ciudad de 35.000 habitantes en las tierras secas del estado de Pernambuco. Chaves señaló que su voto se basará en los miles de millones de dólares que se inviertan para regar los campos de la zona con aguas procedentes del Río Sao Francisco.

El proyecto, que lleva agua a cuatro estados con tendencia a la seguía, es una de las iniciativas más ambiciosas de la presidencia de Lula.

“Quiero la continuación de un proyecto que nos ayudó en el noreste y que todavía tiene que completarse”, apuntó Chaves. “Lo quiero (a Lula). Si no es él, a alguien de aquí que haya trabajado con él”.

Por el momento, Ciro Gomes, exgobernador del estado nororiental de Ceara, es el único candidato con credenciales regionales y experiencia con el dirigente. Cuando arrancó el proyecto Sao Francisco, Gomes era ministro en el primer gobierno de Lula, pero no pertenece al Partido de los Trabajadores. Las encuestan suelen darle alrededor del 10% de los votos.

Aunque hasta hace poco Bolsonaro era un desconocido en la región, el conservador de Río de Janeiro ha suavizado sus ataques al expresidente con la esperanza de atraer a sus seguidores descontentos.

“La gente quiere un presidente honesto y Bolsonaro lo es. La máscara de Lula ha caído. Es un saboteador”, dijo Daniel Bastos, un profesor de artes marciales en un gimnasio en Boa Viagem, un vecindario de clase alta de Recife.

Se espera que el Tribunal Superior Electoral de Brasil anuncie en agosto su decisión sobre la candidatura de Lula. El Partido de los Trabajadores tendrá de plazo hasta el 17 de septiembre para reemplazar a su fundador en la boleta. Además de la condena por lavado de dinero y tráfico de influencias, el exlíder está acusado en otros siete casos de corrupción pendientes de juicio.

De vuelta en Garanhuns, el presidente del Partido de los Trabajadores local, Eraldo dos Santos, que es primo de Lula, cree que es hora de que elija a un sucesor, aunque considera que su encarcelamiento es injusto.

“Creo que es un golpe de Estado, que Lula debe ser liberado y ser nuestro candidato. Pero también debemos pensar en el futuro”, manifestó Dos Santos, que mostró a los reporteros la zona donde vivía el exmandatario. “Lula no es inmortal y los progresistas necesitaron seguir adelante con sus ideas”.

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