Hace años que no confecciona un traje

Poza Rica, Ver.- “Al cliente hay que recomendarle un buen casimir”, dice Juventino Trujillo de oficio sastre con 48 años de trayectoria mientras pedalea su máquina japonesa Zoje en un local dentro del Mercado Poza Rica.

Juventino viene de una familia de campesinos, sus papás trabajaban en la tierra de sol a sol así que él decidió aprender un oficio para superarse junto con sus 10 hermanos.

Inició cosiendo pantalones en la colonia Las Vegas y poco a poco se fue fogueando y aprendiendo de los sastres de Poza Rica en los años 70’s, le enseño el maestro Luna.

A pesar de que se especializa en confecciones para caballeros, Juventino asegura que hace años no cose un traje.

“Hoy en día que estamos en crisis lo único que entra son puros arreglos de sacos, de pantalones, incluso estoy arreglando maletas”, expresa con una tono de pena.

Aunque las modas vuelven, la demanda de los sastres es cada vez más escasa, lo que los mantiene vigentes son las confecciones de uno que otro pantalón.

Los casimires con los que se suelen hacer las prendas para caballero sólo se consiguen en dos lugares en la ciudad, uno dentro del Mercado Poza Rica y otro en un establecimiento ubicado en la calle Independencia.

Son locales mantenidos por la nostalgia de los caballeros maduros de la ciudad que se resisten a usar mezclilla. Clientes infalibles.

Juventino explica que cuando él aprendió el oficio eran varios jóvenes los interesados en adquirir los conocimientos de sastrería pero que en la actualidad es raro ver a alguien aprenderlo.

Lejos de que se manden a hacer un traje para una ocasión especial, los clientes prefieren comprarlos ya hechos y llevárselos sóla para que les haga algún ajuste.

Entre su máquina que tiene para Zig Zag, costura recta y ojal, dice Juventino con un aire de anhelo: “Nada se compara con un traje a la medida”.

 

GRISELDA CRUZ

 

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