Para bien, si se cancelara irresponsable obra del sexenio…

Se “retrasaron” en la construcción del aeropuerto nuevo de la capital. Se encontraron con “problemas” en la realización de las pistas e igualmente en el levantamiento de bardas y otros “retos” constructivos. La obra estaría sujeta de por vida a los caprichos de lo que queda del lago de Texcoco, a la lluvia intensa, de hecho ya ha habido hundimientos pero no dicen. El mismo aeropuerto actual modificó pistas para que estas no llegaran hasta esos humedales. Sería tan costoso que no podríamos mantenerlo.

Voy a explicar sencillo el principal reto ambiental constructivo que se enfrenta venida la explicación de boca de un ingeniero civil enterado del caso: “El subsuelo de lo que antes fue el prolífico lago de Texcoco es arcilloso y este material, sin importar cuánto relleno, cuánta capa pétrea compactada se le ponga encima o metal anclado, seguirá humedeciéndose por filtración natural. La arcilla se convierte con la humedad en material expansivo y al secarse se vuelve a retraer, a asentar, inevitablemente provocando ondulaciones o resquebrajos; sin contar con el medido hundimiento que registra el área cada año, algo que ignoro cómo solucionarán”.

Obvio los intereses particulares del mega proyecto pesan– o pesaban–pero dadas las circunstancias mencionadas no se puede comprender cómo el Estado se metió en ello, por qué un congreso representativo lo permitió, lo dejó concebir, un proyecto inviable, habiendo tantas necesidades prioritarias de mucho mayor envergadura e importancia que le debe a sus ciudadanos. Lo hacen, se deduce, por delirio de grandeza, para pararse el cuello, por el regocijo del “orgullo internacional” que adquiriría Peña por su obra madre del sexenio, por el gran negocio que beneficia a los involucrados. Mentira que cancelar esta gran irresponsabilidad de obra cueste ciento veinte mil millones de pesos. Empleos no se pierden si se cancelara, falso: se transfieren a la obra del aeropuerto alterno en Tizayuca. A esto se le llama descentralizar. El régimen, como observamos, no tiene remedio, ambiciona el protagonismo a costa de los ciudadanos, ha sido el pueblo siempre engañado, sacrificado, quien paga y ha pagado sus acciones. Abuso del poder sobre los intereses del pueblo, lo que significa la obra incosteable de un aeropuerto internacional nuevo, habiendo mejor solución para su extensión.

Tirar a la basura el aeropuerto actual, dejar, por ende, inutilizada la opción de ampliación al de Santa Lucía en Tizayuca, es insensato, además del riesgo que el “flamante” nuevo aeropuerto significaría para la seguridad de miles de personas. Lo que derivaría de un fatal accidente sería costosísimo y daría al traste con la inasumible deuda. Trece mil millones de dólares dicen costará ahora “porque el dólar subió” ¿De repente ya no se cotizó en pesos sino en dólares?, pero… ¿se paga a los constructores en moneda nacional? Se enredan y nos quieren enredar sin lograr justificarse. Huele feo, ¿será por ello que se niegan a permitir que sean revisados los estudios, los contratos y las contrataciones? Con este tipo de apreciaciones, algunas falsas, y otras “verdades a medias que son realmente mentiras dolosas” como aseguró en entrevista el ingeniero Javier Jiménez Espriú probable secretario de comunicaciones y transportes 2018/2024.

Lo que estamos viendo en los medios es lo tradicional del sistema, la pretensión de asustar a la ciudadanía aplicando el terror, ahora en lo que refiere a la cancelación de la obra. El presidente de Francia canceló el aeropuerto Notre Dame—Des Landes por ser inviable, las causas fueron económicas y ambientales. Devolvió las tierras confiscadas a los agricultores, dado que carecía de fondos para apalancar el proyecto, sin estrangular prioridades.

¿Acabar con el aeropuerto actual con lo que le han invertido? ¿Dejar inutilizada y sin discutir la opción del aeropuerto militar de Santa Lucía en Tizayuca como inmediata ampliación? ¿Persistir en una obra de costos elevadísimos como desconocidos por la sociedad? ¿Emplazado el nuevo aeropuerto en el peor lugar posible, con la idea de que con este gran apantalle de proyecto, México se “libere de ser un país tercermundista” como lo expresó un priista “neoliberal”?

Tapan ojo al macho sobre realidad de México, obteniendo abusadores del poder a la vez, jugosas ganancias. Basta ya de tanta irresponsabilidad de políticos empresariales insaciables. Se habrá de revisar este proyecto—¿por qué no?—que se sepa bien la verdad sobre el compromiso en el que se metió el Estado Mexicano a espaldas del pueblo. A esto, se le llama democracia.

 

 

Comments

comments