Abandonan la pesca ante el peligro de ser devorados por lagartos

PAPANTLA, VER.- Lo que por décadas representó una manera honesta de vida y la principal actividad económica después del cultivo de cítricos, la pesca, es ahora una opción poco rentable, peligrosa y que va desapareciendo en la localidad Puente de Piedra, y es que desde hace casi 10 años, el número de lagartos que habitan en el río, ha aumentado en casi 300 por ciento.

José Luis aprendió a pescar en el río porque su padre le enseñó, y a su padre le enseñó su abuelo, pescar para sobrevivir era una tradición familiar, tradición que no podrá ser transmitida a sus hijos de 8 y 11 años de edad, debido a que desde el año 2007, el paso de un huracán por esta región trajo consigo además de agua, al menos seis lagartos, mismos que se asentaron en la zona.

La facilidad con la que los animales obtienen comida, tanto dentro, como fuera del agua, provocó que los reptiles encontraran las condiciones idóneas para apoderarse del territorio, reproducirse y despojar, sin proponérselo, a más de 30 personas de su única forma de vida, quienes ahora deben buscar alternativas para mantener a sus familias.

Chomites, camarones, entre otras especies eran fáciles de obtener, la naturaleza les proporcionó en abundancia una fuente rica en especies acuáticas, las cuales aprovechaban capturándolas con redes y trampas, mientras que los más aventurados se sumergían en las aguas del río que corre a un costado de la comunidad.

Ahora, cualquiera de las tres técnicas que utilizaban se han vuelto sumamente peligrosas, la gran cantidad de lagartos ha provocado que se registren múltiples encuentros con los animales que llegan a medir más de dos metros de largo. “Han mordido a varios, no ha sido nada grave, pero el caso más fuerte fue el de un compañero que lo salvó su visor, el animal se le aventó abajo del agua hacia la cabeza”, narra.

El entrevistado confirma que por fortuna el animal sólo se apoderó del instrumento que permitía ver con mayor facilidad debajo del agua, pero estuvo a escasos centímetros de haber acabado con la vida de uno de los pescadores más experimentados de la comunidad, quien es respetado entre quienes hasta hace unos años vivían de lo que el río les daba.

Caminar por la orilla del afluente en la zona conocida como “La Curva”, es idóneo para encontrar un gran número de redes y lanchas, estas últimas hechas en su mayoría con madera y fibra de vidrio. Algunas llevan abandonadas muchos años, otras permanecen incluso encadenadas, muestra de que en ocasiones algún habitante se aventura a desafiar a los reptiles para buscar un ingreso para su familia.

Por Juan Olmedo

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