¿A quien le pertenece el penacho de Moctezuma?

Esta pieza que se encuentra en el Museo Etnológico de Viena, Austria, formada por plumas de aves y adornos de oro, ha creado una situación especial entre México y Austria. Los términos del préstamo harían que el penacho viniera a México y después regresara a Viena. Sobre el particular manifiesto lo siguiente: la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, vigente desde 1972, en el capítulo III que trata “De los monumentos arqueológicos, artísticos e históricos”, señala lo siguiente:

-“Artículo 27. Son propiedad de la Nación, inalienables e imprescriptibles, los monumentos arqueológicos muebles e inmuebles”

-“Artículo 28. Son monumentos arqueológicos los bienes muebles e inmuebles, producto de culturas anteriores al establecimiento de la hispánica en el territorio nacional, así como los restos humanos, de la flora y de la fauna, relacionados con estas culturas”

Con base en estos artículos no cabe duda que el penacho es de propiedad nacional. Por lo tanto, no importa si fue un regalo de Moctezuma a Cortés en 1519 o si se trata de una pieza robada, vendida o que saliera del país por cualquier otro medio. Lo importante es que al salir al extranjero no pierde su carácter de ser propiedad de la nación, como lo indica la ley vigente. Pero antes de desglosar toda la información de idas y contras respecto a la propiedad de esta pieza entremos en contexto y entendamos que es el penacho y a quien le pertenece.

1. Su aparición

El penacho apareció en el Altiplano Central en tiempos toltecas como parte del atavío de Quetzalcóatl, su dios patrono, simbolizando tanto señorío como guerra. Los mexicas adoptaron el quetzalapanecáyotl y su simbolismo. En el Códice Magliabechiano, el dios Quetzalcóatl lleva varios tocados elaborados con materiales preciosos, de los cuales el más grande y vistoso es el de la página 89. Se trata de un resplandor de plumas verdes largas, con una parte central más alta. El dios aparece representado como guerrero -con escudo, flechas y átlatl en forma de serpiente- y realizando una danza guerrera. Esta acción se señala mediante un círculo de huellas de pies, el cual indica el rodeo preliminar usualmente ejecutado por los guerreros antes de asestar el primer golpe. El penacho de plumas de Quetzalcóatl como el arriba descrito recibe en náhuatl el nombre de quetzalapanecáyotl, “la quetzalidad de los apanecas”, según Zelia Nuttall (1892). Representa un quetzal completo con las alas extendidas; el cuerpo es la parte de plumas más alta, al centro, con la cola hacia arriba y la cabeza, que tenía un pico de oro que desapareció, hacia abajo.

2. El quetzalapanecáyotl en tiempos toltecas

En tiempos toltecas, durante el gobierno de Huémac –último gobernante y encarnación de Quetzalcóatl-, ocurrieron los engaños de Titlacauan, una advocación del dios Tezcatlipoca, con los que asoló a los toltecas a fin de apoderarse de su imperio. Uno de sus últimos engaños fue el del toueyo, “extranjero”, que se apareció en el mercado de Tula como un nativo de la Huasteca que vendía chiles y deseaba casarse con la hija de Huémac (Códice Florentino, 1979, vol. 1, lib. III, f. 14r). Los súbditos nobles de Huémac no vieron con buenos ojos que la hija de éste se casara con un extranjero – pues todos aspiraban a ese honor, por los beneficios que tal enlace conllevaba- y conminaron a Huémac a que se deshiciera del yerno indeseable. En el primer enfrentamiento participó el toueyo, como era costumbre, pero al llegar al lugar de batalla los guerreros toltecas lo abandonan a su suene para que muriera. El toueyo se queda solo pero convoca a sus enanos y jorobados, y con su ayuda vence a los enemigos. Regresa victorioso a Tula, para asombro de Huémac, quien sin embargo lo recibe con danzas y música y le ciñe la cabeza con el quetzalapanecáyotl (Códice Florentino, 1979, vol. 1, lib. III, f. 15r). Esta acción simboliza que el toueyo recibe de Huémac la investidura que lo identifica como su sucesor y jefe del imperio tolteca. Poco después, Huémac es obligado a salir de Tula; se embarca en el oriente en una balsa y desaparece o, según otra versión, se prende fuego y se convierte en el planeta Venus, no sin antes vaticinar que volvería en un año ce ácatl o uno caña. En la Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme, de fray Diego Durán, se ve a Huémac al abandonar Tula, como personificación de Quetzalcóatl, sentado sobre unas andas o una balsa de serpientes portando el quetzalapanecáyotl y cubierto con una manta roja, mientras su máscara característica se ve abajo.

