Cenotes y sacrificios humanos | La Opinión de Poza Rica

Cenotes y sacrificios humanos

Hace millones de años, la Península de Yucatán emergió del fondo marino, la lluvia de aquellos tiempos, recogió anhídrido carbónico de la atmósfera y, al depositarse en la superficie calcárea yucateca, se formaron orificios y concavidades en el fondo del suelo que junto al proceso de disolución y colapso de enormes bloques de caliza (Kart) se formaron enormes cavidades que más tarde fueron cubiertas de agua pluvial que durante siglos recorrió el subsuelo yucateco configurando ríos subterráneos y enormes depósitos de agua dulce que hoy en día conocemos como cenotes.

El Xibalbá, es una realidad paralela localizada en las profundidades de la superficie terrestre, los mayas consideraban que ahí se originaba la vida. El Xibalbá es habitado por entidades divinas que en su momento mitológico perdieron la batalla contra los gemelos divinos Hunab K´u e Xbalamqué, ahí también radica Chak Xib Chaac (Dios de la Lluvia) y sus múltiples personalidades.

Del fondo de la tierra emerge su hálito divino que al llegar al cielo forma las vitales nubes que nutrían al maíz y propiciaban la vida. Los Cenotes son portales al Xibalbá y los mayas ofrecían objetos, animales y seres humanos como ofrendas para propiciar la lluvia. Desde el año 350 a.c se reporta esta actividad religiosa en el Cenote Sagrado. Chichén Itzá fue habitada por cuatro grupos o poblaciones mayas. Cada una de ellas dejó su sello arquitectónico y cerámico

. Debajo de los monumentos de Chichén Itzá, hay otra ciudad enterrada. Fueron entonces cuatro pueblos mayas quienes habitaron Chichén Itzá, tuvieron diferentes usos y costumbres pero una misma visión del Xibalbá en la que tanto la sangre como el sacrificio humano era necesario porque funcionaba como un vínculo con las entidades divinas que propiciaban la fertilidad, elemento sustancial de una sociedad agrícola. ¿Quienes eran sacrificados?

Sacrificios

Existen certezas y mitos, ideas y realidades. Iniciemos con las palabras de Diego de Landa: «en este pozo han tenido y tenían entonces costumbre de echar hombres vivos en sacrificio a los dioses en tiempos de seca, pensaban que no morían aunque no los veían más. Echaban también muchas otras cosas de piedras de valor, que tenían preciadas. Y así, si esta tierra hubiera tenido oro, fuera este pozo el que más parte de ello tuviera, según le han sido los indios devotos. Es pozo que tiene siete estados largos de hondo hasta el agua. El ancho de cien pies, y redondo y de una peña tajada hasta el agua que es maravilla. Parece que tiene el agua muy verde y creo lo causan las arboledas de que está cercado y es muy hondo. Tiene encima de él junto a la boca un edificio pequeño donde hallé ídolos a honra de todos los ídolos principales de la tierra, así como el Pantheón de Roma»

La fuente colonial nos refiere que «aventaban vivos a hombres» y otras cosas de piedras de valor… lo que no dijo Diego de Landa es que él aventó al cenote todos esos ídolos que los mayas portaban consigo cuando rezaban a Chaac y su lugar no era el agua sino el borde del cenote para que junto al incienso sirvieran de vasos comunicantes con las entidades del Cielo, a través del humo ascendente.

El maestro Piña Chan, en la década de los años sesentas, dirigió un equipo de investigación que al desecar cuatro metros el Cenote Sagrado encontraron en una primera capa: dos grandes cabezas de serpiente con restos de pintura, tres portaestandartes en forma de jaguares sentados, dos lápidas del tablero del Gran Juego de Pelota; en la segunda capa: numerosos fragmentos de corteza, pertenecientes a cubetas o recipientes para sacar agua, fragmentos de cuerdas y cordeles, pedazos de telas carbonizadas, bolas de copal; pequeños platos trípodes pintados de azul y con copal en su interior; fragmentos de urnas con pintura directa sobre el barro, cuentas de jade, gran cantidad de huesos largos, costillas, vértebras, cráneos humanos, huesos de aves y de pequeños animales, algunos cascabeles y anillos de cobre, y varias vasijas completas, típicas de la época Mayapán en Chichén Itzá y en la tercera etapa localizó: numerosas bolas de copal, dos banquitos de madera, fragmentos de guajes decoradas al fresco, mascaritas de madera, fragmentos de vasijas decoradas al fresco, sandalias de cobre y de oro, cascabeles de oro, plaquitas y cuentas de jade, numerosas vasijas completas de la época Puuc, plaquitas de pirita correspondientes a espejos, cráneos huesos humanos, laminillas de oro provenientes de Sudamérica y/o Oaxaca.

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