“Ah Puch”

Ah Puch o Ah P’uuch, Hun Ahau (“Uno Señor”) y, con menor frecuencia, como Kisín, Yum Tsek o Yum Cimil (tal vez por ser nombres más recientes), en la mitología maya, una divinidad importante: es el señor del Mictlan, noveno estrato del inframundo, lo cual explica que se hayan encontrado en cuevas dibujos de esta deidad, asociada a la oscuridad y a los desastres, y que residía en un lugar donde llegaban los espíritus de casi todos los hombres que morían.

Mayormente lo podemos ver representado como un esqueleto o cadáver putrefacto en posición sedente con las piernas flexionadas, aunque hay otras imágenes donde figura de pie, de perfil, con su mandíbula descendida.

También se le dibuja con dos huesos a los lados, en un signo asociado a la muerte que recuerda a nuestro símbolo empleado para el tanto por ciento, o con cascabeles en manos y pies.

Para otros autores, Ah P’uuch se caracteriza por presentar la piel caída y la cabeza esqueletizada, a la vez que parece sostener un cráneo; asimismo, lleva un collar de cascabeles y, trenzadas en sus cabellos, unas cuencas oculares.

El animal con el que se le relaciona es el búho, representado, igualmente, de manera estilizada, aunque también podemos observarlo acompañado de un perro; ambos animales están asociados a su vez con premoniciones, malos augurios, enfermedades y muerte.

Muy probablemente el nexo entre la muerte y los animales descritos radique en el hecho de que el búho es un ave de costumbres nocturnas, que prefiere la oscuridad y que cruza entre distintos espacios desde el Xib’alb’a, llevando la energía negativa y nefasta del inframundo hasta los cielos, ennegreciéndolos con las nubes cargadas de lluvia, en tanto que el perro es considerado guía, protector y animal sensible ante la muerte; inclusive, en los ritos, interviene para atraer a los muertos a su renacimiento.

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