3. El quetzalapanecáyotl en sus tiempos mexicas

Después de la caída de Tula, los pueblos que dependían de este imperio se dispersan y buscan un lugar para asentarse; los mexicas, uno de esos grupos, después de un largo peregrinar llegan a la Cuenca de México. En el códice conocido como Tira de la Peregrinación, resguardado en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, el último de los teomama o cargadores del dios aparece acompañado de un glifo con forma de quetzalapanecáyotl y la glosa escrita encima dice “quetzalapanécatl”, que quizá indique, además de su nombre, que llevará el penacho hasta que encuentre el lugar del águila encima del nopal. El simbolismo del quetzalapanecáyotl relacionado con la guerra y el gobierno aparece en la narración sobre el toueyo. En tiempos mexicas continúa el mismo simbolismo. En la Piedra ele Tízoc, 1481-1486, elaborada durante su mandato, este gobernante aparece con el quetzalapanecáyotl, como guerrero vencedor. En el Códice Florentino se dice que el dios Sol portaba el quetzalapanecáyotl cuando cruzaba el cielo majestuosamente, acompañado por las cihuateteo que lo llevaban en andas, “todas aparejadas de guerra” y haciendo escaramuzas (Códice Florentino, 1979, vol. 2, lib. 6, f. 141r). En la Historia… de Durán, Coyotlináhual, “su disfraz de coyote”, también lleva el penacho de plumas de quetzal no por ser gobernante, sino porque es el patrón de los amantécah o trabajadores de las plumas, que son los que elaboran el penacho. En el Códice Borbónico (1980, pp. 26, 28, 36), el dios Quetzalcóatl aparece en las fiestas de tóxcatl, tlaxochimaco y títitl, armado y con el quetzalapanecáyotl. En varias ilustraciones de la Historia… de Durán es todavía más claro el simbolismo específico del quetzalapanecáyotl. Los señores lo portan cuando están en batalla, pero llevan una diadema triangular de turquesas o xiuhuitzolli, “apuntada de turquesa”, cuando ascienden al trono para gobernar e impartir justicia. En una lámina se ve a Axayácatl -en esta ocasión portando la diadema de turquesas-, identificado por su glifo, un rostro con el signo de agua, y una cartela con una glosa en español que dice “Axayacatzin”. El señor está sentado en su tepotzoicpalli, “asiento señorial de respaldo”, dirigiéndose a sus súbditos. En otra lámina el mismo Axayácatl, ahora sólo identificado por su glifo, porta el quetzalapanecáyotl mientras combate y vence a los tlatelolcas.

4. La UNESCO apoya la devolución a México

Actualmente el INAH y la Secretaría de Relaciones Exteriores han promovido una serie de acciones tendientes a que Austria “preste” a México en forma temporal el “penacho de Moctezuma” para regresárselo posteriormente. Se ha presentado a la Cámara de Senadores un documento en el que, según notas en
la prensa, no se contempla la propiedad del bien, sino únicamente
la ida y vuelta del mismo, entre
otras cosas. Lo anterior, de ser aceptado por el Parlamento austriaco y llevarse a cabo la acción de “préstamo”, crearía un precedente negativo, ya que los países que han estado solicitando el regreso de sus bienes arqueológicos extraídos de su territorio se verían expuestos a que los museos europeos y norteamericanos, principales poseedores de esos bienes, ya por la acción colonialista, especialmente durante el siglo XIX, ya por saqueos ilícitos en tiempos más recientes, vean la salida fácil de “prestar” a esos países temporalmente sus bienes con la condición de que sean regresados. México sería el país que abrió esa puerta que en última instancia reconoce implícitamente la propiedad de esos museos sobre los bienes en cuestión. Cabe agregar que la UNESCO ha apoyado la posición de los países que pugnan por que sus bienes arqueológicos sean restituidos a los mismos.

En México tenemos precedentes de bienes arqueológicos que han sido regresados al país. Recordemos que uno de los primeros casos ocurrió, paradójicamente, cuando Maximiliano de Habsburgo llega a México y regresa una pieza prehispánica (un chimalli o escudo) como acto de buena fe. Según me informa el Dr. Aurelio de los Reyes, en el House, Hof und Staatsarchive de Viena, bajo el apartado de “Max von Mexiko”, existe una carta fechada alrededor de 1865 en la que el archiduque Francisco José autoriza la devolución de varios objetos, y entre ellos se encuentra una carta de Cortés y el penacho en cuestión, lo que nunca ocurre en el caso de este último. Ya en el siglo XX tenemos varios actos del mismo tipo: en 1982 un individuo roba de la Biblioteca Nacional de Francia el códice Tonalámatl de Aubin, motivo por el cual surge una tensa situación entre ambos países y México sostiene que el documento es parte del patrimonio mexicano. De otro carácter es la entrega que hace el papa Juan Pablo II del Códice de la Cruz-Badiano, que si bien se trata de un documento de herbolaria colonial depositado en la Biblioteca Apostólica Vaticana, vuelve a su lugar de origen por un acto de buena fe. En los años noventa y más recientemente, se han presentado diversos casos de los que sería interesante conocer el contenido de los acuerdos que hicieron posible el retorno de esos materiales al país.

Finalmente, cabe agregar que los monumentos arqueológicos son parte fundamental de nuestra historia. Por medio de ellos conocemos lo que fueron las sociedades que nos antecedieron en el proceso de desarrollo de lo que hoy es México, de ahí que se les considere como propiedad de la Nación, carácter que no pierden por ser “inalienables e imprescriptibles”, como bien lo señala la ley.

TÚÚL

 

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