Artistas y artesanos, entre olvido y fraudes | La Opinión de Poza Rica

Artistas y artesanos, entre olvido y fraudes

Castillo de Teayo, Ver.- Mientras que en el municipio los artistas locales no son reconocidos, e incluso han sido objeto de fraudes, los artesanos indígenas están peor, pues simplemente son ignorados y en su pequeño mundo no hay futuro ni proyección.

En su conjunto, ellos representan parte de la cultura, tradición e identidad étnica, lo que en cierta medida se ve en riesgo de desvanecer, por lo que merecen un genuino rescate, advierte Luis Marcelino Martínez Francisco, integrante de un grupo que impulsa actividades desarrolladas por indígenas.

El promotor remembró que para ello, entre los años 2011 y 2012, se hicieron intentos para conformar un Comité de Tradiciones, pero lamentablemente todo quedó en propósitos, a pesar de que, en su momento, hubo interés por parte del entonces gobierno municipal y los promotores.

“Todo eso se maneja actualmente de manera informal, en coordinación entre las mismas personas para hacer promoción a algunas actividades étnicas, como las de la cultura otomí, con sus ofrendas a la fertilidad, que es una costumbre que se lleva a cabo año con año en el Cerro de La Chinola, para dar gracias por lo que se cosecha”, apuntó.

Agregó que en el grupo étnico al que pertenece se hacen esfuerzos por conformar precisamente un Comité de Tradiciones de Castillo de Teayo, y aunque no tienen un reconocimiento formal se aglutina a algunos artesanos y personas que son consideradas como guías de las etnias principales, estos últimos por su avanzada edad.

“Son los más viejitos, pero no es un Consejo de Ancianos propiamente, en su momento se les pide una opinión para hacer festejos relacionados a las principales tradiciones étnicas”, aclaró.

Martínez Francisco abundó que se seguirá trabajando en este aspecto cultural y de tradiciones, con miras a que en el próximo gobierno municipal que inicia el 1 de enero de 2018 se logre concretar y oficializar dicho comité.

Pero para ello hay mucho camino que recorrer, ya que la desorganización prevalece, al grado de que hay artesanos y artistas locales que entre sí no tienen un vínculo y ni siquiera se conocen.

Es el caso de Gilberto Cifuentes Martínez y Marco Tolentino Tolentino, el primero forjado como escultor, quien ha logrado su prestigio en otros lugares pero menos en este lugar donde vive, y el segundo un artesano otomí que de manera rudimentaria expresa su talento en el tallado de madera para confeccionar máscaras tradicionales, utilizadas en carnavales principalmente, y algunas otras imágenes.

Cifuentes ha tenido incluso la idea de que se conforme en esta villa la Casa de la Cultura, para lo cual se contaría con la institución cultural de Poza Rica, pero el incipiente proyecto no rindió frutos por falta de recursos.

“Eso fue cuando era alcalde el profesor Florencio García, ya fallecido, pero no hubo recursos y no se pudo”, lamentó el también escultor y pintor, tras apuntar que los artesanos locales tienen que salir a “mochilear” para dar a conocer sus trabajos y eventualmente venderlos, porque no hay apoyo en la localidad.

“Artesanos hay por montones, pero no lo ejercen porque no les da un sustento de vida. En su momento tuve un equipo de artesanos pero no le aguantamos y tuve que empezar a agarrar obra pública. Ya teníamos un grupo de tres pintores y dos escultores, pero desgraciadamente uno de ellos se quedó con el dinero de un proyecto y ya no se pudo llevar a cabo. Era financiado por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), eran alrededor de 80 mil pesos, pero al proyecto ya no le dieron el siguiente recurso porque fue un fraude de uno de nuestros integrantes, quien se quedó con casi todo el dinero”, apuntó Cifuentes.

A la vez, Marco Tolentino Tolentino es un artesano otomí, quien por sí solo aprendió a tallar la madera para darle diferentes formas, como imágenes religiosas, piezas de ajedrez, así como expresivas máscaras que son utilizadas en carnavales tradicionales de las comunidades.

Tolentino refiere que desde los 17 años empezó a hacer máscaras y lo sigue haciendo utilizando el mismo tipo de herramientas rústicas, armadas con puntas de machetes, cuchillos y cualquier fragmento de metal afilado. En los últimos años ha elaborado unas 600 máscaras, lo que le ha permitido algunos ingresos al venderlas, ya que está enfermo y se le dificulta trabajar en el campo.

Junto con Luis Marcelino Martínez, Marco Tolentino acudió a la capital del Estado para gestionar un proyecto mediante el cual se le asignara algún incentivo que le permita seguir con su trabajo artesanal, pero “todo quedó en puros trámites”. Recuerda que en esos días le habían dicho que “volvieran a hablar el 9 de agosto” pasado, llamada que no tuvo respuesta positiva.

Con su castellano entendible, el artesano indígena lamenta que no exista un decidido respaldo para la cultura y tradiciones que representan las etnias, pues actualmente lo único que se preserva es la ofrenda a la madre tierra para las siembras, que anteriormente se realizaba en lo alto de la pirámide prehispánica ubicada en el centro de esta villa, pero ahora lo hacen en un cerro.

Asimismo, advierte que no hay institución que se interese en rescatar lenguas como la otomí, por lo que en esta región quedan cada vez menos hablantes. “La juventud se avergüenza de que sus padres les hablen en otomí, pero no se deberían de avergonzar porque todos venimos de personas que hablan algún dialecto. No porque sepamos leer nos vamos a avergonzar de la lengua de los abuelos. Yo sí me siento orgulloso de mi origen”, concluye.

Las expectativas no son, pues, las mejores para los artistas y artesanos empíricos, quienes en eventos públicos reciben elogios “por el talento, la cultura y tradiciones que representan”, pero en privado les dan la espalda.

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