2017, año crítico para gremio de carpinteros | La Opinión de Poza Rica

2017, año crítico para gremio de carpinteros

Tihuatlan, Ver.- El año que concluye ha sido crítico para los carpinteros y el 2018 tampoco se vislumbra alentador, advierte Víctor Hernández Enríquez, secretario general de la Unión de Pequeños Propietarios de Talleres de Carpintería y Conexos.

El representante de los llamados “artesanos que convierten la madera en arte”, lamenta que ninguna instancia haya dado respuesta a las peticiones de apoyo que les permita reactivar el oficio más tradicional de este lugar.

OFICIO ANTIGUO Y HERRAMIENTAS VIEJAS
Precisa que lo que le urge al gremio es un financiamiento a fondo perdido que les permita, de entrada, adquirir herramientas, pues en muchos casos la que utilizan tiene antigüedad de hasta 50 años.

“Algunos han podido modernizarse, pero la mayoría trabaja con herramienta que está muy usada, que se va pasando de generación en generación, y no hay recursos para adquirir. Hemos metido proyectos y solicitudes, pero somos un sector olvidado”, lamenta.

El dirigente de un grupo de 25 carpinteros agrega que para optimizar esta actividad requieren de manera individual un promedio de cien mil pesos para renovar cada taller y para adquirir materia prima y herramientas.

Añade que, aunque el número de carpinterías se mantiene en alrededor de cien en esta villa, cada vez son menos los trabajadores de este rubro, pues muchos han optado por emplearse en algo diferente y los jóvenes se resisten a aprender este oficio. “Tan solo en nuestra agrupación hace unos años éramos 50 miembros, pero ahora somos la mitad”, compara.

Asimismo, advierte que los talleres dan ocupación cada vez a menor cantidad de personas, pues en los tiempos de bonanza había de cinco hasta 15 trabajadores en cada carpintería, pero ahora el promedio es de dos o tres, y en la mayoría de los casos uno de los trabajadores es el mismo propietario.

“Los que antes trabajaban haciendo muebles se han ido fuera, porque desde hace unos cinco años ya no hay negocio, solamente como propietarios para irla pasando, pero nada más”.

Hernández Enríquez asevera que la mayor parte del año los dueños de las carpinterías sobreviven con la venta de escasa cantidad de muebles, por lo que siempre fincan sus esperanzas en la temporada de fin de año, cuando se logra un repunte.

“En esta temporada logramos vender lo de cinco mil pesos por semana en promedio, pero hasta ahorita las ventas no suben, si acaso dos o tres muebles por semana, lo que no pasa de unos dos o tres mil pesos, pero ahí ya va incluida nuestra mano de obra y los gastos. Esperemos que de aquí al fin de año se mejore la situación”, anota.

Asimismo, advierte que el prestigio de la calidad de los muebles de este lugar, conseguido a lo largo de décadas, se ve afectado debido a que varias mueblerías introducen productos baratos que traen de otros estados, pero son de baja calidad y se deterioran rápidamente. “Eso afecta nuestra imagen, porque los clientes piensan que son muebles elaborados aquí y no es así”, explica.

EL ÚLTIMO ESLAVÓN
Pero no todo es gris, refuta a su vez Alberto Hernández Casanova, de oficio tapicero, quien señala que todos deben actualizarse para seguir ofreciendo productos de buena calidad y así conservar no solamente el prestigio, sino la clientela.

Hernández Casanova, orgulloso de haber aprendido el mismo oficio que su padre, el señor Arturo, anota que el trabajo de tapicería es el último eslabón de la cadena productiva en la fabricación de muebles.

Menciona que, en su caso, aunque ya conocía el oficio se fue a Pachuca y a Ciudad de México para aprender nuevas técnicas e innovar, precisamente para mejorar la calidad y dejar satisfechos a los clientes, que en muchos casos son las alrededor de veinte grandes mueblerías locales o personas que llegan desde Tamaulipas, Puebla e Hidalgo, entre otros lugares.

Menciona que en esta villa funcionan alrededor de diez tapicerías grandes, las cuales le trabajan a los carpinteros en el acabado de sus productos o a las citadas mueblerías, por lo que siempre tienen trabajo, que se incrementa desde octubre hasta finales de enero y principios de febrero.

Alberto Hernández señala que si transformar la madera es un arte, la tapicería es la pincelada final porque “le quitamos lo feo al mueble”, dice en tono de broma, tras añadir que los acabados y recubrimientos elevan el costo del producto final, toda vez que los materiales que utilizan son relativamente caros. “Por ejemplo, para una sala, por la que se cobra 9 mil pesos para tapizarla, se lleva más 5 mil pesos de material”, detalla.

FAMILIA DE CARPINTEROS
A sus 85 años de edad, don Abdón Villanueva Valdez es literalmente un viejo carpintero, pero con una habilidad y pulso tan envidiables que le permiten dar certeros golpes de martillo a los clavos.

Don Abdón coincide en apuntar que cada año es más difícil para su gremio, pues la demanda de productos se escasea por largos periodos.

“Para nosotros la temporada regular apenas principió. No teníamos nada de trabajo desde junio. Es hasta fines de septiembre cuando empiezan algunos pedidos para el fin de año y eso es lo que nos aliviana”, menciona.

El anciano, de manos fuertes, señala que, a pesar de los malos tiempos, siempre se levanta con ganas de trabajar y se ha dedicado a esta actividad durante los últimos 45 años de su vida, pero en su taller no está solo, ya que su esposa, doña Ramona Zúñiga del Ángel, a sus 80 años también se desempeña como carpintera.

La mujer, con la que lleva casado 64 años, también sabe pintar, tejer muebles y lijar, y ella señala con orgullo que sus cuatro hijas también son carpinteras, tapiceras y tejedoras de la paja y mimbre. “Mi hija mayor es directora de costura, la otra es tapicera, otra es enfermera pero conoce mucho de tapicería y la otra es licenciada en Pedagogía, pero todas son carpinteras”, enfatiza la anciana mientras trabaja en los detalles de una cruz de madera.

HASTA QUE DIOS QUIERA
“Aquí hay por los menos unos cien talleres. Somos un pueblo de carpinteros, nos gusta este trabajo y aquí le vamos a seguir hasta que Dios quiera. Es lo que sabemos hacer y de esto vivimos, aquí estamos a la orden para lo que el cliente pida”, se despide sonriente don Abdon, tras mostrar con mucho agrado su taller.

 

 

Por Hipólito Moreno Tapia

Comments

comments